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La noticia no es el narco, sino nuestra fragilidad social

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¿Cómo puede el periodismo ayudar a limitar el crimen organizado? Preguntar fija agenda y obliga a explicar por qué la mafia avanzó tanto. Se trata de contar nuestra historia ante el narco. | cedoc

La creencia general es que el narcotráfico es un problema para contener, no para resolver. Pero crece una fisura social que sólo recordamos cuando hay una tragedia.

Rosario fue visible por su violencia, pero el goteo de la muerte lenta, del narcomenudeo, de los suicidios por adicciones, no impacta la agenda y es un paisaje nacional.

Hace varios años el periodista Juan Federico, ahora en Cadena 3, describió el caso de una escuela de la capital cordobesa de la que murieron casi veinte alumnos en forma violenta en una década.

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Federico se autodefine como “periodista abocado a las fragilidades sociales”. Y hay varios como él que cuentan esta historia, pero pocos escuchan. ¿Habrá que contarla distinto?

SI EL ESTADO QUIERE, PUEDE

La disputa es entre redes informales. Por un lado, los capos, una manada de microtraficantes, miles de jóvenes quebrados por la droga, políticos indiferentes y algunos financiados por el narco, policías, gendarmes y prefectos que la venden, fiscales, jueces y abogados que la protegen, escribanos que dan fe, financistas que la lavan y cárceles que fabrican delitos.

Por el otro, la red de operadores judiciales, funcionarios, asistentes sociales, personal sanitario, religiosos, docentes, ongs, policías, políticos, gendarmes y prefectos que la combaten, junto con unos pocos periodistas.

Los recursos estatales superan los de una banda. Un abogado que hizo su carrera defendiendo a narcos lo dice claro: “Cuando el Estado te pone en la mira se acabó”. Pero si se cree que el problema no se puede resolver, la consecuencia es que no hay voluntad de resolverlo.

Esa indiferencia ayuda a los narcos. La Procuraduría de Narcocriminalidad y otras instituciones identificaron a actores policiales, aduaneros, judiciales y gubernamentales que son cómplices. Nuestra historia es abrumadora: el jefe de la división antidrogas de la policía de Córdoba; un fiscal en La Rioja; un juez federal en Corrientes; un juez federal en Rosario; un intendente de Paraná; un juez federal en Mendoza; un juez federal y un fiscal federal en Orán; un fiscal federal en San Isidro; en Itatí, el intendente, el jefe de policía local, la federal, los gendarmes y los de Prefectura; jefes de Gendarmería y el conjuez federal en Roque Saenz Peña; en el caso Leones blancos, varios policías de Quilmes se quedaron con media tonelada de droga con la complicidad de un fiscal; en una causa de la banda Los Monos la cantidad de policías es superior a la de los civiles.

LOS CARTELES GRINGOS

Estados Unidos es el mercado más grande y son pocas las investigaciones periodísticas sobre el tema. El narco aparece como un fenómeno solo latinoamericano, como dice el periodista mexicano Jesús Esquivel en su libro Los carteles gringos. Hubo pocos premios Pulitzer sobre el narcotráfico local: Newsday ganó en 1974 contando la ruta de la heroína desde Turquía, su procesamiento en Marsella y su llegada a Nueva York; y el año pasado Reuters ganó un Pulitzer siguiendo la ruta del fentanilo desde China hasta Estados Unidos, pasando por México. Hay más series narcos en Netflix.

México y Colombia son los más castigados. El premio mundial a la libertad de expresión lleva el nombre de un periodista asesinado por el cartel de Medellín, Guillermo Cano, editor de El Espectador de Bogotá. Cuando el narco se acomoda altera los conflictos en esa comunidad, por lo que no solo se mata por comprar o vender droga sino que hay sicarios disponibles para todo servicio. En México, un legendario periodista Jesús Blancornelas le entregó a un presidente una lista de crímenes de periodistas ordenados por gobernadores. «Cada vez que asesinan a un periodista olvidan el crimen anterior», dijo ese periodista, quien sufrió varios atentados en Tijuana. Incluso Infobae en México tuvo que mudarse tras publicar una nota sobre abogados, escribanos y contadores cercanos al narco.

LAS FRAGILIDADES SOCIALES

En Argentina, en los últimos tiempos ingresaron violentamente a la casa de un periodista y llamaron en forma amenazante a otro. La policía ha custodiado a periodistas en distintas provincias. En Rosario balearon medios y pusieron un cartel frente a Telefe Rosario: ”Vamos a matar periodistas. Con la mafia no se jode”. A veces los quieren usar de mensajeros. Hace unos años le pidieron a un periodista -que se negó- que le mande la “propuesta” a un gobernador que cesaría la violencia en la calle si no se trasladaba al capo preso.

En Rosario, Germán de los Santos y Hernán Lascano publicaron trabajos esenciales y, en marzo, Sudamericana lanzará un nuevo libro de De los Santos, Niños sicarios. Y otras historias del negocio narco. Daniel Enz y José Amado relataron en Territorio Narco la penetración de la mafia en la intendencia de Paraná. Y Juan Federico editó Drogas, cocinas y fierros. El narcotráfico en Córdoba. Entre otros, dos periodistas de Clarín, Virgina Messi y Federico Briem Stamm, realizaron un documental extraordinario, ¿Por qué sangra Rosario?, con entrevistas a los cuatro principales capos. En PERFIL, Leonardo Nieva sigue a diario esta trama delictiva.

LA ESTRATEGIA INDIRECTA

¿Cómo podría el periodismo ayudar a la sociedad a limitar el crimen organizado? Hay dos estrategias disponibles. Una, la actual, es la estrategia directa, que consiste en unos pocos que investigan la trama narco. Se revelan las conexiones entre las bandas y el Estado y al poco tiempo se da lo que los expertos llaman el efecto hidra: los narcos se renuevan y el narcotráfico queda.

La otra es la estrategia indirecta: en esta la noticia no es la mafia, sino nuestra incapacidad de defendernos. Sabemos que si las instituciones no están coordinadas y la sociedad acepta el dinero narco, este se consolida. Por eso, en este tipo de cobertura se habla de presupuestos, disposiciones administrativas, culturas institucionales o diferencias entre actores públicos, para entender por qué el bloque institucional que tiene que proteger a la sociedad no lo hace, o lo hace mal.

Preguntar fija agenda y obliga a explicar por qué la mafia avanzó tanto. Se trata de contar nuestra historia ante el narco, no sólo la novela narco.

La estrategia directa elige el caso y es la más espectacular y riesgosa, pero tiene poca potencia de reforma social. La segunda es más sistémica y, por lo tanto, es más reformista, efectiva y segura para los periodistas.

Pero el enfoque indirecto es aburrido y nuestra atención se activa solo cuando la violencia habla. Por lo tanto, si bien del narco se va a hablar cuando ellos golpean, ahí el periodismo debería aprovechar para hablar de las reformas que necesitamos.