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OPINIóN / Síndrome de Tourette
martes 20 agosto, 2019

Tics en los chicos, estar alertas es la clave

La mayoría son transitorios, pero algunos pueden tener repercusiones negativas en los ámbitos escolar, familiar y social.

Por Dra. Gabriela Ferretti*

Los tics son movimientos o sonidos repetitivos, estereotipados, repentinos y sin propósito. Los motores causan movimiento, mientras que los fónicos, sonido. Foto: Imagen de klimkin en Pixabay.
martes 20 agosto, 2019

Los tics son el trastorno del movimiento más frecuente en la edad pediátrica. El 25% de los niños presentará algún tipo de tics durante su desarrollo. Es común la existencia de historia familiar de tics y de antecedentes familiares y personales de trastornos del comportamiento..

Su mayor prevalencia es en la edad escolar. La mayoría son transitorios, pero algunos pueden tener repercusiones negativas en los ámbitos escolar, familiar y social, que pueden llevar a fracaso escolar, baja autoestima y disfunción social. Algunos de los tics se relacionan con el trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y con otras enfermedades que requieren diagnóstico oportuno y adecuado tratamiento.

Los tics son movimientos o sonidos repetitivos, estereotipados, repentinos y sin propósito. Los motores causan movimiento, mientras que los fónicos, sonido.

El Síndrome o Enfermedad de Tourette es un trastorno neuropsiquiátrico crónico caracterizado por la presencia de tics múltiples -motores y fónicos- que generan importante disconfort y muchas veces, limitan las relaciones sociales de las personas afectadas por esta enfermedad.

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Los tics en la Enfermedad de Tourette aparecen en forma brusca e inesperada y se intensifican con los estados emocionales. En forma repentina se producen movimientos de los miembros (sacudidas), de los músculos de la cara (muecas, guiños, pestañeos, fruncimiento del seño) y de los músculos fonatorios (ronquidos, graznidos, gritos, alaridos). En algunos pacientes se presenta una compulsión a decir y gritar palabras obscenas (coprolalia), sin un destinatario específico- no van referidas a ninguna persona, simplemente no se pueden controlar-.

En el Tourette, la alteración biológica se encuentra en la parte del Sistema Nervioso Central que interviene en la coordinación de los movimientos corporales y en la regulación de las emociones- circuito córtico- estriado-tálamo-cortical-. Una investigación, publicada en el 2017 por la prestigiosa Revista Científica Computational Biology, propone un modelo computacional para demostrar que dicha alteración consiste en un aumento del neurotransmisor dopamina en los núcleos estriados (una región de sustancia gris que se sitúa en el interior de los hemisferios cerebrales). El problema consecuente es en una dificultad para frenar los pensamientos, las emociones y las acciones. Hay un freno del control inhibitorio central, es decir, que todo lo que surge espontáneamente sale sin ningún tipo de filtro. Es como si nuestro cerebro primitivo se impusiera por sobre nuestro cerebro racional. No podemos controlar nuestro "animal interior".

En el 90% de los pacientes, la enfermedad suele asociarse con otras problemáticas psico- emocionales y del desarrollo: Trastorno Obsesivo Compulsivo, Trastorno de Ansiedad Generalizada, Trastorno por Déficit de Atención, Hiperactividad y Depresión, entre otros.

Los síntomas suelen iniciarse en la edad escolar, alrededor de los 7 años y suelen persistir hasta el fin de la adolescencia y el comienzo de la edad adulta cuando empiezan a declinar, aunque en algunas personas pueden durar toda la vida.

Es más común en varones que en mujeres, con una relación 3 a 1. La enfermedad, tal como la describió su mentor, Gilles de la Tourette en el siglo XIX, no es muy frecuente. Se estima una prevalencia del 0.3%; por cada mil habitantes hay 3 personas que padecen esta enfermedad.

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Es importante destacar que no todo paciente que presenta tics padece Enfermedad de Tourette. Por el contrario, más del 20% de los niños sanos presentarán diferentes tics en algún momento de su desarrollo. Y éstos, por sí mismos, no constituyen una enfermedad. Los tics desaparecerán en poco tiempo con intervenciones pediátricas y familiares simples, sin necesidad de utilización de medicamentos ni tratamientos psicológicos prolongados.

La magnitud e intensidad de los síntomas en la Enfermedad de Tourette varía entre un paciente y otro e incluso en el mismo paciente en diferentes etapas de la vida. Los niños con otra comorbilidad (enfermedad psiquiátrica asociada: Hiperactividad, Trastornos de la Atención, Ansiedad, Depresión, etc.) son los más afectados y los que tienen mayor limitación social.

Los pediatras nos enfrentamos cotidianamente con niños y adolescentes que presentan tics. La mayoría de las veces no corresponden a Enfermedad de Tourette. En esos casos los síntomas son producto de una problemática emocional menor que genera angustia en el niño y que se resuelve con estrategias de psicoeducación, sin necesidad de derivar al especialista en salud mental ni hacer intervenciones farmacológicas.

El diagnóstico de Enfermedad de Tourette se hace por los síntomas clínicos. No existe ningún estudio de neuroimagen (tomografías, resonancias o cualquier otro) ni análisis de sangre que pueda certificarlo. Por ese motivo, la mayoría de las veces, el médico no pedirá exámenes complementarios complejos.

En los casos en los cuales sospechamos que puede padecer el síndrome, la derivación oportuna favorecerá una mejor evolución de la enfermedad. Es probable que se indiquen psicofármacos y algún tipo de psicoterapia para disminuir la magnitud de los síntomas.

Es fuertemente recomendable que los niños con Tourette, y mucho más aquellos con tics simples, tengan una escolaridad absolutamente normal, ya que no resulta infrecuente que, principalmente los muy sintomáticos, rehúsen concurrir a la escuela e incluso que los propios padres y sus educadores (con el afán de protección) indiquen una escolaridad especial. Debemos reunir todos los esfuerzos para que el paciente que presenta tenga una escolaridad normal. Con ese objetivo no solo se deberá trabajar con el niño, sino con sus padres, sus educadores y sus propios compañeros de colegio.

Si un niño presenta tics consulte a su pediatra pero confíe que, en la mayoría de los casos,  éstos desaparecerán en poco tiempo sin necesidad de que recibe medicamentos.

*Neuróloga. Pediatra. Divulgadora Científica de Grupo Medihome.


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