Cada 23 de junio, el mundo celebra el Día Olímpico. La fecha conmemora la fundación del Comité Olímpico Internacional en 1894, pero su sentido más contemporáneo apunta a algo más amplio: reivindicar el deporte como derecho universal, como práctica que transforma vidas, como herramienta de inclusión social y llega con una pregunta que nos interpela directamente: ¿cuánto puede cambiar la vida de un joven o una joven cuando el deporte se convierte en un espacio de desarrollo integral?
La campaña Let’s Move, lanzada por el COI en colaboración con la Organización Mundial de la Salud, parte de un diagnóstico preocupante: uno de cada cuatro adultos y más del 80% de los jóvenes en el mundo no alcanzan los niveles mínimos de actividad física recomendados para una salud óptima. Frente a eso, la iniciativa propone algo aparentemente simple –mover el cuerpo al menos 30 minutos al día– pero apunta a algo más profundo: hacer del movimiento un hábito, y del deporte, un punto de encuentro entre salud, comunidad y sentido de pertenencia. La campaña conecta directamente con la estrategia Olympism365, que el COI impulsa para fortalecer el rol del deporte como habilitador de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
En Fundación SES llevamos años trabajando sobre esa misma convicción. Y en el período 2023-2025, la Cartera “Deporte, Educación y Medios de Vida” –implementada en el marco de Olympism365 junto a 70 socios activos en América Latina y Europa– nos permitió construir evidencia concreta sobre lo que el deporte puede hacer cuando se lo piensa como política de inclusión.
Según los datos del Sistema de Monitoreo y Evaluación que mide impactos con una línea de base y una de egreso de las y los participantes, los números son elocuentes: más de 50 mil jóvenes participaron en los programas de la Cartera hasta diciembre de 2025. De ellos, casi 49 mil –el 97,8%– alcanzaron los resultados esperados. Un dato que no es menor: el 55% de quienes participaron son mujeres y diversidades, lo que expresa un compromiso concreto con la reducción de brechas de género en el acceso al deporte, que son realmente significativas a partir de la adolescencia.
Pero los números solos no alcanzan. Lo que más importa es qué cambió en esas vidas.
El 84,9% de los jóvenes evaluados reportó un aumento en la valoración hacia la práctica deportiva. El 85% mostró mejoras en habilidades blandas aplicables a su vida personal, social y laboral. El 94,9% mejoró sus capacidades para la búsqueda de empleo. Y el 95,5% valoró positivamente o adoptó alguno de los principios del Olimpismo. Estos no son indicadores abstractos: son transformaciones que se traducen en mayor autoestima, en capacidad de trabajo colectivo, en proyectos de vida más concretos.
Los testimonios de quienes participaron lo expresan mejor que cualquier informe. “A través del proyecto empecé a sentirme fuerte y capaz de alcanzar cualquier meta. Lo que despertó en mí fue pensar que puedo, y tener disciplina para lograrlo”, asegura una joven de la Escuela Mar y Playa. “Puedo aportar para que otros jóvenes, y en general todas las personas, reconozcan al skate como un deporte que fomenta valores y fortalece las habilidades”, dice un joven entrenador de skateboarding formado en el marco de la organización CISP Venezuela. “Fue muy significativo para mi saber que he contribuido a ampliar las competencias y habilidades de los aprendices, tanto en lo teórico como en lo práctico. Y también a vivir los valores olímpicos –respeto, amistad, excelencia– que aplican en su vida diaria, en sus estudios y hasta en las empresas donde realizan actividades”, relata una instructora de la propuesta de Olympism365 en Demá Joven de Renapsi. “Fortalecí mis capacidades impulsando actividades para difundir los beneficios del deporte. También talleres para reflexionar cómo las habilidades adquiridas en la cancha suman al currículum y mejoran la empleabilidad de las personas con discapacidad, fortaleciendo su confianza y promoviendo la superación de barreras hacia las oportunidades de empleo y crecimiento personal”, dice una joven referente de organización Topos FC México.
La formación de educadores y formadores fue otra dimensión central de este trabajo. Más de 4.200 educadoras y educadores iniciaron programas de formación; el 77% los completó. El 94,2% mejoró sus conocimientos vinculados al deporte para el desarrollo, y el 85,5% fortaleció sus habilidades pedagógicas. En un contexto donde los referentes adultos son claves para la construcción identitaria de los jóvenes, esto no es un dato secundario: es la garantía de que el impacto se multiplica.
El Día Olímpico nos invita a movernos. Nosotras y nosotros lo entendemos también como una invitación a pensar colectivamente qué condiciones hacen posible ese movimiento: quién tiene acceso al deporte, en qué contextos, con qué acompañamiento. La evidencia acumulada en estos años nos confirma que cuando el deporte se diseña con intención transformadora, cuando se articula con educación, salud, género e inclusión laboral, sus efectos van mucho más allá de la cancha.
Porque moverse, para muchos jóvenes con quienes trabajamos, no es solo una cuestión de salud física. Es la posibilidad de pararse diferente en el mundo.
* Coordinadora de Monitoreo y Evaluación de Fundación SES.