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INTERNACIONAL / Brasil
domingo 11 noviembre, 2018

Transición entre idas y vueltas

Tanta improvisación en materia de relaciones internacionales, por parte de Jair Bolsonaro, contrasta con la existencia de un servicio diplomático de los más reconocidos en el mundo, como es Itamaraty.

Ignacio Lautaro Pirotta

Bolsonaro Foto: AFP

El lunes siguiente a la elección de Jair Bolsonaro el futuro ministro de economía, Paulo Guedes, expresó que el Mercosur no sería una prioridad del gobierno brasileño. Al día siguiente, el propio Guedes pidió disculpas y se retractó, aduciendo que las prioridades serán los problemas internos de Brasil tales como el gasto público. La comunicación errática respecto al rumbo a seguir por el próximo gobierno fue una constante durante la campaña. El problema es que aún lo es, y si bien en algunas áreas podría no significar un gran inconveniente, en otras áreas sí, como por ejemplo sucede con todas aquellas declaraciones que atañen al sistema democrático y el respeto de los derechos políticos; las que atañen a la economía; y tal vez la más sensible de todas: las que se refieren a relaciones exteriores.

Respecto a las primeras, las declaraciones de corte autoritario, desde la última semana de campaña los discursos de otras fuerzas políticas y de diversas instituciones, desde la prensa hasta el Supremo Tribunal Federal, han sido incisivos respecto a la necesidad de respetar la democracia. Esto se condensó en la escena del martes, en la que se vio a Jair Bolsonaro participando de una sesión  especial en el Congreso Nacional conmemorativa de los 30 años de la Constitución Nacional y en la que participaron además de diputados y senadores, el actual presidente Michel Temer y los ministros del Supremo Tribunal Federal (STF).

Por supuesto, se pronunciaron discursos a favor de la Constitución y la democracia, pero el dato es que habida cuenta de los antecedentes el destinatario implícito de esos mensajes era el excapitán. Entonces, el presidente electo prometió una vez más respetar las instituciones: "en democracia hay un solo norte: el de nuestra Constitución". El primer interrogante que ya desde la campaña planteaba un hipotético gobierno de Bolsonaro era ¿qué tan democrático será? O dicho al revés ¿qué tan autoritario podría llegar a ser? La pregunta continúa vigente, pero esta última semana y media, en ausencia de declaraciones polémicas, parece haberse atenuado. El futuro presidente tal vez comience a entender que no hay margen para declaraciones de corte autoritario. Uno de los principales responsables de ello es el Supremo Tribunal Federal. Sobre todo a partir de que se diera a conocer un video en el que Eduardo Bolsonaro, hijo y asesor de Jair, se refería a que para frenar al STF bastaba un soldado y un jeep.

Bolsonaro prometió una vez más respetar las instituciones: "En democracia hay un solo norte: el de nuestra Constitución".

El Supremo ejerce un contrapeso institucional no solo mediante sus fallos y el control de constitucionalidad sino también mediante la participación en el debate público, desde un lugar de prestigio pero cercano al común de la gente a partir de la presencia en los medios de comunicación. Es muy probable que el STF tenga un alto protagonismo durante próximo gobierno. Sin embargo, el miércoles el Senado aprobó un aumento del 16% para los ministros del Supremo (la inflación anual acumula un 3,8%) el cual fue cuestionado tanto por Bolsonaro como por el PT y en dos días un petitorio en su contra juntó más de dos millones de firmas. El Supremo no es equiparable a la crisis de legitimidad que padecen los partidos políticos, pero sin dudas el episodio es beneficioso para el discurso antisistema que encarna Bolsonaro.

En relación a las contradicciones en materia económica, de las cuales la indefinición respecto a cómo será la reforma previsional es la principal inquietud, sucede que estas afectan a los inversores externos, retrayendo la inversión, mientras los locales son optimistas, no tanto por el triunfo de Bolsonaro sino por la derrota del Partido de los Trabajadores. Sin dudas, en lo inmediato, el nuevo gobierno obtendrá mejoras en los indicadores económicos a partir de ese optimismo local, el interrogante es qué sucederá un poco más adelante no solo porque las contradicciones entre Paulo Guedes, ministro de economía, y Jair Bolsonaro son recurrentes sino porque en el plano internacional algunas declaraciones anuncian un rumbo al menos complejo.  

 

Es sin dudas en materia de relaciones internacionales donde las declaraciones deben ser más cuidadosas. Es que más allá de cuáles sean las políticas a adoptar, en la diplomacia la importancia de las formas y los momentos en que estas políticas son transmitidas no puede ser desestimada. Está claro que habrá un alineamiento con Estados Unidos, y será en ese sentido la decisión ya anticipada por Bolsonaro de trasladar la embajada de Brasil en Israel de Tel Aviv a Jerusalén (como lo hizo Donald Trump en mayo de este año). Bolsonaro se había referido al traslado de la embajada ya siendo candidato, pero lo ratificó siendo electo y la primer consecuencia ha sido la cancelación de una visita oficial a Brasil por parte del gobierno de Egipto programada para esta semana.

Otra consecuencia temida puede ser en lo comercial, el mundo árabe es un importante mercado sobre todo de alimentos para Brasil y los exportadores brasileños ya manifiestan su preocupación. Diferentes son los casos del Acuerdo de París sobre el cambio climático, del cual el Bolsonaro siendo candidato había manifestado que en su gobierno Brasil saldría para recuperar así “soberanía sobre la Amazonia”. Al resultar electo, el presidente de Francia Emmanuel Macron le envió sus saludos y le recordó la existencia del Acuerdo. Algo similar hizo el gobierno chino, que al felicitarlo mediante nota oficial dijo estar a la espera de las privatizaciones con participación de capital extranjero. Bolsonaro había dicho que intentaría limitar el ingreso de capitales chinos (actualente principales invensores y uno de los principales socios comerciales). Cabe recordar que Estados Unidos se encuentra inmerso desde este año en una guerra comercial con China. Pero Brasil no es Estados Unidos y no tiene su poderío económico y consecuente margen de maniobra. Tanta improvisación en materia de relaciones internacionales contrasta con la existencia de un servicio diplomático de los más reconocidos en el mundo, como es Itamaraty.

En este contexto el actual presidente, Michel Temer, firmó el decretó que designó a quien será el futuro Jefe de la Casa Civil (equiparable al Jefe de Gabinete en Argentina), Onyx Lorenzoni, ministro extraordinario para la transición de gobierno y cabeza del equipo de transición. Este equipo  estará compuesto de 50 funcionarios, entre los que podría encontrarse Sérgio Moro, pero que por el momento solo tiene confirmado a 27 integrantes que ya trabajan en torno a 10 ejes temáticos muy amplios y que abarcan practicamente todas las carteras ministeriales a excepción de la cancillería. Es de esperar que a medida que dichos equipos de trabajo progresen en su labor se vayan unificando las declaraciones respecto a las futuras políticas y se despejen incertidumbres.

Mientras Bolsonaro reitera públicamente la necesidad de sacar al menos algo de la reforma previsional este año, las principales bancadas no oficialistas se muestran reticentes.

Sin embargo ante tantas desinteligencias y contradicciones, en simultáneo con el trabajo del equipo de transición compuesto por 50 funcionarios, estos casi dos meses hasta la asunción del presidente deben servir para ordenar la propia tropa y al partido de gobierno. El PSL ha sufrido una mutación drástica, de ser un partido insignificante con un solo diputado nacional pasó a tener 52 (el PT es quien más tiene con 56), y al presidente electo, quien ingresó a dicho partido recién en enero de este año. Conformando su circulo político más cercano, esta semana Jair Bolsonaro decidió que el general Augusto Heleno no ocupará el ministerio de Defensa (estaba confirmado hace semanas) y sí será ministro del Gabinete de Seguridad Institucional, órgano situado en el mismo edificio presidencial del Planalto y del cual depende la Agencia Brasileña de inteligencia así como la seguridad personal del presidente. Se trata de un cargo con mayor cercanía al mandatario. Habiendo dejado atrás las elecciones y de cara a gobernar deberían tomar protagonismo figuras como el mencionado General Heleno, un exmilitar formado, que suele ser medido en sus declaraciones. Esas figuras con mayor corrección política y capacidad de articular políticamente, como también Onyx Lorenzoni, futuro Jefe de la Casa Civil, seguramente tengan mayor centralidad en detrimento de otras figuras como el carismático ex actor porno Alexander Frota, quien tiene millones de seguidores en redes sociales en parte, al igual que Bolsonaro, a fuerza de declaraciones polémicas y que fuera muy importante durante la campaña.

De la agenda política para lo que queda de este año el punto de mayor relevancia es el tratamiento en el Congreso de la tan discutida reforma previsional. Bolsonaro ha insistido en que “al menos algo” de dicha reforma debe salir este año (los nuevos diputados asumen en 2019), de modo de aliviar las arcas públicas y también la agenda parlamentaria que tendrá varios asuntos a ser tratados, centrales en la campaña como la baja de edad de imputabilidad y la modificación del estatuto de desarmamento (la propuesta es que se libere el porte de armas y se facilite la adquisición de las mismas). Y si bien el actual presidente, Michel Temer, facilita la transición conforme la tradición brasileña, el Poder Legislativo muestra otra realidad. Mientras Bolsonaro reitera públicamente la necesidad de sacar al menos algo de la reforma previsional este año, las principales bancadas no oficialistas se muestran reticentes. A partir de este tema central de la agenda política comienza a ordenarse otro aspecto fundamental para el próximo gobierno: la política de alianzas en el Parlamento. En el nuevo gobierno existe voluntad (y necesidad ya que el sistema político de Brasil se define como un presidencialismo de coalición, es decir que necesita de una coalición para poder gobernar como bien apunta Facundo Cruz en este medio) de establecer negociaciones y alianzas.

El MDB, el partido al cual pertenece Michel Temer está siendo tanteado para negociar, eso no sería ninguna novedad, lo novedoso en todo caso sería que ese partido fuese oposición ya que formó parte de casi todas las coaliciones de gobierno desde el retorno de la democracia. Tras la primera vuelta y habiéndo obtenido un 1,2% el MDB afirmó que sería oposición ¿Cambio de estrategia delante del pésimo resultado o simplemente parte del juego de las negociaciones? Luego de una reunión el día miércoles entre Temer y Bolsonaro trascendió que este le podría ofrecer la embajada en Italia al actual presidente sobre quien pesan denuncias de corrupción. El cargo de embajador le otorgoría fueros, de modo que, si por un lado tal ofrecimiento sería un acercamiento al MDB de Temer, por otro sería cuestionable para el discurso anticorrupción y antisistema de Bolsonaro. Mientras tanto no han habido anuncios de alianzas más allá de las bancadas ruralistas y evangélica. El gobierno entrante, en un cálculo optimista, estima cerca de 300  diputados a su favor de un total de 513. El problema es que algunas promesas de campaña como la baja en la edad de imputabilidad y una reforma previsional de fondo requieren de enmiendas a la constitución con votaciones de 2/3. Como sea, las tratativas para alianzas recién comienzan y tal vez antes de ello el gobierno entrante deba ordenar aún más su propia tropa.

 


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