La diplomacia argentina volvió a ser noticia en el plano internacional y consolidó su papel de "lobo solitario" en los pasillos de las Naciones Unidas. En una nueva muestra de su drástico giro geopolítico, la administración de Javier Milei decidió votar en contra de una resolución clave destinada a blindar el accionar de la Corte Penal Internacional (CPI). El posicionamiento dejó al país ubicado en una minoría extrema y despertó un fuerte rechazo en los sectores de la oposición, que advierten sobre el quiebre de los consensos históricos.
Los números del tablero en la Asamblea General fueron contundentes. La resolución A/81/L.11, que buscaba respaldar el informe del tribunal y condenar cualquier tipo de amenaza, ataque o interferencia política contra sus investigaciones, logró un abrumador apoyo de 93 Estados. Del otro lado, 36 naciones prefirieron la abstención y apenas 13 países, con Argentina entre sus filas, apretaron el botón rojo para darle la espalda a la iniciativa.
A partir de este hecho, el ex canciller Jorge Taiana se manifestó en redes sociales y calificó el episodio con dureza: "Nuevo bochorno diplomático argentino en la ONU". Según expuso el dirigente en su cuenta de X, la directiva de ir a contramano de la mayoría global fue una orden directa del actual ministro de Relaciones Exteriores, Pablo Quirno, hacia el embajador argentino ante el organismo, Fabián Tropepi.
Este rechazo encaja perfectamente en la nueva doctrina exterior que impulsa la Casa Rosada. Desde su asunción, Milei dejó en claro su intención de alinear al país con las agendas de Estados Unidos e Israel, incluso si eso implica dinamitar puentes. Esta estrategia viene generando fricciones constantes en la ONU, donde la delegación nacional acumula varias votaciones polémicas que la alejan del resto del mundo.
La controversia cobra un peso mayor por la entidad que estaba en el centro del debate. La CPI es el tribunal permanente nacido del Estatuto de Roma que se encarga de delitos gravísimosjuzgar delitos gravísimos como genocidios, crímenes de guerra y de lesa humanidad. En los últimos años, sus decisiones quedaron bajo la lupa de distintas potencias, lo que motivó a la ONU a redactar este texto de protección institucional que el Gobierno decidió ignorar.
“La ONU realiza una labor que nadie más puede hacer”
Entre el alineamiento automático y la tradición quebrada
Para los críticos de la gestión libertaria, el problema de fondo no es solo a quién se intenta complacer con los votos, sino los principios que se abandonan en el camino. Al hacer pública su indignación, Taiana advirtió que con esta postura el país "votó en contra de sus intereses y su tradición diplomática", algo que Argentina había forjado a lo largo de décadas en materia de justicia internacional y defensa de los derechos humanos.
La orden de oponerse a una declaración que simplemente pedía frenar las amenazas contra un tribunal independiente reabre el debate sobre cuáles son las verdaderas prioridades de la actual Cancillería. El Ejecutivo parece dispuesto a pagar el costo político de la soledad en los foros globales con tal de mantener una agenda que sintonice exclusivamente con la mirada de sus aliados preferidos del Norte.
Mientras la administración nacional defiende su rebeldía frente a lo que considera una agenda multilateral desgastada, la acumulación de estos traspiés diplomáticos plantea un interrogante a futuro: hasta qué punto le resulta negocio a la Argentina aislarse sistemáticamente de la comunidad internacional en temas de semejante sensibilidad.
TC









