domingo 29 de mayo de 2022
OPINIóN
15-03-2022 13:17

Más videojuegos, menos conservadurismo

Vale la pena tener en cuenta el gran potencial educativo que tienen ciertos videojuegos. Hay que dejar de pensarlos como un mal adictivo que secuestra la atención de los niños como un estímulo negativo y rescatar su potencial positivo.

Recientemente la OMS (Oganización Mundial de la Salud) certificó a la adicción a los videojuegos como una enfermedad mental. No voy a discutir que alguien pueda desarrollar una adicción, ni a minimizar la problemática de las adicciones en general, ya sea a los videojuegos como a los juegos de azar o incluso al trabajo.

Cualquier actividad que acapare la atención por encima de cualquier otra cosa, sobre la que uno pierda el control, es algo para prestar atención y que debe ser tratado. Pero también creo que se suele caer en una demonización desmedida, como si el problema fueran los videojuegos mismos, y no las condiciones que llevan a alguien a desarrollar una adicción así. Ni hablar de que es común que cada tanto aparezca un artículo -en general escrito por alguien que pertenece a una generación que no fue “gamer”- advirtiendo sobre todos los problemas, desde adicciones hasta que incentivan la violencia, que puede generar un videojuego (Ok, Boomer) pero rara vez se pone foco todos los beneficios que pueden traer o de las montones de aplicaciones positivas que tienen. De eso es de lo que yo quiero hablar.

Videojuegos: cuándo debemos empezar a poner límites

Para empezar, muchos videojuegos online ayudan a muchos jóvenes a socializar con otras personas de su edad. En un mundo bastante alienante, al conectarse a sus mundos virtuales muchos adolescentes aprenden a cooperar y encuentran verdaderas amistades, que en muchos casos se trasladan también al mundo “real”. Sobre todo durante los confinamientos por la pandemia de Covid-19, muchos chicos usaron los videojuegos como las plataformas principales con las que pudieron mantener el contacto con sus amigos e interactuar on ellos.

En una nota publicada en National Gographic, Patrick Markey, profesor de psicología de la Universidad de Villanova en Pensilvania, Estados Unidos, aseguró que los mundos virtuales pueden contribuir a la práctica de habilidades como lidiar con conflictos, resolver situaciones de forma colaborativa o aprender a experimentar diferentes emociones. Y no es que necesitamos ir hasta Pensilvania para saber eso tampoco. Lo vemos en la audiencia de Peek todos los días.

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Por otro lado, vale la pena mencionar el gran potencial educativo que tienen ciertos videojuegos. Un claro ejemplo de eso es la línea “Assassin’s Creed”, con su exploración de períodos y personajes históricos, desde el Renacimiento hasta la Revolución Francesa, el Antiguo Egipto o las invasiones vikingas a Inglaterra. En las últimas ediciones, además, Assassin’s Creed incluye una opción de juego no-violento de exploración y aprendizaje. En la práctica, una especie de serie documental interactiva para explorar otras culturas y momentos de la historia. Incluso ya se ha usado en algunas escuelas.

Además, muchos videojuegos son verdaderas obras de arte interactivas. Con historias complejas, desarrollo de personajes y gran contenido emocional, los videojuegos son una de las grandes formas narrativas de la humanidad, que no suplantan pero complementan a las otras, así como el cine no suplantó a los libros sino que trajo otra forma de contar historias.

La importancia de que un niño juegue

Esto es apenas un repaso breve. No pretendo ser exhaustivo sino más bien invitar a pensar en los videojuegos no como una pérdida de tiempo, como un mal adictivo que secuestra la atención de los niños o un estímulo negativo en sus vidas, sino como un medio con mucho potencial positivo, que recién está descubriendo su verdadero potencial.

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