Sociedad

El extraño caso del tatuador denunciado por violación

Una joven denunció que fue violada cuando le hacían un tatuaje,. Por el supuesto hecho fue detenido el dueño del local que hace su descargo.

13-10-2026 | 14:54

La nota es en un día agobiador y radiante, a treinta minutos en subte de mi casa. Para el viaje,busco un libro que me aligere el recorrido. Elijo primero Los tadeys de Lamborghini, una novela queinventa una sociedad de animales imaginarios cuya única pasión consiste en fornicar con loshumanos, pero de inmediato pienso que si el dueño del local Shiva conoce la obra, quizá laconsidere una alusión de mal gusto. El sábado pasado, una joven de entre 25 y 30 años fue atatuarse a su negocio, al parecer se descompuso, una ambulancia del SAME la condujo al hospitalRivadavia. Luego las versiones parecen complicarse y difuminarse, se disuelven en una falta deestructura. Tal vez por eso opté por cargar una breve antología, el Libro de sueños de Borges,quizá como una manera de acercarme a un misterio algo más inquietante que los hechos mismos, que esla forma en que éstos se producen.

Letras y marcas. En un viejo cuento del insuperable maestro Junichiro Tanizaki, un tatuadorse enamora de una joven geisha atisbando entre la multitud el brillo suave de su piel blanca. Añosmás tarde la encuentra y le promete que si se deja tatuar por él le hará un trabajo capaz deconquistar a todos los hombres del mundo; luego la duerme y durante días trabaja con tinta decinabrio. Al despertar, enfebrecida, ella se revuelca de dolor en el piso, buscando el frío que lacalme. La tinta, mientras tanto, hace su faena y luego de un baño la geisha pide un espejo y vecómo los colores se fijan y una araña se abre en su espalda. El tatuador, su artífice, es suprimera víctima. Hay una vieja película, La mujer tatuada, también de un japonés, y… Perosupongo que a Pablo, el dueño del local, que me abre la puerta y me hace pasar, difícilmente leresulten interesantes estas disquisiciones. Es alto, su barba termina en una punta de chivo, esirremediablemente moderno: luce unas zapatillas coloridas importadas que parecen hechas de restos yque pueden costar como una cena para ocho en Tomo 1 (incluyendo vinos y postres), y en una de suspantorrillas flacas veo una calavera que se vuelve una guitarra que está envuelta en una especie dehalo de santo. La remera roja también exhibe una calavera, esta vez con un parche de pirata en elcuenco de uno de los ojos, y una inscripción particular: “Tatoo life, experienciaargentina”.

Pablo accede a dar la nota sólo si antes alguien lo autoriza. Habla por celular con su padre, alparecer, y quizá su padre hable con su abogada. Tiene la expresión tranquila del que no ha hechonada, o quizá puede hacer creer que su rostro refleja una inocencia que deberá ser probada. El diceque si hubiese hecho algo aún estaría detenido, dice estar todavía aterrado. Sabe perfectamente loque ocurre en las cárceles cuando un detenido ingresa a los pabellones y el guardiacárcel que loconduce grita ante los demás la causa de su encierro.

—Si te tocara –le digo–, no te salvarías ni tatuando nombres de esposasausentes a todos los internos.

—Lo sé y sé que no hice nada –dice–. Estoy muy tranquilo y por eso vengo yabro el local y por eso me dejaron salir enseguida. En la comisaría me trataron muy bien, medespedí dándole la mano a cada uno de los policías. Lo que no puedo perdonar es a los medios quevinieron y enseguida me acusaron de violador, sin ninguna prueba. Eso me crea un perjuicio personaly profesional, tengo diez años en este oficio, los medios no averiguaron nada antes deacusarme.

Másinformación en la edición impresa del diario Perfil

También en Perfil