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OPINIóN / ELECCIONES 2019
jueves 11 abril, 2019

En Misiones se inscribieron más de 850 sublemas para las elecciones

Un candidato por cada 1.400 habitantes: una campaña millonaria en una provincia desbordada por la pobreza y el abandono.

por Eduardo Reina

Foto: Gentileza El Territorio
jueves 11 abril, 2019

Cincuenta páginas. Ese es el espacio que ocupan los 30 lemas y los 855 sublemas que se inscribieron para las próximas elecciones provinciales y municipales en Misiones. Más o menos un candidato por cada 1400 habitantes. Si hablamos de costos y movilización, ya desde el vamos, con que cada candidato imprima 5000 boletas serían 4.275.000 en total. A esto sumemos cartelería, publicidad en los medios y demás gastos de campaña. 20 o 30 fiscales por mesa, con apenas lugar para sentarse. Una campaña millonaria en una provincia desbordada por la pobreza y el abandono.

¿Pero de qué se trata esto? La ley de lemas, o doble voto simultáneo, es un sistema electoral diseñado en 1870 por el profesor belga Jules Borely, con la intención de que las divisiones internas de los partidos no los perjudicarán en su posibilidades electorales. Actualmente lo utiliza solo Honduras, y Argentina y Uruguay en forma parcial. Dentro de nuestro país, 11 provincias llegaron a emplearlo, pero 8 ya lo derogaron. Solo sigue vigente en Santa Cruz y Formosa, aparte de Misiones.

Esta metodología implica que cada partido se presenta como un lema, y puede a su vez presentar distintos sublemas, es decir candidatos para un mismo cargo o conjunto de cargos. Las elecciones primarias y las generales se realizan así de forma simultánea. En el recuento, gana el lema con más votos, y a su vez, el sublema más votado dentro de ese lema. ¿Cuál es el inconveniente?

Veámoslo en un ejemplo sencillo. Supongamos que en un pueblo, donde se va a elegir intendente, existen solo dos partidos (o sea, dos lemas). El partido A presenta un solo candidato (un sublema) y el partido B presenta diez candidatos (sublemas). En el recuento, el candidato solitario del partido A resulta tener 10 votos. En el partido B, mientras tanto, hay un candidato con 2 votos, y nueve candidatos con un voto cada uno: 11 en total. ¿Quién gana? En primer lugar, el partido B, ya que suma más sufragios totales que el partido A (11 a 10). Y dentro del partido B, gana el candidato que recibió más votos; es decir, el que tuvo 2. Ahora queda más clara la injusticia: un candidato que fue elegido por solo 2 personas le gana a uno que fue elegido por 10.

Este escenario, de hecho, es el que se dio en Santa Cruz en 2015. Eduardo Costa, de Cambiemos, consiguió 67 mil votos frente a los 57 mil de Alicia Kirchner. Sin embargo, ganó esta última, ya que, junto con todos los candidatos de su espacio, sumaba 84 mil sufragios. Y en 2003, en Santa Fe (que más tarde derogaría la ley) Hermes Binner obtuvo un 42% de los votos, pero fue derrotado por Jorge Obeid, que sacó sólo el 24%.

El gobierno nacional está interesado en ponerle un alto a esta ley que tradicionalmente ha favorecido a gobiernos peronistas. En diciembre de 2018, pese al pedido de los radicales santacruceños, la Corte Suprema presidida por Carlos Rosenkrantz rechazó declararla inconstitucional. Este fallo entusiasmó a otros dirigentes que quieren implementar el sistema, como los hermanos Rodríguez Saá en San Luis (recordemos que durante la breve presidencia de Adolfo, la ley de lemas se implementó a nivel nacional). También generó preocupación en el gobierno. En su última visita a Chubut, Mauricio Macri se llevó del gobernador Mariano Arcioni la promesa de que su provincia no usaría el sistema en 20119.

Como se ve, la ley de lemas, que se suponía debía fortalecer la democracia y la representatividad, se transformó en una trampa para ganar. En 2007, el obispo emérito de Posadas, Joaquín Piña (quien falleció en 2013), no dudó en catalogar a esta ley como “un fraude jurídico y moral, un atropello a la dignidad, a la inteligencia”. No era para menos: ese año se presentaron 2000 sublemas, y 250 de ellos solo en la capital provincial. Parece que esta vez estuvieron más recatados.

Está claro que, por más que la teoría sea buena, este sistema ha resultado perverso en la práctica, especialmente en provincias encabezadas desde hace años por gobiernos feudales. La ventaja siempre la tiene el lema con más sublemas, y esto favorece a los partidos que ya están en el poder y pueden imprimir boletas. Se supone que el sistema reduce los costos de las elecciones, ya que las primarias y las generales se realizan en simultáneo, pero cualquier ahorro queda dilapidado por la enorme cantidad de candidatos. Si los romanos decían “divide y reinarás”, la máxima bajo esta ley es “divídete y reinarás”.

Así también se pone en jaque la representatividad, porque, como vimos, el candidato más votado siempre es el ganador. El elector tampoco sabe a quién terminará beneficiando su voto. La ley está pensada para favorecer al sistema de partidos, pero hoy en día el voto es más personal que partidario. La gente se inclina por candidatos en particular, que son puntos de referencia concretos, mientras que los partidos están en crisis y procesos de refundación. A contramano, la ley de lemas aleja al elector del candidato y lo obliga a votar por un partido político. A los que solo les interesa reinar, solo les queda dividir.


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