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Misterio sobre los últimos días de Neustadt: aseguran que, siendo rico, vivió como un pobre

Su entorno señala a su última mujer, Adriana Díaz Pavicich. La increíble historia de maltrato físico y psicológico.

07-10-2026 | 04:39

Era una tarde triste y silenciosa. Hacía frío y el débil sol otoñal ya había comenzado aocultarse. Mientras los primeros oscuros nubarrones cubrían el cielo de la city porteña, la iglesiadel Colegio Champagnat (uno de los más tradicionales de Buenos Aires), anunciaba el inicio de lamisa. Una mujer esbelta, de largo cabello rubio, vistiendo un saco largo en blanco y negro, ygrandes gafas, se ubicó en uno de los primeros bancos de la izquierda de la nave central. No estabasola, una amiga la acompañaba. Con un rostro sereno, Adriana Díaz Pavicich (46), abogada, exprofesora de Lenguaje Radial en la Universidad Católica Argentina, y una apasionada del golf, lacuarta mujer de Bernardo Neustadt (luego de Josefina Nicolás, Any Costaguta y Claudia CorderoBiedma), presidía el homenaje a un año de la muerte de quien fuera su marido.

“En la luz, estás. En los actos generosos, estás. En los pensamientos correctos, estás. Enla sabiduría, estás. En la ternura, estás. Siempre presente. A un año de tu partida, tu esposa,amigos y familiares te recuerdan con infinito amor”, rezaba el recordatorio publicado en undiario argentino. A diferencia de aquella gris jornada de 2008, cuando lo enterraron en el Memorialde Pilar, no estuvieron Tomás (16) y Josefina (14), dos de los hijos de Adriana que en aquelmomento tanto lloraron al marido de su madre (su tercera hija, Felicitas, de viaje por Sudáfrica).En los bancos de la mitad de la iglesia, a la derecha de la nave central, sí estaba la fiel AnyCostaguta (con quien el periodista convivió durante 20 años), con su acostumbrado bajo perfil.Junto a ella, se ubicaron María del Carmen Cerruti y Jorge Zorreguieta, los padres de la princesaMáxima de Holanda. Entre ellos hubo un cordial intercambio de sonrisas y hasta se dieron las manosa la hora del saludo de la paz. Sin embargo, la división con los hoy herederos directos del periodista, resultó más quenotoria.

Entre los amigos y el entorno directo de Neustadt, en más de una oportunidad, se llegó amurmurar:“Una división digna de Montescos y Capuletos”. Clara manifestación de lasdiferencias que hoy se jugarían en el seno más íntimo y que llegarían a hablar de “lasterribles horas que Bernardo padeció en sus últimos días de vida y que podrían poner en duda eldesenlace final que tuvo”. La misa comenzó con la celebración de San Marcelino Champagnat, elsanto al que el colegio debe su nombre, y continuó con el recuerdo del periodista que había cursadoestudios en sus aulas. Adriana y Any jamás cruzaron miradas, aunque coincidieron en sus ojoscristalinos, cubiertos de lágrimas en varios pasajes de la ceremonia. Un constante y casisilencioso murmullo, fue el denominador común durante la misa. Al finalizar, no hubo saludos nidespedidas. El aniversario, en realidad, era el 7 de junio, precisamente el Día del Periodista. Ese domingo, la tumba de Neustadt amaneció conun gran ramo de rosas y un pequeño bouquet de otras flores. Pero no hubo visitas especiales, niformales recordatorios. “No me dejen solo...”, flotó a lo lejos, como si el frío vientoque soplaba por Pilar se hiciera eco de aquella sellada frase suya. Mientras los rumores semezclaban con la fría brisa invernal.

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