sábado 24 de julio de 2021
OPINIóN Análisis
21-08-2020 17:31

Muro, ilusionismo y xenofobia

Ejercitar el pensamiento crítico las 24 horas de cada día, puede ser una buena vacuna, para afrontar este virus que irradia espejismos en los pueblos.

21-08-2020 17:31

El 17 de marzo de 2019, Naciones Unidas, en un tuit, citó a Nelson Mandela: “Nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, su origen o su religión. La gente aprende a odiar. También se les puede enseñar a amar…”. Estas letras tejidas con la experiencia y resiliencia de quien fuera presidente de Sudáfrica, interpelan a las diversas sociedades y puntualmente a la educación que éstas les confieren a las personas que habitan su territorio. E invita a pensar el rol y la responsabilidad de quienes fomentan determinadas conductas con sus prácticas. Veamos un caso reciente que sirve de disparador para pensar y reflexionar sobre una cuestión que involucra a la política, la ética y las nuevas formas y formatos de comunicación.

Steve Bannon, quien fuera el diseñador de la campaña de Donald Trump que le permitió llegar a la Casa Blanca, fue arrestado ayer, acusado de estafar a donantes de fondos para construir el muro en la frontera de Estados Unidos con México. Luego fue liberado, tras el pago de una millonaria fianza. Pero fijemos la mirada en el impacto político y social de este acontecimiento. Para ello es necesario remontarnos al año 2016, cuando fortalecer el cuidado de la Patria, mediante el endurecimiento de la frontera sur de Estados Unidos para impedir las inmigraciones ilegales, fue una de las promesas más fuertes de Trump en su primera carrera presidencial. Para concretar esta idea, el supuesto plan de Steve Bannon era levantar el muro con fondos privados, lo que generó voces a favor y en contra de la iniciativa, pero las discrepancias no impidieron su materialización (virtual). Puso en marcha la campaña We Build The Wall –"Nosotros construimos el muro", en inglés–. La misma, permitía comprar un ladrillo, por 100 dólares, que sería utilizado en la tapia fronteriza, con el nombre del donante, para dejar tatuados en la obra a quienes contribuyeron con la “causa nacional”. En un video orientado a promocionar la venta, se ve a una persona expresando la siguiente frase: “Usted no durará para siempre, pero su ladrillo sí”.  

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A Bannon se lo reconoce, en el universo del marketing político, como el ideólogo del resurgir rabioso de la xenofobia y movimientos nacionalistas extremos, alguien que promueve el posicionamiento de una “derecha populista” en diversos puntos de la aldea global, como definiera hace años, al mundo que se aproximaba, el sociólogo canadiense Marshall McLuhan –en virtud del impacto que vaticinó que tendría internet en la comunicación y en nuestras vidas–. ¡No se equivocó!

Tras cooperar para que Trump llegara a la presidencia, Bannon fue nombrado estratega jefe del gobierno republicano. Pero la luna de miel con Trump duró poco. A mediados de 2017, el estratega fue despedido, lo que quizás motivó que aplicara la estrategia de diversificación de mercados. Sus ideas se fueron globalizando. Exportó su concepción y sus técnicas electorales a Europa y al Cono Sur de América. Integró el Consejo de Cambridge Analytica, la empresa señalada en el escándalo de recolección de datos de Facebook que empleó polémicas tácticas para impulsar el Brexit en el Reino Unido. También cooperó con movimientos políticos europeos como la Liga del Norte de Italia, el Frente Nacional de Francia, la Fidesz de Hungría, la Alternativa para Alemania, el Partido por la Libertad de Holanda, y VOX en España. En Bélgica concibió The Movement, para animar y propagar el euroescepticismo en el viejo continente. Del otro lado del Atlántico, también dejó sus huellas en las playas de Brasil, asesorando a Jair Bolsonaro.

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La campaña publicitaria We Build The Wall, que hoy está en la mira de la justicia y que pone a Bannon en el centro de la escena de la prensa mundial, fue creada en internet, en diciembre de 2018. Se calcula que logró recaudar alrededor de 25 millones de dólares.

Impedir la inmigración ilegal proveniente de México, fue el argumento de la iniciativa de Bannon, que encontró adeptos, y “filántropos” comprometidos con su Patria, merced a la inyección de xenofobia y nacionalismo en mensajes puntillosamente planificados y viralizados. Pero los ladrillos virtuales se desmoronaron y el ilusionismo político se esfumó, cuando en un comunicado, la fiscal Audrey Strauss, expresó: “Los acusados defraudaron a cientos de miles de donantes, capitalizando su interés en financiar un muro fronterizo para recaudar millones de dólares, con la falsa pretensión de que todo ese dinero se gastaría en construcción”.

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Las “falsas noticias”, con las que se asocia el nombre del polémico asesor político Steve Bannon, pareciera que se han combinado con “falsas promesas” que dejan en evidencia al ilusionismo político motorizado con odio y falacias, que manipula apelando y enfatizando exclusivamente en sentimientos oscuros –olvidando la razón–.

El caso de Bannon, un experto en desinformar, pone de manifiesto, una vez más, nuestra permeabilidad como seres humanos, a los bombardeos incesantes de información (y no siempre con contenidos veraces). Ejercitar el pensamiento crítico las 24 horas de cada día, puede ser una buena vacuna, para afrontar este virus que irradia espejismos en los pueblos. El problema radica en la dificultad para distribuirla con criterio universal. ¡Bienvenidos a la era de la posverdad!