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OPINIóN / Día de los enamorados
viernes 14 febrero, 2020

¿Hay lógica para el amor?

El amor no depende de un momento etario sino de una disposición de espíritu hacia el otro, una capacidad de vencer el temor a la entrega.

por Juan Eduardo Tesone

Pareja Foto: Brandon Roberts / Pixabay

¿Hay lógica para el amor, hay una edad, un momento, para enamorarse, o es independiente de la edad, imprevisible e indescifrable?

No creo que haya una edad para enamorarse, Eros, dios del amor, salió del caos primitivo y sus flechas pueden ser enviadas y recibidas a cualquier edad. Psique, aletargada, envidiada por su belleza, despertó de un sueño profundo gracias a las flechas de Eros, inmortalizada por los frescos de Pompeya. Lejos de ser un dios todopoderoso, Eros, es una fuerza perpetuamente insatisfecha e inquieta.

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El amor no depende de un momento etario sino de una disposición de espíritu hacia el otro, una capacidad de vencer el temor a la entrega y abrirse a lo inesperado de todo encuentro. La pasión nos toma por sorpresa y nos devora, pudiendo llevarnos a la muerte, ya sea la propia o la del otro. Punto de incandescencia mortal sugiere Assoun, riesgo acrecentado por la idealización y deseo de posesión del ser amado.

Muchos femicidios surgen de esta exigencia sin límites. La relación amorosa, en cambio, se va construyendo en la reciprocidad con un otro que sentimos muy cerca, pero aceptando que el amar no implica que el otro desaparezca como tal, que no es una relación especular, que el otro no nos pertenece, sino que será irreductiblemente otro. En caso contrario encontramos la adicción “amorosa”, en realidad forma extrema de dependencia, algo así como la contracara del verdadero amor.

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Nadie es la "media- naranja" del otro, en el sentido que vendrá a completarnos, dado que la demanda de amor por definición nunca será respondida "plenamente". Es decir que el ser amado estará siempre un poco ausente, inexorablemente. No existe demanda de amor que pueda ser colmada en su espera totalizante. No creo en el Amor como sustantivo, como entelequia, sino como gerundio: amando. Creo que existen amantes, en el sentido abierto y generoso de los términos. Y en ese sentido en cada vínculo amoroso se generan diferentes modos de amor. Hay tantas maneras de amarse como vínculos amorosos puedan existir, es decir infinitos.Pero en todos me parece que enamorarse no es un estado sino un movimiento que requiere ser renovado constantemente para que perdure, sin conocer a veces el enigma que determina su continuidad o su carácter perecedero. El amor es siempre subversivo, dado que subvierte el orden social produciendo un efecto disruptivo en la zona de confort del ser narcisístico.

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Del amor cortés al amor sexualizado, toda una gama infinitas del amarse. Vivimos una época en la cual lo censurado no es lo sexual sino lo sentimental. La contemporaneidad, a diferencia de la época victoriana, no reprime la sexualidad sino los afectos. En el verdadero encuentro amoroso, decía Roland Barthes, “reboto incesantemente, soy ligero”.


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