OPINIóN
sala de urgencias

El ultrasonido de las plantas

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Imaginate caminando por un campo de tomates, tabacos o un viñedo. Todo en calma, el aire tibio, las hojas al sol… ¿Silencio absoluto? No tanto. Lo que tus oídos no alcanzan a escuchar –porque no están hechos para ello– es un concierto de ultrasonidos que las propias plantas emiten cuando están en apuros. Esos ruidos agudos, parecidos a pequeños “pop” o clics, son la señal de que algo no anda bien: falta de agua, daño físico o estrés ambiental.

Científicos de la Universidad de Tel Aviv lograron registrar y analizar estos sonidos –publicando sus hallazgos en la prestigiosa revista Cell– y descubrieron que, lejos de ser un murmullo inocuo, la frecuencia y el patrón de esos clics ofrecen información sobre qué le ocurre a la planta. Cuando un tomate se queda sediento, empieza a “hablar” antes de que sus hojas se marchiten. Y si lo cortás, la intensidad sube todavía más.

Los investigadores usaron micrófonos ultrasensibles en cámaras acústicas y en invernaderos; con ayuda de algoritmos de inteligencia artificial, lograron no solo distinguir entre plantas sanas y estresadas, sino también entre diferentes causas de estrés –como la sequía o el daño mecánico– a partir de su sonido.

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Este descubrimiento pone patas arriba la vieja idea de que el reino vegetal es mudo. Es como si al quitarles el velo de inaudibilidad los vegetales revelaran un idioma oculto, un lenguaje acústico que no fue diseñado para nosotros, pero que podría estar siendo escuchado por otros seres vivos. Insectos, murciélagos o pequeños roedores pueden percibir esas frecuencias –entre 40 y 80 kilohertz– que escapan a la capacidad auditiva humana.

De hecho, investigaciones complementarias sugieren que algunos insectos usan estas señales para decidir dónde poner sus huevos o qué planta evitar, lo que convierte esos ultrasonidos en una forma de comunicación ecológica.

La ciencia está recién empezando a desentrañar este mundo oculto de “llantos” vegetales. Hoy sabemos que muchas especies –desde trigo y maíz hasta cactus– emiten estos sonidos en distintos contextos de estrés. ¿Significa que las plantas sufren igual que nosotros? Probablemente no en términos conscientes, pero sí que sus sistemas físicos responden a dificultades en formas más complejas de lo que jamás imaginamos.

Al final, el campo deja de ser un lugar silencioso para convertirse en una sala de urgencias acústica: un sitio donde cada clic –cruza o gruñe, si lo querés pensar así– es un mensaje de auxilio vegetal que la ciencia está aprendiendo a escuchar.

*Periodista.