La palabra canciller tiene una etimología inquietante y sugerente, comparte su origen con cancelación. En latín cancellus era una reja y el cancellarius era el funcionario que estaba junto a las rejas controlando el ingreso que separaba a las autoridades del público, transmitiendo los documentos. Una especie de portero del gobierno. En la antigua Roma fue evolucionando de guardián a secretario, no solo transmitía los documentos, sino que los autenticaba y en temas menores hasta los redactaba. Ya en la Edad Media, bajo el imperio de Carlomagno, el canciller era el responsable del sello real y encargado de los documentos oficiales. También por entonces, el Vaticano comenzó a utilizar ese nombre para el funcionario encargado de los documentos pontificios. Con la constitución de los estados modernos, el canciller adquirió responsabilidades políticas llegando al máximo escalón como jefe mismo del gobierno en Alemania. Un peldaño más abajo en el Reino Unido, el Chancellor of the Exchequer era el ministro de Economía (Hacienda) y el Lord Chancellor, el de Justicia. En Iberoamérica el canciller es el ministro de Relaciones Exteriores.
Quien cancela deshabilita tener relaciones, opuesto a dejar abiertas las puertas a negociar
Cancelar tiene la misma raíz etimológica: poner detrás de una reja, tachar. Quien cancela impide el acceso, deshabilita tener relaciones, excluye, retira la legitimidad pública del cancelado. Y el pobre canciller Pablo Quirno pareciera tener reducida su función a guardián de los umbrales de Milei, nuevamente un portero, el de la puerta internacional del Presidente. En lugar de un puente hacia afuera, el custodio de una verja hacia adentro.
Triste papel para quien es el tataranieto del ministro de Relaciones Exteriores de Bartolomé Mitre, Marcelino Ugarte padre, y bisnieto del gobernador bonaerense a comienzos del siglo pasado, Marcelino Ugarte hijo, y por vía materna, descendiente de Carlos María de Alvear, héroe de la independencia y Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata en 1815.
Con tal de agradar a Milei, no para de meter la pata. Sus predecesores en la Cancillería no pudieron resistir a Milei: Diana Mondino fue eyectada a los 10 meses y 20 días; Gerardo Werthein renunció a los 11 meses y 28 días. Quirno debe soportar 2 meses y 9 días más para batir el record de permanencia como portero internacional de Milei.
Probablemente lo logre porque lo que resultan papelones, como ir a San Pablo a festejar los insultos de Milei al presidente de Brasil destruyendo el prestigio de años de amistad con el país vecino del embajador Luis Klecker, hoy cónsul en San Pablo y previamente embajador en Brasilia, es bien visto por el Presidente, quien desconoce mínimamente las normas de la diplomacia acordadas en la Convención de Viena de 1961, que básicamente consisten en respetar las leyes del estado receptor, no intervenir en asuntos internos y negociar por medios pacíficos. Al revés de las demandas de Milei, un diplomático debe ser discreto, prudente, tener control emocional, habilidad para negociar y ser paciente. Obviamente, evitar los agravios personales para dejar siempre abierta la puerta a futuras negociaciones. Lo contrario a la cancelación.
Ya de regreso a la Argentina, Quirno volvió a cometer un error diplomático al sumar declaraciones desafortunadas diciendo que las diferencias con el gobierno brasileño son ideológicas, cuando las relaciones no son con un coyuntural gobierno, sino con el Estado brasileño, institucionalizando así lo que debería ser una disputa política. Además, si las diferencias ideológicas lo justificaran, ¿por qué no las practica con China?
Pero sus desaciertos no concluyeron en el ámbito diplomático: en la misma semana, consultado sobre si la aprobación de la Ley de Tierras –como estaba enviada originalmente por el Poder Ejecutivo– podría permitir que un extranjero comprase una provincia entera respondió: “Sí, eso va a producir beneficios para la Argentina”. Con amigos así, podría decir Patricia Bullrich haciendo malabarismo en el Senado para que se apruebe la ley, prefiero a Mayans.
El daño reputacional a la cancillería argentina que produce Quirno no matizando a Milei, y fundamentalmente, el propio Milei, produce efectos similares a la degradación de la imagen de la política intencional de Estados Unidos a partir de Trump. Por ejemplo, que un diplomático con una gestión resonante dentro de las Naciones Unidas como Rafael Grossi haya salido tercero en la primera votación para elegir al nuevo secretario general de esa institución no puede separarse de la acumulación de mala imagen que irradia la política internacional del actual gobierno argentino. Grossi fue superado en votos por las candidatas de Costa Rica y de Guyana.
En el pasado, el prestigio de la diplomacia argentina hizo que el canciller Carlos Saavedra Lamas ganara el Premio Nobel de la Paz en 1936. Y más recientemente, cancilleres de la reconocida capacidad intelectual como Dante Caputo y Guido Di Tella contrastan con Quirno.
Probablemente nadie con peso propio podría durar mucho tiempo como ministro de Relaciones Exteriores de Milei porque es el propio presidente quien se dedica a viajar por el mundo comunicando la política exterior de su gobierno, y quien sea canciller argentino en esta etapa deba conformarse con ser responsable del marketing de Javier Milei como influencer mundial y no de los intereses permanentes de la Argentina.
Como en la Roma antigua el canciller es un portero que cierra rejas, pero del país al mundo
La elección de Milei de cancilleres relacionados con su especialidad: Mondino economista, Werthein empresario y Quirno financista, indica una dependencia estratégica del canciller al Presidente, quien es el verdadero ejecutor de su política. O sea, una política de cancelación. Incluso Trump con su protagonismo, que es superior al de Milei, tiene como canciller a un funcionario con experiencia en el área. Marco Rubio fue legislador durante veinte años, su especialidad es la geopolítica y presidió la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado estadounidense. Marco Rubio tiene inflexibilidad ideológica pero raramente se refiere personalmente a ella. Rubio concibe la política internacional desde la perspectiva de la seguridad nacional, Quirno, tratando de conseguir dinero. Se podría decir que los verdaderos agentes de nuestras relaciones exteriores son el propio Rubio y Trump. Que nuestra Cancillería es la agencia de viajes del Presidente y Quirno, una especie de edecán de travesías de Milei.