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Fontevecchia y Verón: fundamentos discursivos del fenómeno antikirchnerista

El director de la Biblioteca Nacional y miembro del grupo Carta Abierta, dinfundió un texto crítico sobre EditorialPerfil.Solicitaba difusión y PERFIL se suma a la cadena publicando el texto.

22-08-2026 | 08:31

Me demoro un momento en un artículo reciente de Noticias, repleto de mala fe y forjado con el modelo de los afiches del far west: “buscados”. Se trata en él de lo que denominan las “usinasintelectuales del Gobierno”. Además de estar concebido como una orden de captura, su molde esla clásica retórica del periodismo amarillo: la suficiencia de un saber (“cómofunciona”); la presuposición de una confabulación (“la usina”) y el anuncioperdonavidas de un concepto prejuicioso y potencialmente persecutorio (“ideológica” delGobierno). No nos sorprende esta conocida fusión entre periodismo y cacería. Pero como verdaderasherencias del amarillismo de derecha, mantiene pretensiones culturales. Es necesario entonces hacerotras consideraciones.

La pregunta sobre cómo se financia la “usina” pertenece al campo del amarillismosemiológico: algo se haría en sigilo, a nuestras espaldas, y necesitamos saberlo. Dicho en otraspalabras, este periodismo del bajo folletín es también una degradación de la investigaciónperiodística, convertida en una transposición de lo que se llamó así en el pasado inmediato. Nodesentrañar secretos y olvidos que afectan a una verdad, sino enmarañar la verdad para que seolviden los efectivos poderes que están en juego. La vieja expresión, amarillismo, forjada hacecasi más de un siglo, presupone trabajar con el color más intenso para despertar las sospechasoscuras del folletín.

El sentido general de esta nota obtusa remite al esquema de fondo de la Editorial Perfil: lasacciones sociales son investigables, por principio, en nombre de presuponerlas fundadas en unaestructura general de corrupción. Quien las investiga es un neocruzado que hereda el amarillismo dela prensa puritana de finales del siglo XIX, en el que se piensa que el mundo sólo puede serredimido por la homilía periodística. Todo ésto como recomposición del capitalismo ascético.

Las excepciones de Walsh en la Argentina y Raymond Chandler o Dashiell Hammett en Estados Unidos–donde la investigación la realiza un hombre débil, juguete de los acontecimientos y quetermina pagando el precio de su osadía– no pueden ocultarnos que el poder periodístico másinjusto y negligente es el que mantiene ahora el arquetipo de la revelación del escándalo.

(*) Sociólogo y director de la Biblioteca Nacional.

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