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Dictadura, indiferencia y el duro camino a la verdad

A 33 años del golpe y el horror, analizar lo que ocurrió deja conclusiones. La más importante, la obligación de velar por la democracia y el entendimiento entre los argentinos, apelando a la educación como factor fundamental.

22-08-2026 | 06:21

Hoy se cumplen 33 años de aquel fatídico día de la última y más feroz interrupciónconstitucional que nuestro país haya sufrido. Siempre me causó sorpresa y curiosidad la forma enque muchos argentinos vivieron aquella infame jornada, con naturalidad, aunque es cierto que en elpaís el quiebre institucional era una costumbre desde 1930. Por aquel entonces, en la Argentinacomo en otros países regidos por dictaduras, el silencio, la falta de compromiso y la indiferenciaciudadana eran los factores comunes que hacían que el terrorismo de Estado pasara inadvertido,mientras aquellos que lo habían padecido en carne propia golpeaban infinitas puertas en busca derespuestas que se les negaban, siendo tratados casi como parias sociales o dementes.

Ante esta realidad, es ineludible contemplar los efectos directos de ese accionar del terrorismode Estado en mi caso propio y en la vida de otros jóvenes que padecieron similares circunstancias.Todos nosotros fuimos alcanzados por un tipo de daño más sutil y perverso, al sustituirse nuestrasidentidades y privársenos de nuestra verdad e historia. En mi caso personal aún me encuentro enmitad del camino en la reconstrucción de esa verdad.

Siempre fui un curioso de la historia y la política, y de cómo las sociedades evolucionan anteesas realidades. Siempre me intereso saber cómo el poder, la codicia, y el odio llevan a romperlímites morales. Siendo la democracia el único sistema que aún con sus imperfecciones nos acerca alrespeto de los derechos humanos, es de vital importancia visualizar cuales son las pequeñas estafasmorales que, en su propio seno, hacen que se rompa la institucionalidad o que los ciudadanos notengan acceso a la información, poniendo en peligro los principios más sagrados de esta forma degobierno.

Es así que llegue a algunas conclusiones personales en cuanto a los hechos de la dictadura, quetienen que ver con las fuerzas oscuras que rigen las almas de quienes enceguecidos de poder ponenlos fines por encima de los medios, con esos perversos mecanismos que los sistemas de valoressociales ponen en marcha, convirtiendo lo inaceptable en norma. Una de esas conclusiones, tal vezla más importante, es que el alma humana es capaz de lo indecible cuando cierra su sensibilidad alotro, cuando lo convierte en un objeto, cuando no lo ve como un igual. Por eso las dictadurasbuscan quebrar los lazos solidarios en las sociedades, mediante el terror se instigan a la falta decompromiso y a mirar hacia otro lado. Es por esta razón que hasta las actividades más insospechadaspodían, en el final de aquel horror, ser vistas como “subversivas”.

Por eso que aún siendo la democracia un sistema imperfecto, es mi deber moral, espiritual,humano y cívico velar por su perfeccionamiento para que, salvando las distancias con aquellos días,no haya estafadores morales de turno que vengan a convencernos de que el fin puede justificar losmedios o argumenten que la falta de transparencia puede ser aceptada en pos de determinados logros.Es por ello que siempre intento velar por el entendimiento entre los argentinos y considero a laeducación como factor fundamental para conseguir una convivencia pacífica y próspera entre losdistintos estamentos de nuestra sociedad, porque abre las puertas a esa empatía tan necesaria.

* Especial para Perfil.com

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