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Incertidumbre 2019

La responsabilidad del Gobierno es plantear ese futuro y establecer las reglas para alcanzarlo. Sólo de ajustes no vive el hombre.

Mauricio Macri
El presidente Mauricio Macri. | Cedoc

Las tarifas, el salario y el precio de los alimentos explican las causas que desgastaron el respaldo y las posibilidades electorales del gobierno. La caída de las coberturas médicas y del consumo de leche expresan los resultados de los últimos años para la mayoría de la población.
El comienzo de la carrera electoral del 1º de marzo demostró inseguridad en los gestos del Presidente ante el Parlamento: falta de un planteo de políticas legislativas que modifiquen el ciclo de nivel de actividad, incremento de las dudas respecto de la sustentabilidad del camino, y contradicción entre el aumento del gasto social y la reducción del déficit fiscal.

Los objetivos del gobierno parecen estar sólo concentrados en sostener la estabilidad cambiaria hasta las elecciones y utilizar el préstamo del FMI para asegurar los pagos internacionales. En un contexto en el que las paritarias tendrán como eje la pérdida del salario real del orden del 12% del 2018 y una inflación esperada que ronde el 30%, es posible que la conflictividad sea de magnitud para un gobierno que no presenta signos de claridad.

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Insistir sobre el un rumbo equivocado, además de hacer recordar a gobiernos anteriores, es un signo de debilidad y de alarma hacia el futuro. Evitar políticas de regulación en materia económica, que expresen un horizonte de seguridad, es una amenaza para la actual administración.
La desconfianza sobre las políticas públicas de largo plazo está reflejada en la presión sobre el dólar, que no dejará de existir en la medida en que no es posible garantizar la generación genuina de las divisas necesarias para hacer frente a los compromisos de deuda y a la demanda por cobertura.

La planificación, como estrategia de incentivos para el logro de diversas metas, no representa una metodología para el gobierno. No hay desarrollo sin planificación ni tampoco resultados. Nos debemos una nueva planificación de la Argentina en materia institucional, que incorpore el debate sobre la organización del gobierno federal.

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Pensar la matriz productiva, el comercio y la construcción de nuevas ciudades podría ser el eje sobre el cual fundar una nueva serie de políticas que adquieran iniciativa e incentivos hacia el futuro.

Un país debe contar con un horizonte de futuro en el que la mayor parte de su población se sienta integrada. La responsabilidad del Gobierno es plantear ese futuro y establecer las reglas para alcanzarlo. Sólo de ajustes no vive el hombre. Ese no puede ser un camino con un futuro sostenible. Por más que se insista en responsabilidades extrañas, el gobierno inicia su último año de gestión sin iniciativa propia y sin un plan de desarrollo. Un futuro por aquí por favor…

(*) Director del Centro de Estudios Económicos e Históricos sobre Desarrollo (CEEHD) de la Universidad de Belgrano