Política

1951: Evita y la rebelión de los obreros ferroviarios

En el libro "De Perón a Montoneros" de Marcelo Larraquy, cuenta el conflicto ferroviario que se vivió durante el gobierno de Perón y la represión en los talleres del sur. Aquí un extracto:

13-10-2026 | 19:49

(...) Otro conflicto que fue in crescendo en forma simultánea al complot militar fue el de losobreros ferroviarios. Hasta 1949, la política de control de precios sobre los productos de consumopopular y los subsidios estatales del peronismo habían generado un aumento neto del sesenta porciento en el salario obrero. Pero la economía empezó a presentar síntomas de agotamiento. Elcrecimiento industrial se detuvo, cayeron los precios de las exportaciones y se deterioraron elintercambio comercial, y también el consumo popular. La nueva redistribución del ingreso fue cadavez más difícil de sostener. Fue el fin de la prosperidad de posguerra.

Las demandas obreras no cedían y no bastaba el arbitraje oficial para contenerlas. La políticalaboral del peronismo se endureció: suspensión de convenios colectivos de trabajo, congelamiento desalarios, fin de subsidios a empresas.

Las comisiones internas de las fábricas que no aceptaban las nuevas reglas y reclamaban por lasconquistas laborales fueron puestas bajo vigilancia.

La plantilla ferroviaria fue una de las más observadas. Para no quedar prisioneros delverticalismo peronista, se opusieron a la intervención de su gremio por parte de la CGT. En enerode 1951 se lanzaron a la huelga. Cuarenta dirigentes fueron cesanteados. Según Perón, la huelgacomprometía la “seguridad del Estado” que había convertido en ley. La medida de fuerzafue encuadrada como un acto ilegal. Ya estaban prevenidos. “Será reprimido con prisión deseis meses a tres años el que, en cualquier forma, promoviere la declaración de una huelga deempleados u obreros que presten servicios en reparticiones oficiales o empresassemifioficiales”.

Esto incluía a los ferroviarios: los trenes eran del Estado. Habían sido comprados a lascompañías inglesas en 1947. Para los obreros de empresas privadas, las penas con prisión seextendían desde dos meses hasta tres años.

La huelga había dejado de ser un derecho de los trabajadores. Se había transformado en un crimenpolítico.

Evita, que era la garante implícita de la relación entre Perón y los trabajadores, se involucróen forma personal en el conflicto ferroviario. En una oportunidad, secundada por tres autos negros,fue hasta la sede del gremio de la seccional Remedios de Escalada, en Lanús, para reclamar lavuelta al trabajo. Encontró las puertas cerradas: nadie la recibió. Entonces se dirigió a laestación de trenes, se paró en el andén y convocó a los obreros. Poco a poco fueron saliendo de lostalleres para escuchar su palabra. Los de Remedios de Escalada estaban entre los más grandes delpaís. Trabajaban en ellos cerca de cinco mil personas. Evita les pidió que levantaran la huelga ennombre de Perón. Un obrero socialista la retrucó. Evita se ensañó con él. Los obreros, finalmente,rechazaron su propuesta. Evita los mandó a “la puta madre que los parió a todos”. Esodijo. Les advirtió: “Aténganse a la represión”. Y se fue.

No era una amenaza lanzada al azar.

Al día siguiente, los huelguistas debieron soportar la razia policial que se abalanzó sobreellos. Perón estaba indignado con la continuidad de una huelga que provocaban “dos milagitadores” con la anuencia de 148.000 indecisos. El conflicto se militarizó. Losferrocarriles se militarizaron. El que no fuera a trabajar sería procesado por violar la Ley deSeguridad del Estado y juzgado por el Código de Justicia Militar.

La movilización de tropas en los lugares de trabajo fue reduciendo la fuerza de la huelga. Hubomiles de despidos, cerca de dos mil detenciones. Trescientos obreros fueron encarcelados endistintos penales.

Pero la protesta se retomó algunos meses después. Los ferroviarios seguían en prisión desdeprincipios de año; la sede gremial de La Fraternidad (socialista) había sido asaltada y saqueada.El descontento persistía con huelgas parciales, señales rotas, choques de locomotoras y trenesfuera de servicio.


En agosto de 1951 los civiles que conspiraban contra Perón buscaron la coincidencia entre la protesta ferroviaria, la agitación estudiantil yla insubordinación militar de Menéndez.

Uno de los apéndices civiles que intentó unir las partes fue Juan Ovidio Zavala, dirigenteradical de procedencia universitaria. Zavala tenía un grupo llamado “QuintoRegimiento”. Su “comisión técnica”, integrada por estudiantes de Ingeniería y deQuímica, fabricaba bombas en un laboratorio céntrico. Zavala editaba periódicos clandestinos einterfería las ondas radiales. Ya había cometido varios atentados contra el peronismo: una granada—que no estalló— para descarrilar un tren de campaña que movilizaba a Perón en laselecciones de 1946; una bomba de humo, guardada en una petaca, en una función de gala en el TeatroColón para importunar la presencia de Perón y Evita; una bomba contra el consulado español y unaherida de bala contra un policía, en medio de un cruce violento con militantes de la ALN.


Para la época de la huelga ferroviaria, en agosto de 1951, Zavala era uno de los referentesciviles de la insubordinación militar. Había pasado a la acción: colocó “caños” degelinita sobre las vías y provocó destrozos. (...)

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