No son los políticos, ni mucho menos los opositores, sino que es la realidad la que ha comenzadoa cercar a Néstor Kirchner, tras haberle dejado disfrutar de un par de rugidos altisonantes, luegode que se lamiera las heridas que le produjo la elección del 28 de junio.
Mientras hoy en Olivos el ex presidente vive en su propio planeta, masculla su bronca contra laprensa y mantiene enroscado su pensamiento en cómo no dar un paso atrás en el Senado con referenciaa la ley de medios, la calle ha comenzado a ponerse efervescente, mientras que la Administración,en puntas de pie y casi como para que él no se entere, se está queriendo subir al mundo y generauna contracara de menú catalogado de noventista, conjunción que debería revolverle el estómago amás de un fiel seguidor del kirchnerismo, porque suma dos elementos de triste recuerdo para suideario: represión y FMI.
Está más que claro a esta altura de los acontecimientos, que con el apoyo popular que surgede las encuestas por el piso y con la chequera deteriorada, ya Kirchner no es más rubio y de ojosazules para nadie y que por eso se le animan cada día más desde todos los frentes, incluidos losinternos. También los indicadores de inflación, recesión y desempleo han hecho lo suyo para limaral matrimonio gobernante en la consideración pública y para sumarle fichas al ardor popular en sucontra, aunque en el INDEC se mueran de risa de la opinión pública al decir, como se dijoimpunemente en la semana, que la pobreza se redujo, pese a que todos esos indicadores en líneademuestran lo contrario. En todo caso, si bien la ocupación de la calle, de las empresas, de lasescuelas y de las universidades siempre fue una constante en tiempos de los Kirchner, el principalproblema para adoptar ese camino de amplia tolerancia hacia esos delitos, que ahora muestra suslímites, bien pudo no ser ideológico, sino una notoria falta de equilibrio e impericia a la hora deelegir las políticas adecuadas para gobernar, algo que le está jugando en contra al matrimonio encasi todos los renglones.
Por eso, desde posiciones de izquierda se le están pasando amplias facturas al matrimonio, yaque no pueden entender como un gobierno que se dice progresista y popular, que les dejó liberado elcampo desde siempre para congraciarse y que probablemente usó dineros públicos para controlarlos,ahora no actúa como tal y se somete a los designios de los factores de poder que ellos detestan,como las empresas y la CGT, desde donde Hugo Moyano tildó a quienes tomaban la fábrica de la exTerrabussi de "fuerzas de la ultraizquierda".
El jefe cegetista actuó además de modo corporativo, ya que el problema sindical se está dandocada vez con mayor asiduidad en comisiones internas que no responden a sus gremios, como lostrabajadores de subterráneos con la UTA, los petroleros del Sur con el SUPE y ahora con estosdelegados, que están enfrentados con el sindicato de la Alimentación.
Además, la toma de la fábrica de galletitas estuvo complementada con cortes de la Ruta 9 a laaltura de Escobar y con cierres de puentes y accesos a la Capital Federal, más clausuras deesquinas emblemáticas de la Ciudad, que el gobierno de Mauricio Macri endilgó a la Casa Rosada, loque abre otro frente de conflicto político por la Policía Metropolitana, mientras los ciudadanos,que saben como son las cosas, aislados y cada vez más alterados por la situación, siguieronaumentando la temperatura contra el gobierno nacional.
En cuanto a las fuerzas de izquierda más radicalizadas que empujan los copamientos, se hanencontrado con una novedad, que ahora también los reprimen, aunque el Jefe de Gabinete le hayacolgado ese mochuelo tan vejatorio al gobernador Daniel Scioli quien, al borde de los 50 puntos deimagen negativa desde donde dicen los expertos que es imposible volver, parece que está dispuesto aresistir, pese a los problemas económicos que abruman a la Provincia y aunque desde Olivos se dejetrascender que su tiempo como gobernador ya se agotó.
En relación al desalojo de la ex Terrabussi, desde posiciones más conservadoras se argumenta quelos desbordes siempre serán más evidentes, cuanto más se han jugado posturas laxas, tal laspolíticas kirchneristas de los últimos seis años de no criminalización de las protestas callejeras,aunque las mismas entorpezcan el paso de millares de personas y contrapongan el derecho deexpresión con el derecho de circulación. En una cuerda diferente, otro tanto le ha pasado alGobierno con los subsidios a los consumos de gas y electricidad: cuando existían a pleno,beneficiaban a los menos necesitados y ahora, al soltar el resorte, han sido calificados deinhumanos impuestazos.
Más allá de todos estos factores que hacen al extendido tedio social frente a un gobierno quenunca ha priorizado la gestión y menos las estrategias en casi ningún área de ejecución, lo que lomuestra a la vista de todos de bandazo en bandazo, hay todo un trasfondo que liga lo sucedido elviernes en General Pacheco con la visita de la Presidenta a los EE.UU.. algo que no conviene pasarpor alto, aunque por ahora se fundamente en ciertas especulaciones aún no comprobadas, pero queenlazan notoriamente los temas. En la diplomacia siempre se afirma que no hay casualidades sinocausalidades. Entonces, es imposible no relacionar las declaraciones que le hizo el viernes a DyNla nueva embajadora estadounidense en la Argentina, Vilma Socorro Martínez, en el contexto de unareunión de cuestiones sociales sobre trata de mujeres ("El desarrollo económico es muy importante y(también) los derechos de los inversionistas", señaló), con el hecho de que la alimenticia KraftFoods sea una empresa de ese país que se siente afectada en sus derechos. Los embajadores no soningenuos y cuando dicen una palabra es porque quieren decirla y que se note.
Tras la toma de la planta por el despido de unas 160 personas, algunos de ellos miembros de laComisión Interna y otros querellados penalmente por hechos de vandalismo, la producción estuvoparada por 37 días sin que las autoridades gubernamentales hayan hecho otra cosa que llevar a lalarga el conflicto sindical. Por eso, los ejecutivos de la empresa habían advertido que iban atrasladar sus penurias a la embajada de los EE.UU. y también se había dejado trascender que Krafthasta podía abandonar la Argentina.
En paralelo, la Presidenta se reunió el martes en Nueva York con una docena y media de empresasde los Estados Unidos y si bien la empresa no fue de la partida, el tema "flotó en el aire", comoasí también el de la ley de medios. En general, el periplo neoyorkino de Cristina no fue del todofeliz, ya que si bien no recibió críticas ostensibles, fruto de la seducción que intentó encararpara demostrar cierta voluntad de acercamiento, lo cierto es que por primera vez en muchos años nose pudo anunciar ni una sola inversión futura, salvo difusas promesas que la delegación argentinani siquiera se encargó de resaltar puntualmente.
Sin embargo, hubo algunas bajadas de líneas propias de su temperamento ideológico que, al menos,la hicieron sonar contradictoria. Por ejemplo, en su charla en la Universidad de Columbia, laPresidenta se dio el lujo de criticar sin pelos en la lengua la política de salvataje delpresidente Barack Obama "con un paquete de estímulos fiscales que algunos consideraron excesivo,pero que para mi gusto es todavía poco", dijo, mientras al día siguiente retó en público al exsecretario del Tesoro de la administración Clinton, Larry Summers por el extraordinario déficit quetienen los Estados Unidos, "un país que significa el 25 por ciento del PBI (mundial)". Pararematarla, frente a los empresarios, también dijo que Obama "debería ser más intervencionista, conperdón de la palabra" para atender los efectos sociales, entre ellos pérdidas de empleo y de lasviviendas, como si un activismo mayor no ahondara cualquier déficit.
Otro elemento que no puede quedar afuera para explicar el giro exterior de la Argentina haciaposturas menos combativas y menos heterodoxas es que el Gobierno debió tragarse el jueves pasado unsapo de pertenencia, ya que parece haber comprendido que si se quiere estar en las grandes ligas(el G-20) hay que sumarse al consenso y por lo tanto la Presidenta no pudo dejar de firmar eldocumento final de la Cumbre que aboga de modo preciso por otorgarle al hasta ahora odiado FMI lasupervisión de la economía mundial, organismo en el que los países emergentes se han llevado lazanahoria de que podrán incidir con sus votos un poco más (5%). Con todas las letras, y aunque nose menee aún la cuestión en materia de difusión interna y para placer del ministro Amado Boudou, loque ha hecho Cristina en Pittsburgh fue rubricar, junto a los grandes del mundo, un documento quedice que la Argentina -como todos los demás países- le abrirán las puertas al Fondo Monetario paraque determine "si las políticas aplicadas por cada país del G-20 son coherentes con lastrayectorias más sostenibles y equilibradas para la economía mundial".
Y para no dejar nada afuera en esta sucesión de hechos que se dieron en la semana, hay queconsignar que el periplo estadounidense fue coronado con al menos tres fotografías que la mostrarona la presidenta argentina radiante con Obama, una de ellas en un almuerzo en su mesa junto a SilvioBerlusconi, otra junto a su par estadounidense y su esposa y la tercera, en un abrazo fraternal querecorrió el mundo, fotografía que lamentablemente para el marketing oficial circuló casi ensimultáneo con la represión en Kraft. A veces, las casualidades pueden existir, pero en política esdifícil.
(*) Agencia DYN




