Política

Luis Majul: “Lo de Víctor Hugo fue un golpe bajo y artero”

A pedido de Perfil.com, el autor de El Dueño reflexiona sobre la polémica con el relator.

13-10-2026 | 15:26

El martes pasado, en el auditorio del anexo del Congreso de la Nación, el prestigiosocomentarista y relator de fútbol Víctor Hugo Morales hizo algo que sorprendió a la mayoría de lospresentes y dejó atónito y triste a quien esto escribe. Morales descalificó a El Dueño con un tono agresivo. Dijo, entre otras cosas: “Llamar investigación allibro de Luis es faltarle el respeto al periodismo de investigación”.

Fue un golpe bajo y artero. No porque no tuviera derecho a criticar lainvestigación, sino, entre otras cosas, porque el 3 de febrero pasado, en una nota que le hice paraLa Red con motivo de su pedido de disculpas a Néstor Kirchner por haberlo criticado alcomprar dos millones de dólares en un día, y sin que nadie se lo pidiera, mencionó a El Dueño como un ejemplo de texto que señala los “comportamientos éticos de quienesgobiernan”. Es decir: no lo alabó. Pero tampoco lo despreció, como lo hizo ahora, en suprimera intervención.

Pero mi tristeza no es por eso. Todo el mundo tiene derecho a criticar lo que lo le gusta.Pero, ahora que pasaron las horas me quedó muy claro que Víctor Hugo no había venido a debatirsobre los riesgos del periodismo de investigación, el verdadero motivo de la convocatoria, sino aatacar al libro al que Néstor Kirchner ya había ordenado descalificar. Y lo que es más tristetodavía: a poco de comenzar, quedó en evidencia que no lo había leído. O que por lo menos no lohabía hecho con el detenimiento necesario como para desautorizarlo con semejante certeza. JorgeFontevecchia, en el mismo encuentro, había sido igual de provocador, pero más educado, al plantearque en el periodismo de investigación “nunca hubo tan poco riesgo como hoy, con un gobiernodebilitado y el 80 por ciento de la opinión pública en contra”. Esa hipótesis sí que meresultó apasionante y digna de discutir más a fondo. El fundador de Noticias presentó su hipótesisen la misma mesa en la que estaban sentados Nelson Castro, a quien hace poco más de un año casidejan sin su programa de radio, a Joaquín Morales Solá, a quien no hace mucho criticaron desde elatril presidencial, a Daniel Santoro, a quien le pincharon el teléfono según comprobó la justicia,y a él mismo, a quien, si no me equivoco, el gobierno sigue discriminando al no colocar en susmedios publicidad oficial.

¿Por qué sospecho que Víctor Hugo Morales atacó a El Dueño de manera premeditada? Porque empleó el mismo método que antes habían usado eljefe de gabinete, Aníbal Fernández, el recaudador de impuestos, Ricardo Echegaray y el filósofoobnubilado con “Cristina y con Néstor”, José Pablo Feinmann, quien tampoco se habíatomado el trabajo de leer el texto. Solo lo ningunearon, igual que hicieron con Patria o Medios, el libro de Edi Zunino. Lo mismo que hizo el martes, en el auditorio, demanera descomedida, el propio comentarista de Radio Continental con ¿Qué les pasó?, el reciente libro de Ernesto Tenembaum, un trabajo excepcional queconstituye un fuerte cachetazo político para Kirchner y la Presidenta. No incluyo aquí la livianareferencia que escribió Horacio Verbitsky el domingo 28 de febrero en Página 12 sobre “un libro de verano, que se lee tan rápido como se olvida (y que)sostiene que el de los Kirchner fue el gobierno más poderoso de la historia argentina”,porque no especificó a que trabajo se refería. Si debo decir que lamento, de verdad, que Horacio nosiga investigando con la misma pasión con la que lo hacíamos en los malditos años noventa. Aunquealgunos de sus viejos libros, a veces, no tengan la sintaxis necesaria como para ser leídos sindificultad.

Tengo el mismo afecto por Víctor Hugo que él dice manifestar por mí. De hecho, creo ahora consinceridad que él mismo tomó conciencia de que había sido más papista que el Papa. Porque en susegunda intervención, intentó equilibrar la embestida al afirmar que el libro tenía muy buenasentrevistas y que se lo podía tomar como un texto de consulta. Como el ambiente, en el auditorio,había quedado enrarecido, le escribí un mail que reproduzco acá solo porque me enteré que lo habíamencionado ayer en su programa de radio:

Querido Víctor Hugo:

Gracias por haber compartido tan interesante charla. Lamento la intensidad del cambio depalabras. Me disculpo de antemano si el énfasis en la defensa de la investigación pudo haberteenojado. La vida tiene muchas vueltas. Seguramente nos encontraremos en alguna de ellas.

Pero ahora que la tensión ya pasó hablemos en serio y con precisión. ¿Por qué Morales, unespecialista en el relato de partidos de fútbol, un hombre de sanas inquietudes culturales pero queno parece conocer la técnica del periodismo de investigación se metió en semejante laberinto? Estáclaro que no es lo mismo leer un libro para escribir su prólogo, como lo hizo con el de anécdotasde El Bambino Veira, que analizarlo en detalle para ejercer el interesante oficio de la crítica. Sesupone que un buen libro de investigación, elaborado con honestidad intelectual, tiene que tener,revelaciones periodísticas, buena información, contexto político y social, y el rigor necesariocomo para ser defendido en los tribunales, si es preciso.

El martes, aunque ese no era el motivo del debate, me vi obligado a defender mi trabajo, comosi estuviera en un aula de la facultad. Entonces tuve que explicar que la principal materia primadel periodismo de investigación eran los datos, y no la opinión. Le pregunté a Víctor Hugo sirecordaba con qué dato empezaba El Dueño, porque quizá era uno de los más fuertes del libro. Pero no lo recordaba. Leinformé que era una denuncia inédita por el cobro de una coima del 20 por ciento de un crédito detres millones de dólares a una empresa naviera, decisión en la que habían participado NéstorKirchner y Lázaro Báez. Le hice notar que, enfrente suyo, en la primera fila, estaba quien la habíadenunciado, Eduardo Ariel Arnold, el hombre que gobernó Santa Cruz con Kirchner durante ocho años.Pero no lo conocía. Le comenté entonces, que un par de butacas más allá se encontraba ManuelGarrido, el ex fiscal de Investigaciones Administrativas que tuvo que renunciar después de haberdenunciado que la declaración jurada del ex presidente estaba floja de papeles. Pero tampocoparecía conocerlo.

Antes, Víctor Hugo había explicado por enésima vez porqué creía que era una canalladasospechar de la compra de dos millones de dólares que hizo Kirchner. Lo vergüenza que sentía alrecordar que el ex jefe de Estado se había tomado el trabajo de explicarle, a través de un mail,que habían sido adquiridos de buena fe, para comprar acciones de Hotesur, le empresa dueña delHotel Alto Calafate. Entonces le tuve que aclarar, ayudado por la memoria, que Kirchnerdebería explicar porqué necesitó comprarlos si, según su declaración patrimonial, tenía adisposición 4 millones de dólares líquidos en su cuenta. Y que también debería explicar si nocontaba con información privilegiada porque los documentos demuestran que los adquirió días antesde anunciar la estatización de las AFJP, medida que bien pudo haber provocado una considerable subadel tipo de cambio.

Para argumentar que El Dueño es un libro marketinero , Morales dio dos ejemplos contenidos en dospáginas distintas. En uno cuestionó, como si fuera un experto en la materia, el uso deltérmino “fuentes confiables”, pero no se detuvo en el contenido de la información. Enotro pareció molestarle los ejemplos que demuestran que la Presidenta Fernández tiene unafuerte dependencia psicológica, además de política, de Néstor Kirchner. Cuando me tocó el turno, lepregunté a qué páginas de se refería, pero tampoco me respondió. Uno de los organizadores delencuentro tuvo la fortuna de recuperar el ejemplar que el colega había usado para desacreditar mitrabajo. Se trata de las páginas 285 y 439. Para no aburrir a los lectores de Perfil.com, solo diré que si Víctor Hugo se hubiera tomado el trabajo de leer laadvertencia que se encuentra antes del prólogo en la página 12, habría comprobado que las fuentesde información de ambos episodios están identificadas de la manera correcta, según aconseja, porejemplo, el Manual de Estilo de el diario El País de Madrid (a mi criterio, uno de los mejores periódicos de habla hispana).

No creo que Víctor Hugo haga las cosas por interés. Y reconozco que su atractiva manera dehablar puede generar la falsa sensación de que está diciendo verdades absolutas e irrefutables. Meatrevería a sugerirle, sin embargo, que no repita, como si fuera una hazaña o una virtud, que hacediez años que no lee Clarín. Para ejercer el periodismo con seriedad y comparar datos hay que leer todo lo quese pueda. Incluso el diario que no comulga con sus ideas. El no hacerlo, por más bronca que unotenga, habla de cierto autoritarismo y una falta de profesionalismo que no se condice con eldiscurso habitual de Víctor Hugo.

Algunas mañanas escucho a Morales. En serio: dice las cosas en un tono que a veces parecencertezas incontrastables. Lo disfruto, por ejemplo, cuando sale desde Venecia y habla delcarnaval. Porque después me queda la sensación de que estuve allí, con un amigo de hace años.Pero no me pasa lo mismo cuando habla de política. Porque no puedo entender, por ejemplo, como unhombre tan inteligente, honesto, informado y con opinión, justifica la corrupción de este gobiernocon unas cuántas palabras huecas, al sentenciar “Todos poder es corrupto. Eso no es ningunanovedad”.

Cuando pasa eso, y últimamente pasa bastante seguido, cambio de radio, pienso un poco yconcluyo que a Víctor Hugo Morales le pasa lo que a Kirchner, a Cristina y a gente que ha sido tanprestigiosa como Feinmann: a veces se enamoran de su propia voz, de sus propios textos y de susviejas obsesiones. Y entonces el enorme ego no les permite ver que hay otro mundo, otras ideas yotros textos, más allá de los de ellos.

(*) especial para Perfil.com

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