OPINIóN
Falleció en Colombia a sus 94 años

Noé Jitrik: Dos textos y una inquietante coincidencia

Murió el mismo día en que se anunció el Premio Nobel de Literatura 2022, para el que lo habíamos propuesto en febrero de este año. ¡Tremenda coincidencia! Como si, simbólicamente, lo hubiese ganado tal cual se lo merecía.

Noe Jitrik
Noé Jitrik. | Facebook Noe Jitrik

El jueves 6 de octubre de 2022 falleció Noé Jitrik, figura clave de la literatura argentina, y los medios dieron correspondiente despliegue a la infausta noticia y a un derrotero rico e insoslayable hasta último momento, en actividad y creación. No nos referiremos nosotros a su obra ensayística, crucial en el vasto campo de la crítica y teoría literarias, ni a lo que representó en la docencia universitaria y la transmisión de conocimientos desde perspectivas siempre renovadoras; no hablaremos de su infatigable gestación narrativa y poética, tan vivaz y profunda aquélla como personalísima ésta, ambas en permanente efervescencia, que lo volvían un joven rupturista y decantador de mundos a una edad en la que otros ya llevan siglos de sequedad creadora, en tanto él, día a día, rejuvenecía un año más; no hablaremos de su exilio denso en producción y solidaridades, en una época en la que éstas se volvían imperiosas; tampoco hablaremos de sus reconocimientos internacionales, de sus artículos coyunturales que nunca fueron de coyuntura, de sus puntuales comentarios escritos u orales que apuntaban siempre a un blanco por elevación, pues nada terminaba para Jitrik en la punta de su nariz, siempre más allá latía el mundo; finalmente, no hablaremos de cuanto hablaron y hablarán quienes más saben sobre él y su trayectoria, esa biografía que ahora se cierra a la par que su literatura se expande, no sólo por lo que implicará de homenaje sino por la fuerza que conlleva en sí misma. Quienes leyeron por entero esa obra, si es que se puede en su diversidad y vastedad, la saben totalmente viva y quienes vamos en esa lectura por mitad de camino, la vitalidad que desprende nos impele a leerla, a la espera de nuevas sorpresas, de las evidentes y de las escondidas. Resaltaremos aquí dos que consideramos imperdibles.

Falleció el escritor y ensayista Noé Jitrik

Una es su novela Terminal, quizá uno de los secretos mejor guardados de su talento, no porque no haya sido publicada, ya que lo fue en Buenos Aires por Voria Stefanovsky Editores en 2016, cuando su autor andaba cerca de los noventa. Lo que la caracteriza es el desparpajo, la donosura y la irreverencia con que fue pensada, desafiando preconceptos, cánones religiosos y criterios académicos, empezando por el propio género novela y continuando por toda la literatura.

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Noé Jitrik 20221006

Parece escrita por el ímpetu de un joven insumiso sacado de las vanguardias de comienzos del siglo que pasó. En el Nº 3 de marzo de este año de la revista cultural española Oceanum (Gijón, Asturias,), tras señalar en Jitrik "ese derrame de inteligencia vuelta literatura", nos preguntábamos, más azorados que curiosos, "¿adónde va este tipo?", porque lo que se nos presentaba a nuestro sosegado acontecer de lectores bajo el disfraz de una novela policial parecía inaudito, desmesurado, una inclasificable impostura, a la par que advertíamos, por debajo de la apariencia, que esa desaforada impresión estaba totalmente controlada por el autor, como si comprendiese a la perfección que ese disparate que nos lanzaba a la vista, más que humano o social, que no dejaba de serlo, era sobre todo cósmico, y el lector se las debería arreglar por las suyas para componerlo con las piezas que Jitrik le iba arrojando sobre la mesa de un modo para nada arduo, por lo contrario, ágil y divertido, como se divierte un chico a costa de los adultos, más si éstos son un poco lentos de entendederas.

Noé Jitrik fue escritor, poeta, crítico literario y, por sobre todo, un formador de lectores

Señalábamos que "el autor es un pícaro" y que "todo el libro es una trampa", envasada en "ese aparato descomunal no por su extensión, 160 páginas de vértigo, sino por la resonancia que despierta". Pero Terminal, concluíamos, "no es un juego, sino el desasosiego de un espíritu burlón que se confronta con su época para exponerla, desde el negativo fotográfico, al ácido que la revela tal cual es, trazando un fresco inobjetable". Lo hace a través de una estrafalaria cabalgata de bufones en la que un mozo, un expolicía, un escritor, más policías, putas, beatas, proxenetas, un artista y demás arman un cuadro desopilante. Hay de todo, para reírse de frente y de soslayo, por no llorar. 

El otro texto está tomado de su libro aforístico El ojo de la aguja (Filosofemas), publicado en 2007 por Ediciones Al Margen, de La Plata. Allí, en esas pocas líneas de uno de sus filosofemas, Jitrik, con esa agudeza que lo caracterizaba, da un toque magistral sobre la experiencia del dolor y lo que debería ser el orden natural de las cosas de existir un Dios que no existe. Escribe: «Que modernamente se haya invertido la posición de los cuerpos respecto de las tradicionales "Pietà", en el sentido de que es el hijo el que sostiene el cuerpo caído de la madre, pone en evidencia un sentimiento muy antiguo, el de que los padres deben morir antes que los hijos; este modo de monumentalización invierte el mito cristiano cuya enormidad era, justamente, la de un hijo que moría antes que su madre.

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Este cambio en la imagen pero que restituye una relación natural da que pensar precisamente en la contraria, como riesgo real, no mitológico, aberrante, la de los hijos que mueren antes que sus padres. La imagen, la nueva "Pietà", se funda en una metáfora que sustrae y revela lo incomprensible de esta situación. Esta imagen, moderna, consagra la imposibilidad del consuelo».

El texto trae inmediatamente a la memoria la potente película de Aleksandr Sokúrov, Madre e hijo, de 1997, con las desgarradoras imágenes de ese hijo portando en brazos a su madre moribunda. De haber un atenuante al dolor para el físico Oliverio Jitrik y la artista plástica Magdalena Jitrik, hijos de Noé, serían, sin duda, esas palabras de su padre, cumpliendo lo que todo padre desea y no todos pueden cumplir: morir antes que sus hijos.

A los demás, nos queda el consuelo de pensar que el accidente cerebrovascular ocurrió mientras dormía y luego sucedió ese mes en coma en el que no sufrió, como en una eutanasia. Murió el mismo día en que se anunció el Premio Nobel de Literatura 2022, para el que lo habíamos propuesto en febrero de este año. ¡Tremenda coincidencia! Como si, simbólicamente, lo hubiese ganado tal cual se lo merecía, en nombre de Borges y de toda la literatura argentina, con la que la Academia Sueca tiene una deuda indeclinable. Te despedimos como vos te despedías de tus amigos en cartas y mails: "Tuyo, Noé". Tuyos, nosotros, para siempre.

*El autor es escritor y poeta.