viernes 02 de diciembre de 2022
SOCIEDAD Efemérides 20 de octubre

La historia increíble detrás de la famosa capa negra de vampiro que vistió Béla Lugosi en “Drácula”

La capa de vampiro que vistió el actor que interpretó al personaje de Bram Stoker es el mayor objeto de culto del género de terror. Se creía que envolvía los restos mortales de Béla Lugosi, que murió atormentado por el personaje, hasta que la auténtica llegó a una subasta y se la dio por perdida. Reapareció y desnudó una historia increíble.

Hoy hay pronóstico de tormenta y es el mejor día para recordar a Béla Lugosi, el actor de Drácula que nació un 20 de octubre, hace 140 años, en la ciudad húngara de Lugos, ya tan inmortal como su personaje. 

Béla Ferenc Dezsö Blasko, como decía su doble ciudadanía húngara y estadounidense, fue el actor más icónico que dio vida al personaje de la novela de Bram Stoker, el vampiro que chupó por completo la vida de Béla Lugosi, a pesar de su resistencia de décadas a entregarse a la seducción del personaje.

Ni siquiera participando en sátiras y películas infantiles o incluso acompañando a Greta Garbo, en Ninotchka, logró eludir el hechizo del personaje del conde hematófago, creado por el irlandés Bram Stoker en 1897, fogoneado por otro conocido diablillo de la época, Lord Byron.

Castillo de Drácula en Rumania
El castillo que agigantó la leyenda de Drácula, en Rumania, y se atribuye erróneamente a Vlad Tepes, "el empalador".

Ninguna de las 86 películas que atravesaron la carrera cinematográfica de Béla Lugosi llegaron siquiera a empalidecer su interpretación tan solemne como expresiva y temeraria del conde enamorado incapaz de escapar a su instinto sangriento.

Y si no hubiera sido porque el rodaje de Drácula, en 1931, bajo las órdenes de Tod Browning, lo dejó sin aliento y sin tiempo para procesar una popularidad instantánea y voraz, tal vez le hubiera dicho que sí al Frankenstein (1931) de James Whale, rol que sólo rechazó por cuestiones de ego: un monstruo tan maquillado impediría a sus fans reconocerlo detrás del freak deforme de laboratorio.
De haberlo hecho, hubiera tenido en sus manos el monopolio hollywoodense del terror de los años 30 y 40. 

 

Béla Lugosi, un Drácula con capa 

Generoso, al fin, su paso al costado permitió que llegara a los primeros titulares un actor hasta entonces del montón en películas de mafiosos, Boris Karloff, otra joyita en construcción.

En definitiva, entre ambos iconos del terror quedó repartida la dote de otro tótem del género, Lon Chaney, “el actor de las mil caras”, actorazo del cine mudo, inspiración de varias generaciones –incluido el Guasón-, que tuvo el mal tino de morir en vísperas del rodaje de Drácula, cuando ni siquiera había llegado a los 50 años. 

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(De izq. a der.) Bela Lugosi, Boris Karloff y Lon Chaney, el tríptico del cine de culto al terror.

Buen ejemplo de eso que reza “cuando se cierra una puerta se abre una ventana…” y si es con suspenso y terror, mejor.

Aun así, Béla Lugosi no se privó de protagonizar El hijo de Frankestein (1939), El fantasma de Frankestein (1942), Frankestein se encuentra con el Hombre-Lobo (1943) y Abbott y Costello encuentran a Frankestein (1948) para dejar en claro quién era el verdadero monarca del miedo antes de que llegaran los excesos del cine gore.

En realidad, cuando Béla Lugosi triunfó en Hollywood de la mano de Tod Browning, ya tenía a Drácula metido en la piel, porque lo había interpretado 261 veces en el Teatro Fulton de Nueva York, entre el 5 de octubre y el 19 de mayo de 1928. 

Fue ese su primer protagónico en Estados Unidos, mientras su voz cavernosa resonaba agigantada por su torpe inglés. Qué mejor que encomendarle esa misión terrorífica sobre las tablas a un auténtico pura sangre, transportado directamente desde la tierra del Empalador Vlad Tepes?

 

La  historia increíble de Béla Lugosi

Béla Lugosi era un actor de carrera. Cuarto hijo de Paula de Vojnich y Béla Ferenc Dezso Blaskó, un banquero de muy buen pasar, pudo estudiar arte dramático en Budapest y enseguida brilló como revelación teatral y promesa del cine mudo húngaro, trabajando bajo el nombre artístico de Arisztid Olt. 

Comprometido a pleno con su vocación, mientras se hacía pedazos la carrera política de Carlos I de Austria, IV de Hungría, III de Bohemia y IV de Croacia, el último emperador del Imperio austrohúngaro, Béla Lugosi agitaba el gallinero húngaro para crear un sindicato de actores. Un sueño que no le costó la cárcel porque se exilió antes de que cayera el fugaz gobierno comunista de Béla Kun, en 1919. 

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Bela Lugosi en Spooks Run Wild (1941).

Luego de una fugaz estadía en Viena, Alemania fue su primer destino como expatriado y Lugosi llegó a Berlín con su primera esposa, Ilona Szmik, quince años menor que él. En verdad, él quería hacer su América, pero ella, no. Se separaron. 

Como ayudante a bordo, el actor húngaro pagó el costo de su pasaje en el barco a vapor que lo dejó en Nueva Orleans en diciembre de 1920. El 23 de marzo de 1921, los funcionarios de Ellis Island estamparon en sus papeles el sello de inmigrante y en una Nueva York que por entonces estaba abierta a todas las posibilidades, en días se reencontró con Ilona Von Montagh, otra actriz húngara, diecisiete años menor que él, que ya tenía contactos con un empresario teatral alemán.

Lugosi y la segunda Ilona de su vida, protagonizaron en el Thirty-Ninth Street Theatre de Nueva York una comedia teatral, Casi casado, ¡en húngaro! y en septiembre de 1921 ya estaban totalmente casados. La crítica los acompañó y mientras a Lugosi lo bautizaban “el Valentino de los escenarios”, ella declaraba que él era “el amante perfecto, el marido pobre”.

Rodolfo Valentino
Por su éxito con las mujeres, se comparaba a Lugosi con Rodolfo Valentino (1895-1926).

Se separaron, claro. Bela Lugosi seguía trabajando mientras se acrecentaba su fama de amante desenfrenado. Tiempo después, en julio de 1929 y de gira por San Francisco, las revistas del corazón decían que el actor húngaro se había separado de su tercera esposa, Beatrice Weeks, con el mismo vértigo con que habían unido sus vidas para siempre apenas un año antes. Para entonces, Béla Lugosi ya tenía un amorío con la actriz Clara Bow.

Siguieron dos matrimonios más: con Lilian Arch, en 1933, y duró veinte años. Ella fue la madre de su hijo Béla George Lugosi (1938), que es abogado. En 1955 se unió a Hope Lininger, pero Bela Lugosi murió un año más tarde.

 

Drácula, la capa y más castillos

Mientras el actor de Transilvania rompía corazones femeninos de igual modo que Drácula en la pantalla, no dejaba de rodar frenéticamente. 

El doble asesinato en la calle Morgue (1932), La isla de las almas perdidas (1932), El beso de la muerte (1932), Casa internacional (1933), Satanás (1934), La marca del vampiro (1935), El cuervo (1935), La novia del monstruo (1955), sólo por nombrar apenitas algunos templos del terror. 

Cada nuevo año Bela Lugosi filmaba más películas que el anterior y en 1942, protagonizó ocho cintas. Su mirada fija de ceja alzada y ceño fruncido, paralizaba; sus galanterías y la indiscutible elegancia de su metro ochenta y cinco en smoking seducían; ya era un consagrado aristócrata del miedo más aterrador, un auténtico príncipe de las tinieblas

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En El ladrón de cuerpos (1942).

 

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En Voodoo man (1944)

 

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Spooks Run Wild (1941), una comedia de terror que le permitió burlarse de su propio rol legendario. 

 

A pesar de la repercusión, Béla Lugosi quería escapar del estereotipo del monstruo. Sabía cuánto lo encasillaba ese personaje, aunque se tratara de un monstruo bien vestido.

Tampoco tenía billetera para dejar de trabajar. Aunque Drácula y sus secuelas salvaron a los estudios Universal de la quiebra y los posicionaron como el mejor para hacer cine fantástico, Bela Lugosi no se enriqueció. 

Según alguno de sus biógrafos, estaba quebrado: sólo dejó US$ 1.900 en el banco y algunas propiedades que a mediados del siglo XX, sólo valían US$ 1000. 

Aunque le deba su inmortalidad al vampiro de Transilvania, interpretar a Drácula y sus variantes le crispaba los nervios. Cuando murió el 16 de agosto de 1956, ya se creía un vampiro y su personaje lo había tragado por completo, lo perseguía post mortem y su última película, Plan 9 from Outer Space, se estrenó después de su muerte. Para algunos críticos, el film de Ed Wood es una de las peores películas de Béla Lugosi. En su momento, fue un absoluto fracaso de crítica y taquilla, pero hoy es una película de culto dentro de la ciencia ficción y el terror. Lugosi murió en plena filmación y para poder terminar el rodaje, Ed Wood tuvo que inventar un reemplazo. Las escenas son desopilantes.

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Plan 9 del Espacio Exterior se estrenó tres años despues del fallecimiento de Béla Lugosi.

La historia detrás de la capa de Drácula

Aunque morir pudo haberlo librado del tormento de vivir en la piel de Drácula, familiares y amigos sugirieron enterrarlo rodeado de la parafernalia de su vampiro y envolvieron su cuerpo con la famosa capa negra. 

Su tumba se encuentra en el cementerio católico de Holy Cross en la ciudad estadounidense de Culver City, está junto a la de otras figuras de Hollywood: Sharon Tate, Rita Hayworth, John Ford, el actor cómico Mack Sennett, Fred MacMurrey y Bing Crosby entre muchos otros. 

En 2011, una noticia hizo sacudir su féretro y su leyenda: su icónica capa negra de seda, la misma que usó para el rodaje de la película de 1931, se subastaba con una base de US$ 1,2 millones y pensaban venderla por no menos de US$ 2. 

¡¿Cómo?! ¿Su capa no estaba bajo tierra?  Su hijo tuvo que salir a confesar que, en realidad, la auténtica estaba en su casa y que su lúgubre mortaja de vampiro era una de las tantas capas que había usado en otras películas posteriores a la de Tod Browning. 

Un museo que rinde homenaje a Hollywood
The Academy Museum of Motion Pictures, en Los Angeles.

Finalmente, el 21 de octubre de 2019, The Academy Museum of Motion Pictures anunciaba que se estaba levantando en Los Angeles el museo más completo de la historia del cine de Hollywood, con 3.500 artículos memorables. 

La pandemia retrasó la obra sobre 6067 Wilshire Boulevard, pero finalmente el museo se inauguró el 30 de septiembre del 2021.

Entre su invalorable patrimonio, atesora la auténtica capa del Conde Drácula de Bela Lugosi, que el fundador y director del museo, Kerry Brougher compró a su hijo.

“Es importante para nosotros como museo poder restaurar y salvaguardar este artefacto, especialmente sabiendo que gran parte de la historia material del ciclo de terror clásico se ha perdido para siempre. Estamos profundamente agradecidos con la familia Lugosi por confiarnos un tesoro que significa tanto para ellos”, dijo Jessica Niebel, curadora del museo.

 “Esta adquisición sobresaliente representa simultáneamente al personaje del Conde Drácula como ícono cultural y a la vida y carrera de un actor extraordinario, Bela Lugosi”, concluyó.

MM/fl