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OPINIóN / La visita de las cinco
sábado 1 agosto, 2020

Arte para entender el horror en tiempos peligrosos

El Museo Sitio de Memoria ESMA, aun durante la pandemia sigue con sus encuentros para entender qué pasó y prevenir sobre lo que no puede pasar. Referentes reflexionaron sobre la cuestión.

Memoria, verdad y justicia. El desafío del museo es construir un legado para comprender la historia. Foto: cedoc

Alguna vez un poeta se preguntó sobre su propio derecho a escribir con lenguaje lírico sobre los muertos en la guerra. Una pregunta lúcida que contestaba precisamente el mismo poema. ¿Se puede narrar, escribir, describir sobre el horror, el desgarramiento, el límite? Entrar en la zona oscura, o volver a ella si alguna vez se estuvo. Nuevamente: lo sagrado es un territorio que el artista conoce, incluso de una manera diferente que el religioso. Su experiencia es vivencia y memoria (el místico seguramente tenga una vivencia de lo sagrado; pero el rol de la memoria es otro). Vivencia y memoria son como las palabras para otro poeta: de material inflamable tienden a encenderse, a iluminar o a quemarnos, cuando rozan lo real. 

Quienes hayan visitado el Museo Sitio de Memoria ESMA antes de la pandemia saben que lo anterior no fue una reflexión sobre estética, sino una crónica ética de la necesidad de un espacio así. Creado como tal en 2015 mantuvo su labor y su actividad durante toda la gestión de Macri (su directora Alejandra Naftal continuó en el cargo durante ese tiempo) y en el gobierno de Alberto Fernández volvió a articulaciones más intensas con la Secretaría de Derechos Humanos y el Ministerio de Justicia con el rol no solo de recordar el horror, las formas infinitas e infinitamente dolorosas que produjo el horror y transformarlo en, precisamente, vivencia y memoria.

Los lectores de PERFIL conocen el significado de La visita de las Cinco. Conocer la experiencia de quienes estuvieron detenidos desaparecidos en la ESMA es también saber sobre cómo se construyó la democracia, entender la historia. La pandemia abrió un nuevo escenario: se cerraron las puertas del museo, sí. Pero la virtualidad expandió la posibilidad de sumar nuevas voces. Así, junto al Staging Difficult Pasts del Reino Unido sumó el arte para llegar a una experiencia poderosa, el sábado 25 de julio último. La visita de las cinco se transformó en una experiencia global, que pudo entrecruzar las historias de los detenidos desaparecidos argentinos y los juicios que llevó adelante Baltasar Garzón y la experiencia de los juicios que se llevan adelante en nuestro país por los delitos del franquismo. Un intercambio cuyo punto de contacto está precisamente en el arte. Reflexiones sobre ambas experiencias que, en algún sentido son la misma: el horror, el horror político.

Participantes. La directora del Museo Sitio de Memoria ESMA, Alejandra Naftal, fue la primera en tomar la palabra, dar la bienvenida, tanto a los y las invitadas: Lola Berthet (directora del Espacio de Memoria Haroldo Conti), Raúl Quirós Molina (España), Emilio Silva (España), Mariana Tello (presidenta del Archivo Nacional de la Memoria), Ana Mesutti (residiendo en España), el juez Daniel Rafecas y María Delgado (Reino Unido); como a la co-anfitriona del evento, Cecilia Sosa, investigadora del proyecto Staging Difficult Pasts, en el Reino Unido. 

En diálogo con PERFIL, Mesutti explicó que “Ese paralelismo es fundamental. Podemos decir que tiene algo de mágico, de sublime, muestran la dimensión universal del ser humano. La víctima que se manifiesta como artista demuestra que somos capaces de sufrir, pero también somos capaces de crear a partir de ese sufrimiento”.

El paralelismo entre España y Argentina es fundamental. Muestra la dimensión universal del ser humano

Cecilia Sosa, explicó de qué se trata el proyecto Staging Difficult Pasts, del cual forma parte junto a otros profesionales como María Delgado, también invitada al panel de la Visita. “Este proyecto lo que intenta es brindar una mirada transnacional, a las maneras en las que el teatro contemporáneo y los sitios de memoria presentan los pasados conflictivos. Esta Visita de las Cinco continúa una visita que realizamos el año pasado, en noviembre, con un artista polaco, Wojtek Ziemilski, en la que surgió una pequeña alianza estratégica –explicó–. Y en relación a esta visita en particular, tiene su origen en la obra documental de Raúl Quirós Molina, “El pan y la sal”. Con María Delgado conversamos hace un tiempo, cuando ella vio esta obra por primera vez, lo mucho que resonaban los testimonios de las víctimas del franquismo, con los testimonios de las víctimas del terrorismo de estado en Argentina. Este proyecto se iba a hacer en abril de este año, en el predio, pero como no se pudo hablamos con otros colegas para ver cómo podíamos hacerla de manera virtual. La situación pandémica nos cambió todo, pero también nos brindó nuevas oportunidades”.

El pan y la sal. Raúl Quirós Molina, autor de El pan y la sal,   contó cómo fue el proceso de creación de la misma y que tiene que ver con el eje del encuentro: “El pan y la sal surge de un fracaso. Yo trabajaba en Londres en un pequeño teatro argentino donde montaron obras de Teatro por la Identidad, y después de ver esas producciones me preguntaba por qué no existía esto en España. Investigando me di cuenta de que la historia que yo creía, no era lo que había pasado, en España hemos vivido engañados, porque la historia que se enseña nunca muestra la etapa franquista. No hay conciencia política de que lo que ha ocurrido es un proceso genocida”.

arte museo esma
Entre otros, fueron parte del encuentro virtual Alejandra Naftal, Lola Berthet y Daniel Rafecas. 

Desde Reino Unido, María Delgado compartió con PERFIL algunas reflexiones al respecto. “En su discurso inaugural, el Presidente argentino Alberto Fernández, señaló la importancia de la reparación y del pan como símbolo de vida: “Tenemos que suturar demasiadas heridas abiertas en nuestra Patria”, afirmó el 10 de diciembre de 2019. “Sin pan no hay presente ni futuro. Sin pan la vida solo se padece. Sin pan no hay democracia ni libertad”, agregó. En esa misma línea, El pan y la sal trabaja sobre la reparación de aquellos que sufrieron pérdidas y privaciones por tener opiniones políticas diferentes. “Se nos llevó el pan y la sal de nuestras casas”, dice Pino Sosa Sosa, cuyo padre está desaparecido”, explica Delgado.

El sentido del museo es precisamente dar algo de ese alimento perdido. La directora explica el sentido del evento. Y de cada una de las visitas de las cinco. “Es la continuidad de un proyecto de investigación que venimos realizando hace más de dos años con el Staging Difficult Past de la Universidad de Londres, que consiste en explorar cómo funciona el arte en distintas dimensiones, en este caso el teatro, para la transmisión de la memoria. En este caso fue el teatro fue en una institución como es el Museo. Desde mi lugar como directora de la institución, sé que nuestra misión es transmitir lo que sucedió en el centro clandestino, en toda su dimensión, también es explorar nuevos lenguajes que tengan que ver con las futuras y presentes generaciones”, dijo.

La sensibilidad es el punto donde se encuentran vivencia y memoria. Naftal dice que “El arte en todas sus dimensiones permite llegar a un lugar al que no arriban los documentos. Lugares a los que es más difícil de llegar apelando a la racionalidad. Son lugares más difíciles de llegar”.

Nunca más. Naftal dice que “el sitio de Memoria ESMA viene trabajando muchísimo para ser patrimonio de la Memoria de Unesco. Patrimonio de la Memoria del Nunca Más. Que sea considerado como un valor excepcional universal de lo que es la desaparición forzada de las personas, en todo su volumen. Es en la Esma que se puede evidenciar la tipificación de todos los delitos que tienen que ver con el terrorismo de estado y la desaparición forzada de personas: desaparición, secuestro, tortura, planificación con los vuelos de la muerte. Robos de bebés, robos de vientres, sustitución de identidad, violaciones a la integridad sexual de las personas”. 

¿Por qué entrecruzar la historia de las dictaduras española y argentina? Porque aún hay reparaciones pendientes. Mariana Tello lo explicó así: “En un país, donde los muertos no descansan, los vivos tampoco pueden descansar. y esa es la forma de seguir teniendo una herida que no deja vivir en comunidad. Pasados todos estos años, todos esos testimonios que fueron granitos de arena que se encuentran en archivos, como el que hoy me toca gestionar como política de Estado”.

La misión del museo es dar cuenta de todo el plan que rodeó a las torturas, las desapariciones, el robo de bebés

Rafecas dijo que “En la Argentina se produjo un cierre después del juicio a las juntas militares, que fue la sanción de dos leyes: las de obediencia debida y punto final. A partir de ese momento se abrió también un espacio de olvido y de impunidad muy fuerte, en el cual prácticamente todas las elites de mi país estaban embarcadas. Tuvimos 17 años de impunidad en Argentina. Durante 2 décadas el establishment eligió y construyó un formidable dique de contención de los reclamos ciudadanos”.

Lola Barthet sintetizó el espíritu del encuentro y del trabajo del Museo Sitio de Memoria ESMA: “Es un lugar maravilloso para que la gente pueda entender la historia argentina. Y es un lugar que habla mucho de nuestros compañeros y compañeras que pelearon y fueron torturados. Es un lugar muy importante porque está dentro de un predio que fue lamentablemente nefasto”.

La pandemia conecta a los humanos con un terror en algún sentido incontrolable. Es la expresión de algo natural. Con muchas explicaciones en la cultura, en lo humano, sí. Pero es un terror que llega de otra parte. La ESMA describe otra forma de lo nefasto que está en el aire. Basta revisar qué sucede en la política de algún país vecino para percibir la importancia de su mensaje.


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