Perfil
MODO FONTEVECCHIA
Pensamiento papal

¿Por qué el papa Francisco priorizó la comunicación incluso en sus últimos días?

El sacerdote Claudio Caruzo analiza los últimos días del papa Francisco y su inagotable compromiso pastoral frente al deterioro de su salud.

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Francisco. Laudato Si’ abrió un mensaje que recién merece escucharse mucho más. | AFP

La partida de Francisco a los 88 años marca el cierre de un ciclo donde la comunicación estratégica y la misericordia dejaron de ser meros conceptos para convertirse en el motor de una reforma eclesial sin precedentes. A partir de este diálogo en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), el sacerdote Claudio Caruso desentraña cómo la resistencia física del Papa y su intuición espiritual redefinieron el vínculo del Vaticano con la modernidad.

El sacerdote católico y periodista argentino, Peter Claudio Caruso, reconocido por su estrecha relación con el Papa Francisco. Preside la Asociación Civil Crónica Blanca Latina, dedicada a difundir la doctrina social de la Iglesia y las enseñanzas del pontífice. Se desempeñó como párroco en el obispado de Zárate-Campana antes de trasladarse a la arquidiócesis de Rosario, donde reside actualmente. Recibimos en modo Fontevecchia al padre Claudio Caruso.

Usted fue quien me vino a decir: “Francisco se muere”. Pero no me lo dijo de forma directa. Me sorprendió su visita, meses antes. De una manera elegante, me advirtió que cada invierno se le hacía más difícil y que este iba a ser especialmente duro. Y así fue. ¿Usted tenía la convicción, la visión de que era el último invierno de Francisco?

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Ciertamente, no el conocimiento certero, metafísico, porque la vida de las personas —la mía, la de usted, la de Francisco— está en las manos de Dios. Y, conociendo su tenacidad, su espíritu de lucha, podría haber tirado quizás algunos meses más. Pero, después de la gira que tuvo en 2024, esa gigantesca gira por Asia y África, lo vi mal cuando me llamó para el inicio del jubileo del año santo. Lo vi muy mal. Y el primero o dos de enero, una neumonía, una tos tremenda provocada por un montón de factores, pero también por la desobediencia de no cuidarse. Me alegro habérselo dicho a usted.

No creo que se lo haya dicho a mucha gente, porque con esa certeza es un poco peligroso.

Usted y yo no nos conocíamos.

Yo lo respeto mucho a usted como periodista y creo que se acuerda de que la segunda parte de esta primicia, llamémosle así, era cómo hacemos para explicar que no vino a su patria. Compartimos ahí unos cuantos minutos pensando cómo hacer para que la gente sencilla, la gente humilde, lo comprenda, lo quiera y diga: “Bueno, en último caso es dueño de su vida, tendrá sus motivos”. Pero ¿cómo hacíamos para explicarle a los medios, a ese consumidor al que cualquier cosa que haga el Papa por ahí no le gusta? Ese fue el segundo tema después de la primicia.

Sentí que usted me venía a anticipar eso. De hecho, mi último intercambio con él fue allí, a partir del tema de por qué no venía al país. Entonces, le propuse hacer otro reportaje exclusivamente sobre su relación con la Argentina. Me dijo textualmente: “No estoy haciendo reportajes, pero tratándose de usted haré una excepción. Mándeme el cuestionario”. El cuestionario lo mandé en diciembre. Y, como usted bien contó, inmediatamente después entró en la situación en la que entró. Entonces yo sentí que él lo había mandado a usted para decirme.

No, no tuve un mandato explícito.

Lo digo en un sentido simbólico.

Espiritualmente creo que sí. Usted sabe que a Francisco le gustaba mucho que los católicos, los cristianos y la gente religiosa se acercasen a Dios, porque esa es la misión de un papa. Pero le interesaban fundamentalmente las personas agnósticas, y usted tiene ese título, le gusta tenerlo. Para mí es un gran creyente, pero me parecía que era un modo de representar a esa enorme mayoría, muchos de los cuales estuvieron en el recital el sábado.

Pero también señalábamos que la diferencia con otros papas es que, más que en el castigo, ponía el acento en la misericordia. La idea era sumar. Otra cuestión importante es la relación con la comunicación. La tercera vez que le pregunté sobre el infierno me dijo: “Otra vez el infierno, ¿no?”. Evidentemente entendía que la comunicación era fundamental, que él era un comunicador, y eso produce efecto en el contacto con las personas. Entonces, ¿le gustaría contarle a nuestra audiencia su tarea como comunicador?

A Francisco le interesaba todo lo que uniese, lo que crease puentes, lo que derribase muros. Entonces, hace unos veinte años, fui enviado a Roma a especializarme, después de los estudios normales de un sacerdote, en comunicación. Vino un período de licenciatura, después uno de doctorado, y la enfermedad me frenó en la defensa de la tesis. Él siempre me hablaba de todo lo que se podía hacer con la comunicación.

Por ejemplo, el domingo pasado tuve 500 personas en misa. Aquí estoy seguro de que más de 500 tenemos. No es lo mismo, pero pasamos un año de pandemia en el que fue igual. El desafío es crear el modo de que parezca que estoy al lado de la persona, que le estoy hablando directamente a quien nos escucha.

Yo no fui a estudiar comunicación muy contento. Me interesaba un pensamiento más abstracto, quería estudiar filosofía. Cuando me dijeron comunicación pensé: “¿Un sacerdote en comunicación?”. Pero me tocó eso. Estoy convencido de que Francisco tenía todo eso de manera innata.

Pero él le insistió que usted se especializara en comunicación.

No, él no me lo pidió, pero estaba muy contento. Me lo pidió otro amigo, que iniciaba una universidad pontificia en Roma. Me dijo: “Ayudá a crear el número”. Fui para formar un grupo inicial de estudiantes y después me gustó.

Esa universidad está detrás de la casa de Vía de la Scrofa, donde él fue a pagar el día después del pontificado y donde se alojaba normalmente. Nos encontrábamos muchas veces y me preguntaba cómo iba con la comunicación.

Usted siempre marca que la Iglesia tuvo clara la importancia de la comunicación. En ese sentido, los salesianos tenían el industrial en artes gráficas, donde mi padre estudió. En esa época, la clave era la imprenta, por eso Gutenberg era fundamental. Yo no sabía de una Universidad Pontificia de la Comunicación.

Las mejores, la salesiana. Yo fui a una institución que, si la nombro, me van a etiquetar, pero es del Opus: Austral, donde también estudió, en la parte española, Daniel Adad, en Pamplona. Acá la Austral; en Roma, la Santa Cruz; y en España, Pamplona. Más o menos, los mismos conocimientos comunicativos.

¿Después de la muerte, qué piensa ahora, cómo está Francisco o qué está haciendo?

Javier Milei rindió homenaje al papa Francisco en el Santo Sepulcro

Mire, he entrevistado una decena de premios Nobel por año. En los últimos diez años debo haber llegado a casi una centena. Muchos son de ciencias duras: química, física, astronomía. A todos les pregunto si creen en Dios. De algún modo, todos buscan una respuesta teleológica; creen que hay un orden, que no hay caos. Por lo tanto, la idea de ser creyente o agnóstico está en discusión. En el fondo, uno debería decir en qué cree. Pero si cree, ya cree. Y si cree, parte de que hay un orden y que Francisco está en algún lado.

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