8th de March de 2021
INTERNACIONAL privilegios y mentiras
20-02-2021 00:16

Estallido de indignación en Perú por el ‘vacunagate’

Mientras el país lucha contra una pandemia que provoca un promedio de mil muertos por día, la noticia de que 487 personas, entre ellas el ex presidente Vizcarra, fueron vacunadas en secreto causó un terremoto político.

Carolina Salvatore
20-02-2021 00:16

Desde Lima

Ni al mejor guionista de una serie de Netflix se le hubiese ocurrido una historia tan perversa como corrupta, en la que un ex presidente, su familia y funcionarios, el chofer de una ministra, los hijos del poder, el dueño de un restaurante chino y otras 487 personas que completan la lista, se vacunaran con un “lote de cortesía” de la vacuna Sinopharm que estaba desarrollando sus estudios de prueba en el Perú. El “Vacunagate” recién comienza y sus capítulos resultan tan atrapantes como increíblemente indignantes, ya que cada día se escribe una historia nueva, se revela un dato estremecedor y la indignación social va en aumento.

Impunidad y mentiras. El problema no fue únicamente la repartija de vacunas y la impunidad con la que esas dosis, que podrían haber sido utilizadas para personal de primera línea en el combate al virus, fueron aplicadas a personas de contactos y vínculos con el poder. El tema más complejo aquí es la mentira psicopática de un ex presidente que, viendo desnudada la mentira, intentó justificar su vacunación diciendo que había sido parte de la instancia experimental y hasta mostró un supuesto documento que lo avalaba. Información que fue negada por la Universidad Cayetano Heredia, la que llevó adelante los estudios de prueba. 

Las primeras vacunas llegaron en septiembre de 2020, en un lote de 12 mil dosis que fueron aplicadas en un programa que desarrollaba la Cayetano Heredia junto a la Universidad Mayor de San Marcos, dos entidades de mucho prestigio que hoy se ven sacudidas en su credibilidad por las irregularidades en tono a este escándalo. Los responsables del ensayo ya presentaron su renuncia, no sin antes revelar, a través del Jefe de investigaciones que tenía bajo su responsabilidad esta fase experimental, Germán Málaga, que fue el propio Martín Vizcarra, entonces presidente de Perú (después sacado por el Congreso) quien le pidió expresamente que se le aplicara una dosis con componente activo, no placebo, a él y a su mujer. 

Ahora, cada capítulo del “Vacunagate” se vuelve más intenso e increíble a medida que avanzan los días. Horas después de conocerse la noticia de la vacunación, y que se revelara la lista de las 487 personas beneficiadas, se hizo evidente la aparición repetitiva de nombres, personas que en vez de dos veces aparecían recibiendo tres dosis. La pregunta cayó de madura: ¿se estaba ocultando algo o a alguien que no figuraba allí? La respuesta del responsable de la Universidad Cayetano Heredia dejó a todos atónitos: a algunos se les había aplicado tres dosis para un “ensayo posterior”, violando protocolos internacionales y sin ningún tipo de autorización de Sinopharm ni de nadie. “Hemos sido autoconejillos de Indias” se animó a decir uno de los responsables, algo que pondría incluso en peligro la llegada de los próximos lotes de la vacuna china y los experimentos e intención de fabricación de otras en el país.

La ministra. Mientras Perú atraviesa horas críticas frente a la pandemia, con vacunas que llegan a cuentagotas y un promedio de mil muertos por día, este escándalo ético y moral y, según algunos especialistas, delictivo, podría llevar a algo aún más grande que lo que se está apenas conociendo. Ante el destape de la vacunación del entonces presidente, la ministra de Salud de su gestión, que hasta hoy se mantenía en funciones para darle continuidad al trabajo que se venía realizando, le dio al pueblo peruano (ya dolido y en agonía) una puñalada letal, dolorosa, aguda: ella también se había vacunado junto a su chofer. 

“Teóricamente me estaría tocando recién la próxima semana, pero como corresponde, como dicen, el capitán es el último que abandona el barco. Una vez que todas las personas que trabajan en el sistema estén vacunadas, recién será nuestro momento, como debe ser”, había dicho la ministra Pilar Mazzetti durante una conferencia de prensa en Palacio de Gobierno apenas unos días antes de que se revelara el “Vacunagate”. Era su oportunidad de contar la verdad, de decir que ella junto a su chofer fueron vacunados, pero prefirió callar. Prefirió mentir.

Y su declaración se agrava aún más si se considera que fue una de las grandes impulsoras de esta segunda cuarentena que está hundiendo al país en una gigantesca crisis económica, generando mayor pobreza, alumnos desesperanzados que no van a clases desde hace un año, empresarios que ya van anunciando sus posibles quiebras, entre ellos aquellos de los restaurantes que han sido considerados entre los mejores del mundo. Con ellos toda la cadena laboral, proveedores y un sinnúmero de personas que pierden su empleo por el pésimo manejo de la crisis. 

Cuarentena sin oxígeno. Esta segunda cuarentena solo dejó más expuesta la mezquindad e inacción de quienes estaban más preocupados por obtener vacunas de “cortesía” en vez de crear plantas de oxígeno que puedan ayudar a respirar a las miles de víctimas de una pandemia que está arrasando con todo en esta nueva ola. Las colas desde distintos puntos del país para conseguir cargar oxigeno son interminables, dado que un tubo solo puede ser utilizado seis horas, algo insuficiente para los pacientes más críticos que necesitan estar conectados todo el día. Los hospitales tampoco tienen más oxígeno. La situación es dramática.

Las imágenes son profundamente dolorosas e injustas para un Perú informal que necesita el oxígeno tanto como trabajar para poder comer en el día. Y cuyos habitantes ya no tienen ni ahorros, ni fondos jubilatorios para retirar de manera adelantada ni nada.  

Esta nueva cuarentena ha dado marcha atrás con todo lo que se había avanzado en la recuperación del país, volviendo a cero en una medida adoptada por un gobierno dirigido por Francisco Sagasti que asumió tras la vacancia de Martín Vizcarra y que da muestras de no saber muy bien dónde está parado. La especulación, el incremento exorbitante de los precios para conseguir el oxígeno y los implementos vitales para ganarle la guerra al Covid están a la orden día y el gobierno no sabe ni hace nada para detener esta situación. Brilla por su ausencia. 

La economía, como reflejo de esta pandemia, se asfixia sin oxígeno y sin empleo. Una espiral sin salida. No se sabe cómo ni por dónde empezar la reconstrucción, entonces la única idea que tienen es el encierro. Mientras tanto el virus avanza, muta y las vacunas no llegan. Nos asfixiamos y no hay oxígeno para recuperar el aliento.

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