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OPINIóN
domingo 1 marzo, 2020

Fernández y un discurso de apertura mesurado pero ampliamente contradictorio

La apertura de sesiones ordinarias dejó frases fundantes que dan cuenta de una carga racionalista que increíblemente choca con la emocionalidad y relato propio de los gobiernos populistas.

Alberto Fernández inauguró el período legislativo ordinario de 2020. Foto: Juan Obregón
domingo 1 marzo, 2020

La apertura de sesiones ordinarias del 2020 dejó frases fundantes que dan cuenta de una carga racionalista que increíblemente choca con la emocionalidad y relato propio de los gobiernos populistas pero también Alberto Fernández realizó un discurso particularmente contradictorio entre hechos y conceptos enunciados y la realidad política actual.

Una primer frase muy fuerte desde lo simbólico fue: La solidaridad es la viga maestra del gobierno y la que define sus prioridades. Esta primera afirmación no tiene sustento si pensamos en la solidaridad como una acto libre de individuos, sin coerción ni coacción, de carácter altruista, lejos de toda construcción jerárquica, orgánica, como bien lo simboliza una viga por su lógica estructural  arquitectónica. 

Una segunda reflexión que llama la atención es su apelación a la idea de formar un gobierno con: científicos y no de CEOS. Otra particularidad que lo acerca a los gobiernos tecnócratas lejos de los ideales populares, democratizantes, de gobiernos participativos.

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La tercera, afirmando aún más lo anterior, expresa que será un gobierno que se ajuste a políticas basadas en: evidencia científica o políticas de datos y que evaluará su impacto y la correlativa calidad del gasto.A lo cual rápidamente uno se pregunta: 

¿Le pedirá rendición de cuentas a tiempo a los gobernadores bajo pena de no continuar transfiriendo fondos sin rendición previa?, ¿Dejará que la SIGEN informe al Poder Judicial de la administración de fondos y las transferencias a las provincias que no tienen un control exhaustivo y así vuelven ineficaz a los controles de la Ley de Administración Financiera? Hay hoy una Oficina de asistencia del Presupuesto para el Congreso de la Nación sin trabajo efectivo a la fecha. ¿Dejará su compañera de formula que funcione? Raro, realmente, no parece un peronista keynesiano sin preocupación por el gasto.

La cuarta, se celebra el relanzamiento del Cuerpo de Administradores Gubernamentales, cuestión que choca con la lógica política que hizo sustentable al peronismo en toda su historia. Esto supondría que nunca más habría administradores políticos en áreas de direcciones simples, dirección ejecutivas, direcciones nacionales, subsecretarias, organismos de control, etc. Ergo, se achicaría la bolsa de los ravioles de la política a favor de burocracia en sentido weberiano. Esto sería revolucionario verdaderamente.

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La quinta, se celebra el reconocimiento de la necesidad un programa de desarrollo integral para la próxima década que tenga bien presente los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas. Esto supondría un dialogo real entre las instancias publico y privadas para un crecimiento social en sus 17 objetivos en esta última década de la Agenda 2030, algo francamente ambicioso.

La sexta, expresa la necesidad de una nueva Ley de Educación Superior, punto álgido si uno entiende lo que supone de cara al futuro lo que hacen o dejan de hacer principalmente las 57 Universidades Nacionales como lugares de construcción política, rosca, presión y movimiento, adoctrinamiento, etc. Pensar en la Ley de Educación Superior es mucho más que pensar sólo en la formación académica de excelencia. Lejos está esa red de universidades de ser sólo una instancia de meritocracia, hay mucha política inmersa que la cruza y determina de punta a punta.

La octava, nada nuevo tuvo el mensaje en aquello previsible sobre materia del aborto, lo esperable de la reforma al sistema judicial federal y a la agencia de inteligencia. Quizás estas fueron las medidas elegidas para que muchos compren el mensaje y se lleven puesto de sombrero el discurso progresista cuando alguno de los Fernández doble la curva.

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La novena, la dejamos para ir finalizando pero con sus primeras ideas: recuperar la palabra y la idea de verdad. Quizás sea la frase con la que la historia lo juzgue implacablemente por su pasado, presente y futuro. Difícil es pensar en la verdad y en el valor de la palabra si en esta primer lectura de su discurso las contradicciones argumentales afloran como oxímorones y dan cuenta de un discurso aparentemente medido pero sumamente esquivo, de verdades a medias.

La décima y última, y una buena síntesis de esta primer exposición dicho sea de paso, sea remarcar el usufructo del influjo weberiano que hizo en su discurso: La tarea  que tenemos por delante supone una ética de la convicción para no renunciar a nuestros ideales y también una ética de la responsabilidad para saber que la verdad es sinfónica, compuesta de voces, intereses y miradas diversas. El gran problema es que siempre el peronismo articuló sinfonías para un pueblo excluyendo también a otros actores sociales por su ética de la convicción. De ahí su reñida historia entre discursos y hechos que abrieron una de las mayores grietas de nuestra historia política, cuestión que Fernández no cierra ni parece estar rodeado de un grupo político que quiera hacerlo.


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