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OPINIóN / La columna de la UB
martes 15 enero, 2019

Consenso ciudadano para la renovación urbana y del espacio público

El valor ciudadano del espacio público es un test de la calidad de la ciudad. Pero se ha ido empobreciendo a lo largo del tiempo.

Ricardo Asin*

Dubai Foto: afp

En su libro “Ciudades del mañana”, sir Peter Hall escribió que “la ciudad futura sólo puede imaginarse a partir de la ciudad presente, de sus tendencias y contradicciones, de las resistencias al cambio y de las ideas y actores emergentes. La ciudad de hoy nos anuncia la ciudad de mañana”.

Hall estaba convencido de que no había un “modelo” de ciudad universal. Vislumbraba una combinación distinta, resultante en cada caso de la confrontación entre las dinámicas existentes, que pueden ser comunes en muchas ciudades, pero no con la misma intensidad ni con las mismas combinaciones. Y consideraba los nuevos factores que podían emerger: los tecnológicos (que afecten a la movilidad), los ambientales (como la crisis energética) o los políticos (como la aparición de nuevos tipos de liderazgo).

En este sentido, el valor ciudadano del espacio público es importantísimo. Es un test de la calidad de la ciudad. Sin embargo, progresivamente, el espacio de uso colectivo, la expresión más visual de la ciudadanía, se ha ido empobreciendo a lo largo del tiempo, reducido en muchos casos y ocupado por usos no planificados adecuadamente.

 

El espacio de uso colectivo, la expresión más visual de la ciudadanía, se ha ido empobreciendo a lo largo del tiempo

Los nuevos planes o programas de desarrollo permiten abordar la renovación o rehabilitación del tejido de la ciudad con diversos objetivos y orientaciones. Deben orientar y favorecer la consideración de la equidad y, en gran medida, necesitan asistir la transformación del territorio ciudadano, rehabilitando ámbitos degradados. Por ejemplo, en el caso de la vivienda con mejoras de prestaciones, infraestructura y eficiencia general de servicios o, desde la óptica de la acción/gestión de los agentes privados, la obtención de importantes plusvalías patrimonializables por el valor del mercado de los productos inmobiliarios resultantes de las acciones de renovación urbanística.

El aspecto que completa el significado y crisis vigente del espacio público, esencial en la renovación urbana, más allá de las posibles políticas urbanísticas o criterios de diseño, marca la necesidad de favorecer aquellas actividades que aseguren la permanencia en los espacios públicos urbanos, a fin de alcanzar niveles mínimos de integración y cohesión social.

Por ello, la urgencia en considerar e interpretar adecuadamente los alcances de un equilibrado uso del suelo. Ello implicaría la definición de criterios para la sustentabilidad de las acciones de renovación, de manera tal de construir o definir sus características, el perfil de ciudad y su territorio, mediante el debate de sus habitantes, estableciendo “mecanismos de participación y consulta” para la adopción de decisiones que obtengan el mejoramiento de las condiciones de vida en la ciudad.

El proceso de participación debe conseguir que el ciudadano se sitúe en una determinada relación ante el gobierno de la ciudad

El proceso de participación debe conseguir que el ciudadano se sitúe en una determinada relación ante el gobierno de la ciudad, de forma tal que su actitud no sea meramente pasiva o defensiva, o que su intervención no se reduzca a la protesta o a la reivindicación esporádica ante determinadas situaciones conflictivas.

¿Qué hacer para que el ciudadano se sienta motivado y adopte una postura activa ante la participación?

De la respuesta a este interrogante surge la necesidad de organizar paralelamente al proceso de participación una campaña de información y difusión que resuelva la comunicación entre el gobierno de la ciudad y los ciudadanos. Esta comunicación debe establecerse a partir de objetivos claros, que interesen, movilicen y convoquen a la población, en la medida que incorporan los problemas y soluciones que la afectan directa y cotidianamente.

Resultaría necesario poner la información y los conocimientos urbanísticos al alcance del ciudadano y de los agentes o grupos sociales organizados para que el mensaje informativo produzca un efecto social, favorecido por un código claro, pedagógico y fácil de ser difundido a fin de obtener el consenso de la sociedad.

* Director de la carrera de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Belgrano


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