Te maté”, la leyenda en guaraní en los chalecos de la banda narco del paraguayo Mauro Guzmán, ubicada debajo de un cráneo con gorro y una hoja de marihuana, es más que el sello que identifica a la organización que operaba en los márgenes de La Matanza. “Ajuka” no es una advertencia, es un hecho: desde que los hombres de Guzmán pisaron el barrio “Fátima”, ubicado en González Catán, entre los barrios “Los Alamos” y “Nuestro Futuro”, se sucedieron los crímenes mafiosos.
Fuentes del caso indicaron a PERFIL que estos homicidios, cometidos hace dos años, fueron el síntoma de una guerra por el territorio que inició “Ajuka” –también interpretado como “asesino”–, atraído por un espacio estratégico y próspero para la venta de drogas. No se equivocaron.
En el allanamiento que desbarató la organización, solicitado por el fiscal especializado Marcos Borghi, a cargo de la investigación, la policía encontró un arsenal, 18 mil dosis de paco y marihuana en el interior de viviendas precarias donde residían y vendían los integrantes de la banda narco. No encontraron lujos ni vestigios de los millones que recaudaron.
Por esa razón, la investigación no está cerrada. Creen que “Ajuka” se desempeñaba como un administrador del territorio y que detrás de su figura fantasmagórica se encuentra el verdadero capo narco. Sospechan que el dinero de la comercialización de estupefacientes es enviada a Paraguay y, en ese país, volcada al circuito legal en la compra de campos y ganado. “Son los nuevos patrones”, indicó a este diario una fuente de la investigación que destaca que la maniobra es cada vez más común entre los grupos narco paraguayos y peruanos dedicados al narcomenudeo que operan en Argentina.
¿Por qué “Ajuka” eligió Fátima para establecerse? La organización, conformada por una célula proveniente de la villa 1-11-14, detectó que en el margen del río Matanza y las características del terreno de espesa vegetación donde se levantó el asentamiento, les daría una cobertura natural frente a la policía. A diferencia del barrio del Bajo Flores, Fátima no tiene edificaciones elevadas, razón por la cual los satélites de “Ajuka” se apostaban en árboles. Montículos de tierra, en lugar de carretillas con cemento y otros recursos, fueron suficientes para detener el paso de los patrulleros. Cuando la policía lograba atravesar los obstáculos, el escape rápido en barcazas o a nado por el río, bastaban.
Para golpear definitivamente a los narcos, fueron necesarios 200 hombres del Grupo Halcón, Caballería, Drogas Ilícitas, Infantería, un helicóptero y una canoa. “Se entregaron porque estaban rodeados”, detalló un investigador que destacó que, hace un año y medio, los narcos balearon con un fusil un móvil que patrullaba la zona. El efectivo que lo conducía fue baleado. La bala le destrozó el hombro. “Querían dejar en claro que no querían policías en la zona”, cerró la fuente.







