INTERNACIONAL
INTEGRACION

Nuevo choque Brasil-Argentina en la interminable crisis del Mercosur

La enésima rispidez entre los principales socios del grupo encuentra a Brasilia mucho más receptiva a las presiones de su lobby industrial, que exige el fin de la Unión Aduanera.

Gestos. La expresión de los ministros Monteiro Neto y Viera, el viernes en Buenos Aires, lo dice todo. No hubo acuerdo sobre el comercio de automóviles, en el que metió la cola Beijing.
| Cedoc

Desde San Pablo

El viernes por la mañana, los ministros brasileños de Desarrollo, Armando Monteiro Neto, y de Relaciones Exteriores, Mauro Viera, aterrizaron en Buenos Aires seguros de la conclusión de la prórroga del acuerdo automotriz. “Falta sólo definir el plazo”, decían en Brasilia. Por la tarde, regresaron a Brasilia frustrados. Sus pares argentinos, Axel Kicillof y Héctor Timerman, mantienen su pedido de que se reduzca el contenido regional de los vehículos exportados por los países.
Las peleas entre Brasil y Argentina sobre el comercio automotriz –una inmensa excepción a las reglas del Mercosur– cumplen dos décadas en 2015. El aniversario encuentra a Brasil inmerso en una serie reflexión sobre la necesidad de romper los compromisos del Mercosur como unión arancelaria para convertirlo exclusivamente en una zona de libre comercio. En este oportunidad, para los diplomáticos brasileños, Argentina impone un obstáculo para favorecer a los productores de autopartes de China, el país que, al contrario de Brasil, le dio el apoyo financiero esperado este año.

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Sin dinamismo en su consumo interno, el crecimiento de la economía de Brasil depende desesperadamente de nuevos mercados para sus bienes industriales. Los bienes agrícolas y minerales siguen condenados a la demanda más tibia y a los precios más bajos. Este escenario no es diferente para la Argentina, cuyos superávits comerciales empiezan a bajar. Pero los principales socios del Mercosur parecen buscar cada uno su propio camino. Argentina priorizó a China, desde la visión de Brasilia. Brasil fuerza la mano en la implosión del Mercosur, desde el punto de vista de Buenos Aires.
 
Presiones. El gobierno de Dilma Rousseff empieza a moverse en la dirección apuntada por el sector industrial, el principal demandante de un Mercosur desatado de sus compromisos como unión arancelaria. Sin embargo, falta todavía “un norte”, una estrategia clara de inserción internacional, explica Sandra Rios, directora del brasileño Centro de Estudios de Integración y Desarollo (Cindes). Para Rios, ni su reciente acuerdo con México, ni la promesa de China de aportar 53 mil millones de dólares en proyectos de infraestructura, energía y minería en el país, ni tampoco el próximo paquete de estímulo a las exportaciones, significan que Brasil ponga en riesgo al Mercosur. El gobierno de Dilma, de acuerdo con el embajador José Augusto Castro Neves, presidente del Centro Brasileño de Relaciones Internacionales (Cebri), sigue sin tener el “coraje” de flexibilizar el Mercosur y darle un shock de libre comercio. Las declaraciones de Dilma a favor de la reforma del Mercosur van en el nivel retórico, aun cuando Brasil ocupa este semestre la presidencia del bloque.
“Es típico de la paranoia argentina ver ochenta donde sólo hay un ocho”, declaró Castro Neves a PERFIL, en alusión a las reacciones en Buenos Aires a los recientes movimientos de Brasilia. “No veo algo más retórico que el listado brasileño de mercados prioritarios para las negociaciones de acuerdos comerciales”, agregó Rios, al comentar el listado que incluye a Japón, a Corea del Sur y a los países escandinavos, además del viejo acuerdo con la Unión Europea.

Según José Augusto de Castro, presidente de la Asociación de Comercio Exterior de Brasil (AEB), el acuerdo de preferencias arancelarias con México, firmado la semana pasada, no podría ser menos ambicioso –y hasta favorable a los intereses de Argentina. Los textos han impedido el libre comercio de autos entre los dos países a partir de este mes. Sólo se hablará nuevamente sobre este tema en 2019.
Es verdad que el nuevo total de bienes con aranceles reducidos –de 1.500 para seis mil de los dos lados– deberá incrementar el comercio bilateral Brasil-México y que el acuerdo de facilitación de inversiones puede fomentar las relaciones económicas de lado a lado. Pero este conjunto de bienes no es menor de lo que Argentina ya tiene acordado con México. Su anuncio, de todos modos, ha sido pirotécnico y ha generado preocupación en Buenos Aires.
La ausencia de señales más sustanciosas de Brasil en su agenda comercial tiene como ejemplo el Plan Nacional de Exportaciones, cuyo anuncio fue prorrogado de marzo para este mes. “No salió porque no hay medidas”, dijo Castro. Metido en su ajuste fiscal, el gobierno de Rousseff se resiste a poner más dinero en los principales mecanismos de financiamiento de exportaciones industriales y en bajar los aranceles de importación de insumos para la producción, cuyos costos se han elevado por la devaluación del real. Al contrario, el gobierno ha elevado los tributos sobre las importaciones.

“El gobierno está despertando demasiado tarde y, asimismo, sigue perdiendo tiempo”, resumió Castro.

 

Personas, no sólo estadísticas

La crisis del Mercosur no es reciente. Desde fines de la década pasada, los temas comerciales han perdido espacio. El bloque se ha fragilizado por las sucesivas faltas de cumplimiento del Arancel Externo Común, por su ampliación brusca y por la ausencia de una agenda ambiciosa de negociaciones con otros mercados. No ha avanzado tampoco en sus otras agendas.
“Lo que perdemos de vista es algo esencial: que el proceso de integración debe ser de las personas, no de las estadísticas”, evaluó el veterano embajador Clemente Baena Soares, ex secretario-general de la OEA a PERFIL. “No hemos facilitado los vínculos y conexiones entre las personas, como autopistas, puentes, o la integración académica. Uno no integra números ni estadísticas, integra personas”.
Ahora, como una vez más subrayaron los ministros argentinos y brasileños el viernes en Buenos Aires, el Mercosur quiere presentarse unido a la discusión de su acuerdo con la UE. “Hay consenso de que el camino es de las negociaciones conjuntas, con una única oferta, en beneficio del desarrollo de nuestros países”, declaró Timerman, en una señal de que  Argentina no va a aceptar la flexibilización del Mercosur en ningún caso. En Brasil, juristas argumentan que la Decisión 32 del Consejo del Mercado Común, la que exige la negociación conjunta, no ha sido todavía internalizada por los cuatro socios originales del Mercosur. La pelea va a ser dura.