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OPINIóN / Fernández - Fernández
sábado 18 mayo, 2019

Aloe Vera

El director de la consultora Equis destaca las ventajas de esta fórmula y las complejidades que deberá enfrentar el próximo gobierno.

por Artemio López

Alberto Fernández, el hombre detrás del libro de CFK. Foto: Marcelo Escayola.

Como ocurre con la planta suculenta de la subfamilia Asphodeloideae dentro de la familia Xanthorrhoeaceae, la noble aloe vera, desde que fue nominado candidato a presidente por voluntad de Cristina Kirchner, los peronistas –y aliados– no dejan de encontrar una catarata de virtudes encarnadas en Alberto Fernández. 

¡Así son en el movimiento fundado por el ya legendario “león herbívoro”, donde todos salen presurosos a dar su apoyo y solidaridad al que gana!

Como buen peronista, no seré yo la excepción, desde luego, y diré que la elección de Alberto Fernández como candidato a presidir la república es muy atinada y obedece a una evaluación desapasionada de las complejidades de la etapa que se abre luego del terremoto económico social provocado por el gobierno de Cambiemos y que atinadamente Cristina Kirchner caracteriza como “desastre”, en muchas dimensiones aún peor que el que dejó la crisis del año 2001.
Diez datos bastan para observar la complejidad de lo que espera al nuevo gobierno:

  • Deuda externa en el orden del 100% del PBI, creciente e impagable ya no solo con acreedores privados como en el año 2001, sino con el Fondo Monetario Internacional, donde la quita no es una opción disponible.
  • Tarifas dolarizadas que representan hoy el 30% del presupuesto familiar promedio y con tendencia a la suba espiralizada.
  • Pobreza en torno al 40% de la población general y 50% en menores de 15 años con un nivel de indigencia –o hambre– que impacta sobre el 8% de la población general y el 15% de los menores de 5 años.
  • Inflación récord en el orden del 50% anual y 60% en alimentos. 
  • Desempleo en orden del 12% y otro tanto de subempleo.
  • Informalidad laboral sobre el 35% de la población activa.
  • Salarios, jubilaciones, pensiones y planes sociales con atrasos acumulados del 40% promedio respecto de la inflación general y 55% respecto de alimentos.
  • Industrias trabajando al 50% de su capacidad instalada.
  • Un mundo adverso sacudido por la guerra comercial entre EE.UU. y China y caída en el precio internacional de los commodities.
  • La sociedad surcada por desencuentros y rencores fomentados por el actual gobierno y su cadena de medios oficiales como nunca antes desde la recuperación democrática.

Como se ve, un encadenamiento de calamidades a heredar nunca antes vistas, que requerirán la ampliación de consensos y apoyos locales e internacionales para poder primero administrarse y luego comenzar a resolverse. 
Del arco disponible de dirigentes, sin duda Alberto Fernández es un gran constructor de puentes, y su capacidad negociadora está reconocida por propios y sobre todo, extraños: actores económicos, financieros y mediáticos que son los que deberán gravitar y acompañar al nuevo gobierno para que tras la debacle macrista a la crisis social no le sigan la anomia institucional y un futuro incierto para todos.

Se amplía también con la candidatura de Alberto Fernández la convocatoria a otros sectores del panperonismo no K, puesto que por su trayectoria y discurso crítico hacia tramos de gestión en especial del segundo gobierno de Cristina Kirchner, diluye fronteras y amplía el espacio incluso para quienes en su momento mostraron fuertes disidencias. 

De hecho, la primera reacción de Sergio Massa, poseedor de un suculento 10% de los votos ya definidos –y tal vez 15% si agregamos los indecisos– fue en esa dirección de reconocimiento de la ampliación del espacio que impulsa la candidatura del ex jefe de Gabinete de Néstor y Cristina Kirchner:

“Tengo respeto por Alberto Fernández, trabajó mucho tiempo en nuestro espacio y compartimos una mirada crítica respecto de un montón de medidas del gobierno anterior y terminaron significando aislamiento y falta de crecimiento. No creo que haya cambiado su pensamiento”.

Por otra parte, al secundar al candidato en la fórmula Cristina Kirchner garantiza que no sea necesario el mecanismo de transferencia de votos a otro dirigente que por las características de su liderazgo fuertemente afectivo era un intento de mal pronóstico. 

Como beneficio adicional, con esta gran movida, Cristina pone punto final al mito de armar estrategias electorales bajo el cliché habitual en la Patria Consultora de que debe encabezar “el que más mide”, mito en cuyo altar se sacrificó el proyecto popular democrático durante años.

Finalmente, la analogía que se pretendió instalar recordando la consigna “Cámpora al gobierno Perón al poder” es una chicana extemporánea. Cristina Kirchner lo dice en el video y explícitamente que renuncia a los honores de ser electa para la conducción de los destinos de la patria por tercera vez, conducción que recaerá (para lo bueno y para lo malo), exclusivamente sobre el presidente Alberto Fernández.

Entonces en el país el único “chirolita” de Cristina que existe seguirá siendo Mauricio Macri, el “chirolita” de Lagarde, estimados lectores de PERFIL.

 


 


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