El cúmulo de daños autoinfligidos por el Gobierno parece no tener fin. En la semana que pasó asistimos a uno más de ellos. Fue el tratamiento del proyecto de ley de inviolabilidad de la propiedad privada. En su origen, el proyecto incluía una ampliación de los límites a la propiedad de tierras por parte de extranjeros. Naturalmente, el proyecto –nunca explicado adecuadamente por el oficialismo– dio pie a un fenomenal nivel de rechazo. No hace falta abundar en demasiados detalles para comprender los riesgos a los que se expone un país si decide dejar la posesión de sus tierras a estados extranjeros o a organizaciones de dudoso origen destinadas al delito en sus diversas formas, desde el narcotráfico hasta el terrorismo. Sobre ninguna de estas cosas habló el oficialismo que, una vez más, mostró falta de coordinación, mala comunicación interna y externa.
Le regaló así al kirchnerismo la posibilidad de vapulearlo, algo de no creer, sobre todo si se tiene en cuenta que durante el gobierno K se le cedió una superficie de terreno importante en la provincia de Neuquén al gobierno de China para la construcción de un observatorio espacial de apoyo a sus satélites. Ni en ese momento ni ahora, nadie dentro del amplio espectro del así llamado progresismo alzó su voz para protestar contra la entrega. No se escuchó esa vez el slogan “la patria no se vende”. Tampoco nadie alzó la voz cuando Néstor Kirchner rebajó el precio de tierras fiscales en la provincia de Santa Cruz para que fueran adquiridas por Lázaro Báez.
Otra muestra de la mala praxis existente en el Gobierno se vio en el innecesario conflicto con los prácticos de buques. El problema se originó el último día de julio. Ese viernes se dio a conocer el decreto 690 por el que se desreguló el practicaje de buques, que significó la eliminación del cupo, la apertura de negociaciones libres y la fijación de tarifas para “bajar el costo argentino”. La reacción de los prácticos, baqueanos y pilotos no se hizo esperar: desde la madrugada del domingo 2 no tomaron más servicios. Conclusión: en 3 días se paralizó el 80% del comercio exterior.
Tanto en este asunto como el del proyecto de ley de inviolabilidad de la propiedad privada, los dardos de la incompetencia por el mal manejo apuntan a Federico Sturzenegger, un “coloso” con pies de barro.
Y para culminar esta serie de hechos de mala praxis política –que abundan en este gobierno– hay que incluir el absolutamente innecesario conflicto diplomático con el Brasil a partir de los insultos de Javier Milei a Luis Inacio “Lula” Da Silva, algo nunca visto. Milei, que no termina de dimensionar el peso de la responsabilidad que representa la investidura presidencial, cometió un grosero error y, además, estuvo grosero. La falta de una asesoría adecuada es un agujero de pesadas consecuencias para el manejo de la política exterior del gobierno. Milei maneja las relaciones exteriores según sus emociones, sus enojos y sus fascinaciones. Y eso es decididamente malo, para él y para el país, que, en definitiva, es lo único que importa.
El dato de la inflación de la ciudad de Buenos Aires fue una sorpresa ingrata para muchos dentro del equipo económico.
El 2.9% refleja que la solución a este problema endémico de la economía vernácula no es tan simple. Por eso, en los pasillos de la Casa Rosada hay inquietud. Una de las “inquietas” según coinciden varios es Karina Milei. Hay un estado de crispación y enojo por parte de algunos funcionarios que señalan la persistencia de esta problemática de la economía. Eso fue lo que mostró el ministro de Economía en la reunión del miércoles en la que trató de “tarados” a los que insisten en la importancia de sostener la industria local. No sería la primera vez que Luis Caputo se comporta de esta manera. En un principio se interpretó que los dardos eran para el sector industrial nucleado en la UIA -cuyo vínculo de tensión con el gobierno se sostiene- pero el propio ministro salió a aclarar el viernes que no se había referido a ellos sino “a los que defienden el modelo anterior que lo único que hizo crecer fue el déficit, y con ello, la inflación y la pobreza”. Por otra parte, es menester señalar que el titular de economía viene augurando una bonanza que, en la mayoría de los casos, no le está llegando a la gente. A principio de año prometió que los 18 meses finales del actual gobierno serían un paseo de bienestar. Han pasado ya cuatro de esos 18 meses y lo que se ha visto dista de esa proyección. Y, lo peor es que, hacia adelante, no parece que ese panorama floreciente tenga la apariencia de transformarse en una concreción. Esto mismo expresó en una frase de su homilía en el santuario de San Cayetano el arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge Ignacio García Cuerva: “parece que el bienestar nunca va al ciudadano del común”, dijo con simpleza y contundencia.
Los datos de la recaudación muestran caídas que reflejan el sostenido “parate” de amplios sectores. Esto genera dificultades para el mantenimiento del superávit. Es un círculo vicioso difícil de superar.
En simultáneo, en el peronismo todo es también pelea. Hasta la casta sindical se vio sacudida por el episodio vergonzoso con el que Facundo Moyano ocupó las pantallas y portadas de todos los medios durante más de 48 horas. No hubo voces, ni siquiera en su familia, que se hayan tomado el trabajo de defenderlo. Todo lo contrario. “Facundo siempre disfrutó mostrándose como la mosca blanca del gremialismo. La realidad es que siempre fue un individualista. Hoy es visto como un traidor y está prácticamente cancelado dentro del movimiento de trabajadores” –aseguró una importante fuente del sector que no olvida los tiempos en que el hijo menor del líder camionero se diferenciaba del resto agitando la bandera de la democracia sindical. A cada uno le llega su hora.
Mientras tanto, Cristina Fernández de Kirchner sigue creyendo que es la piedra angular del poder dentro de esa estructura –hoy amorfa– que busca comandar de modo vertical. Es por eso que lo que le exige a Axel Kicillo es, lisa y llanamente, una capitulación.