OPINIóN

Creer en el futuro cuando el presente es incierto

Un estudio realizado en el CBC de la Universidad de Buenos Aires revela que los jóvenes, incluso los que se encuentran en condiciones de mayor vulnerabilidad social, no renuncian a pensar en un mañana. “No desaparecen los proyectos; cambian sus prioridades”, sintetiza el autor, y amplía.

La educación de los jóvenes vulnerables
La educación de los jóvenes vulnerables | argentina.gob.ar

Las sociedades suelen medir a los jóvenes por aquello que les falta. Empleo, ingresos, vivienda, estabilidad. Sin embargo, comprender a una generación implica observar también aquello que conserva: sus expectativas, sus creencias y las formas mediante las cuales imagina el futuro.

El estudio Jóvenes vulnerables en la Argentina: Condiciones de vida, creencias y expectativas de futuro, realizado desde el Ciclo Básico Común de la Universidad de Buenos Aires, ofrece una conclusión que no deja de sorprender: Incluso entre quienes viven en condiciones de mayor vulnerabilidad social, el futuro sigue ocupando un lugar central. No desaparecen los proyectos; cambian sus prioridades.

Casi siete de cada diez jóvenes vulnerables se imaginan, dentro de cinco años, viviendo en otro lugar. Esa expectativa expresa mucho más que un deseo de mudanza. Habla de la necesidad de abandonar contextos donde la precariedad económica, la inseguridad y las limitadas oportunidades condicionan la vida cotidiana.

Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
Hoy más que nunca Suscribite

Las aspiraciones también reflejan un cambio profundo respecto de generaciones anteriores. Conseguir un trabajo o uno mejor constituye el principal objetivo hacia el futuro, seguido muy de cerca por acceder a una vivienda propia. Formar una familia aparece recién en un lugar secundario.

La secuencia tradicional de la vida adulta parece haberse invertido. Antes se esperaba que el empleo estable permitiera construir una familia y acceder posteriormente a una vivienda. Hoy la incertidumbre laboral posterga todas las demás decisiones.

Las iglesias evangélicas constituyen hoy la principal minoría religiosa, mientras que el catolicismo continúa descendiendo y casi un tercio ya no se identifica con ninguna religión"

Sin embargo, el informe también muestra que las expectativas no son homogéneas. El nivel educativo modifica sustancialmente la manera en que los jóvenes vulnerables imaginan su futuro. Quienes alcanzaron estudios terciarios o universitarios consideran que terminar su formación constituye la principal meta de los próximos años. Entre quienes poseen menores credenciales educativas, en cambio, la prioridad absoluta pasa por conseguir trabajo.

La educación, entonces, no sólo amplía oportunidades objetivas. También transforma los horizontes posibles.

Algo similar ocurre con las creencias religiosas. Durante décadas, el catolicismo organizó buena parte de la vida espiritual argentina. Ese escenario ha cambiado de manera acelerada. El estudio confirma una creciente diversificación religiosa entre los jóvenes vulnerables. Las iglesias evangélicas constituyen hoy la principal minoría religiosa, mientras que el catolicismo continúa descendiendo y casi un tercio ya no se identifica con ninguna religión.

Para quienes alcanzaron estudios terciarios o universitarios su formación constituye la principal meta; entre quienes poseen menores credenciales educativas,la prioridad absoluta pasa por conseguir trabajo"

Este proceso suele interpretarse como una pérdida de religiosidad. Sin embargo, los datos sugieren otras interpretaciones. No estamos asistiendo al fin de las creencias sino a una transformación de las formas de creer. La pertenencia institucional deja de ser el único modo de construir sentido. Las trayectorias espirituales se vuelven más diversas, más flexibles y también más individuales.

Pero esa diversificación no implica que las instituciones religiosas hayan perdido relevancia social. Por el contrario, continúan desempeñando un papel decisivo en la producción de comunidad, especialmente en los sectores más vulnerables, donde las redes de apoyo cotidiano muchas veces reemplazan funciones que otras instituciones ya no logran garantizar.

Quizá allí resida una de las enseñanzas más importantes de la investigación. Las condiciones materiales son determinantes, pero no explican por sí solas la experiencia juvenil. Los proyectos de vida, las expectativas y las creencias siguen organizando las decisiones cotidianas incluso en contextos de fuerte precariedad.

Los datos muestran que la vulnerabilidad no elimina la capacidad de imaginar un futuro distinto. Aún en condiciones de fragilidad social, los jóvenes continúan proyectando una vida mejor, redefinen sus creencias y sostienen expectativas de progreso. El verdadero problema no es la ausencia de aspiraciones, sino la creciente distancia entre esos proyectos de vida y las posibilidades concretas de alcanzarlos.

*Director del Ciclo Básico Común de la Universidad de Buenos Aires. Co-director de la Investigación PIDAE “Jóvenes vulnerables en Argentina: Condiciones de vida, creencias y expectativas de futuro”, CBC-UBA.