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INTERNACIONAL / Análisis
martes 12 noviembre, 2019

Elecciones en España: la fantasía del político que se creyó su propia fantasía

Pedro Sánchez descartó un Ejecutivo de coalición y llamó a nuevas elecciones, porque creía que los españoles lo apoyarían masivamente.

Sergio Manaut, desde Madrid

Pedro Sánchez. Foto: Bloomberg

Esto es lo que pasa cuando sobran los gurus y la metroscopia suplanta la ideología, y ésta define las líneas de un proyecto político. Pedro Sánchez, producto típico de la burocracia partidista, en campaña es de izquierdas, en el gobierno se inclina por el centro derecha, pero es, ante todo, un político que se imagina subido a un monumento ecuestre en la que sólo los testículos del caballo compiten con su erguida postura.

El socialista, convencido, al menos hasta ayer, que es el más listo de los políticos españoles, y con la firme convicción que no hay que incomodar a las empresas del Ibex 35, buscó en las anteriores elecciones abortar un gobierno de coalición con la formación de izquierda Unidas Podemos (UP), socio obligado por compartir espectro político y por presión de sus bases; con el acompañamiento del Partido Nacionalista Vasco (PNV) y la abstención del partido independentista catalán Esquerra Republicana de Catalunya (ERC).

Proclive a escuchar aquellos que le auguran un futuro brillante en la Moncloa, se negó desde el principio a compartir tanta gloria con el convencimiento que sólo a él le pertenecía. Otro factor que jugó muy fuertemente en su decisión de convocar nuevas elecciones que lo conducirían a un gobierno en solitario, se explica en las encuestas, sobre todo en las del CIS (el Indec español) que le otorgaban despacho individual en la Moncloa.

Con los números sobre su escritorio, y el beneplácito de los grandes empresarios, quienes entran en pánico con sólo imaginar a Pablo Iglesias, líder de UP, con despacho en el Ejecutivo, se frotó las manos, puso su mejor cara canchera – de su extenso catálogo – y llamó a nuevas elecciones para el 10 N. Paso seguido, dio rienda suelta – con permiso del caballo – a una serie de acciones políticas (exhumación de Franco y endurecimiento de su discurso en relación a Cataluña) con la idea de atraer el voto de la derecha, que a la postre resultaron nefastas. Veamos qué pasó.

El domingo, cuando se conocieron los resultados de las elecciones, el escenario de abril no sólo quedó hecho trizas, sino que se convirtió en un rompecabezas que exige valentía y pericia política para articular cada una de sus piezas que, para colmo, algunas incluso se repelen entre sí. La repetición electoral estaba pensada para desbloquear la política española, pero solo sirvió para atascarla aún más, con el agravante que convirtió a Vox, la fuerza de extrema derecha, en el tercer partido de España, pasando de 24 a 52 escaños.

Así las cosas, las urnas dejaron un panorama muy complicado para el presidente socialista en funciones. El PSOE pierde tres escaños, y para mayores males, su socio preferente (pero no deseado), Unidas Podemos, pasó de 42 a 35, una caída que no se compensa con los tres de Más País, partido fundado por el ex Podemos, Iñigo Errejón.

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Por otra parte, el hundimiento de Ciudadanos (pasa de 57 a 10 bancadas), formación que nació en Cataluña como plataforma para defender el uso del español, y que tras la aparición de Podemos se convirtió en partido nacional con el fin de posibilitar gobiernos del PSOE o del PP, dejó huérfano el centro político (en rigor, la formación estaba ya instalada en el espacio de la derecha). La mala fortuna del partido liderado por Albert Rivera, hoy renunciado, coincide con la buena elección del PP y la extraordinaria de Vox consolidando en el Congreso las posiciones de una derecha dura, que detesta casi por igual a Sánchez e Iglesias.

La buena noticia para el bloque de izquierda es que la derecha tampoco cuenta con una mayoría alternativa como sucede en Andalucía o Madrid. Esta situación permite que el centroizquierda siga sumando más escaños que la derecha junto con la extrema derecha. La hemeroteca dice que el bloque de centroizquierda sacaba 17 escaños a sus rivales en abril.

Ahora se quedan en 160-150 a favor del centroizquierda, con lo que perdió siete escaños de ventaja, pero conservó el liderato. Ahora, si de contar votos se trata, el fracaso de la estrategia seguida por Sánchez se vuelve más patente aún: los socialistas perdieron 728.000 votos, mientras UP se dejó en las urnas 636.000. Así, entres ambos partidos pierden casi un millón y medio, sin contar los 554.000 de Más País. El panorama es bien distinto en la otra mitad de hemiciclo: el PP ganó 662.000 boletas y Vox sedujo a 962.000 votantes. A Ciudadanos, en cambio, se le esfumaron 2,5 millones de papeletas.

Los independentistas completan el tablero

Al disparate histórico de Sánchez de convertir a Vox en la tercera fuerza política de España, puede que se le agregue el probable suicidio político en caso de verse obligado a pactar con los independentistas catalanes, rechazados por todo el espectro político, con la excepción de Unidas Podemos. Sabedores que poseen la llave de la mayoría para una investidura, ya avisaron que el apoyo no será gratis. Exigen diálogo para buscar una solución política al conflicto catalán.

En este sentido, la vocera de ERC, Marta Vilalta, hizo público el temario que incluye la autodeterminación, fin de la represión, amnistía y respeto a las instituciones catalanas y a la voluntad de la ciudadanía en las urnas. Listado cargado de veneno muy difícil de aceptar para un inquilino de la Moncloa.
Por su parte, JxCat, formación que gobierna en Cataluña, destacó, a través de Laura Borràs, candidata de JxCat en las generales que "si alguien decide hacer política y ponerse a resolver políticamente el conflicto catalán, no descartamos estar allí y darle todo el apoyo".

Lo cierto es que Sánchez puede llegar a necesitar los votos de algunos de los partidos independentistas o su abstención, en caso de abrirse una negociación con los populares o Ciudadanos. El País explica que para que el PSOE no dependa de ningún grupo secesionista solo hay una fórmula sin la abstención del PP: que Sánchez logre obtener a la vez el voto positivo del PNV y de Ciudadanos, además, claro está, de Unidas Podemos.

Así  y todo, las cosas se pueden poner peor para el futuro de Sánchez. El secretario general popular, Teodoro García Egea en la primera valoración de la noche de las elecciones generales del 10-N, no se cortó cuando dijo que Pedro Sánchez "debe pensar en marcharse" para facilitar la gobernabilidad. Hay más. Para El Español queda claro por lo dicho en campaña por Casado, que éste a lo que se compromete es a no ponerle una alfombra roja al candidato del PSOE, pero nada dice del partido en sí. Sánchez no sólo continúa en su laberinto, sino que ahora debe encontrar la salida atado de pies y manos. Ya no hay espacio para una tercera elección, y quizás tampoco para él.
 


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