Del otro lado de la pantalla, Pablo Savoia sonríe con naturalidad. Lleva puesto el característico alzacuellos clerical, pero su tono está a kilómetros de distancia de la solemnidad tradicional. De fondo, una biblioteca apenas desenfocada asoma como el decorado perfecto para un hombre que pasa sus días traduciendo textos milenarios al lenguaje frenético de internet. Savoia es sacerdote de la Diócesis de San Martín, licenciado en Teología y técnico en Comunicación y Marketing Digital. Sin embargo, cuando se le menciona la palabra "influencer", frena en seco: “Ese título no me gusta mucho. Me suena a que estoy vendiendo un producto y nosotros no vendemos nada. El término que más me gusta es el de misionero digital”.
A sus 46 años, este cura se convirtió en una pieza clave de la estrategia comunicacional de la Conferencia Episcopal Argentina. Y la semana que transita no es una más en su calendario. El país está en plena cuenta regresiva para la histórica visita del papa León XIV, quien aterrizará en Buenos Aires este domingo 8 de noviembre para iniciar una intensa gira pastoral que incluirá paradas en Córdoba y Luján. El evento no solo moviliza a la política y a las fuerzas de seguridad, sino que plantea un desafío mayúsculo en el terreno virtual: será la primera vez en la historia que un Sumo Pontífice pise suelo argentino en la era de las redes sociales, los algoritmos y la hiperconectividad.
“Es una experiencia demasiado nueva. Imaginate que la última visita de un Papa fue hace 40 años, no había redes”, contextualiza Savoia en diálogo con PERFIL. Para hacer frente a este hito, la Iglesia no se quedará solo con la postal del papamóvil. Desde la comisión de comunicación del Episcopado organizaron una cobertura inédita: un streaming ininterrumpido de más de 50 horas que arrancará el domingo a las 14 y se extenderá hasta el miércoles por la tarde a través del canal oficial de YouTube. “Vamos a estar acompañando la transmisión con distintos misioneros digitales de todo el país. Es un lugar de encuentro, porque mucha gente no va a estar presente físicamente, pero la conectividad nos permite interactuar. Son los canales que hay que usar para que el mensaje llegue”, explica.
Su desembarco en este universo fue, según sus propias palabras, "a los tumbos". Todo empezó en plena pandemia, cuando el encierro vació las iglesias y lo empujó a buscar alternativas. Arrancó grabando un podcast llamado Parresía (que en griego significa "hablar con valentía"), armado rudimentariamente con un celular y pensado para adultos jóvenes de más de 30 años que estaban alejados o enojados con la fe. La repercusión le "explotó en la cara", lo obligó a migrar a Instagram para generar feedback y, finalmente, lo llevó a estudiar Marketing Digital para darle profesionalismo a su tarea. “Yo siento que me estoy metiendo en una cultura nueva, no física. Tengo que aprender el lenguaje y la dinámica. Tiene sus riesgos, pero para mí es apasionante”, confiesa.
El desafío de Savoia no es menor: debe lograr que el Evangelio sobreviva en un ecosistema dominado por TikTok, Instagram y las lógicas del engagement basado en la polémica. Lejos de prenderse en esa dinámica, su estrategia es "entrenar al algoritmo". “Yo voy por el lado de tocar cuestiones que tienen que ver con las preguntas que todos nos hacemos. Para no quedar encerrado en un nicho católico, trato de que mi contenido toque la fibra de búsquedas muy humanas: el sentido, lo que nos cansa, si la vida es esto y nada más. Conectar con eso y no generar conversación desde la pelea”, detalla con tono didáctico.
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El lado oscuro de las redes y el mercado de la fe
Esa postura de apertura choca inevitablemente con el lado más hostil de internet: el "hate". Savoia admite que al principio los ataques lo angustiaban al punto de llevar el tema a terapia y pensar en abandonar las redes. Hoy, la piel es más gruesa. Asegura que valora las críticas de sus conocidos, pero ignora los agravios anónimos. Irónicamente, el mayor ruido no suele venir de los ateos, sino del propio riñón religioso. “Yo tengo mucho hate de gente de la Iglesia. Como mi público objetivo es el que está buscando al margen de la institución, capaz que mi contenido al católico más ortodoxo le puede incomodar. Pero yo no borro nada, lo dejo ahí”, relata.
Lejos de aislarse, esa experiencia lo convirtió en un faro para otros pares que buscan incursionar en el ámbito virtual. A partir de los encuentros nacionales de evangelizadores digitales, muchos sacerdotes comenzaron a pedirle consejos sobre qué publicar o cómo lidiar con las críticas. “Yo no me considero un referente, soy un chabón más. Pero me mandan mensajes preguntando cómo responder a un agravio o qué cambiarían de un video. Está bueno abrir camino, en algún momento me voy a cansar y esto tiene que ser discipular”, reflexiona.
La necesidad de modernizar el mensaje responde a un mercado de la fe cada vez más fragmentado, donde el catolicismo compite frente a tendencias como la astrología, el mindfulness o las energías. Para el teólogo, esa multiplicidad de ofertas refleja una genuina inquietud en la sociedad, pero marca un límite claro: critica la moda de las espiritualidades centradas exclusivamente en el individuo. Frente al "sos vos con tu alma y te arreglás", reivindica la mirada comunitaria de la Iglesia, que pone el foco en el otro y en los factores sociales del sufrimiento, una perspectiva que define como estrictamente "contracultural".
El mensaje de León XIV y el efecto en las calles
Esa misma lectura social es la que espera que se desprenda de la inminente visita de León XIV, cuyo punto máximo será la misa del lunes 9 frente al Monumento de los Españoles en Palermo. “El Papa no viene a meterse en nuestras discusiones internas, está más allá de eso. Pero el Evangelio tiene consecuencias sociales y un mensaje de defensa de la dignidad de la persona, del trabajo y de los más pobres. León tiene un lenguaje muy accesible, lo demostró en su encíclica sobre inteligencia artificial. La gran tarea que tenemos nosotros ahora es saber comunicarlo”, anticipa.
El impacto del arribo papal ya trasciende las fronteras de las parroquias y se palpa en la calle. Savoia percibe una efervescencia inusual en las últimas semanas, un fenómeno que atraviesa incluso a quienes viven alejados de los sacramentos. A modo de ejemplo, cuenta que al ir a comprar comida para su gato a un comercio del barrio, el vendedor lo sorprendió con una confesión: aunque no pisa una iglesia, planea ir a escuchar al Sumo Pontífice porque le interesa lo que tiene para decir. "Noto un redescubrimiento de lo espiritual en adultos de 30 y pico o 40 años", afirma.
Apenas quedan un puñado de horas para que comience la transmisión maratónica que lo tendrá como protagonista en YouTube. Antes de desconectarse para seguir ajustando la logística oficial, ensaya una última definición sobre sí mismo, lejos de los algoritmos y los títulos académicos: “Soy un buscador que intenta creer. Cada vez que pienso en Jesús o leo el Evangelio, me parece que estoy a años luz de eso. Por eso siento que en esta nueva cultura hay mucho de Dios que se puede ofrecer con estos lenguajes”.
TC/MSS











