La política cordobesa tiene un calendario que corre más rápido que los acuerdos. A menos de seis meses de las elecciones provinciales, la oposición todavía discute quién encabeza un frente que no existe. En ese contexto, el video que difundió Rodrigo de Loredo junto a Mauricio Macri, con el DeLorean como escenografía, pide una lectura que vaya más allá de la imagen. Más que un paseo, fue una señal política con varios destinatarios.
El primero es La Libertad Avanza. En los despachos libertarios se interpreta que el radical quiso mostrar que no llega a la negociación con las manos vacías. El respaldo visible del líder del PRO le da proyección nacional y encarece cualquier intento de dejarlo afuera de un armado común. Es, en términos de poder, una forma de marcar la cancha antes de sentarse a discutir.
De Loredo paseó a Macri en el "DeLorean" y le pidió consejos para gobernar Córdoba
El segundo destinatario es el propio Macri, o mejor dicho, el espacio que representa. El ex presidente, que está terminando de levantar una casa en un barrio cerrado de Mendiolaza, mantiene a Córdoba en su radar. En su entorno repiten que ve a De Loredo como el dirigente mejor posicionado de la oposición. El video funciona entonces como una validación pública de un vínculo que hasta ahora circulaba en conversaciones reservadas, y reinstala al PRO como actor de peso en una provincia donde su presencia parecía diluida.
El tercer destinatario es el oficialismo. Durante el recorrido, Macri cuestionó la carga impositiva provincial y apuntó contra la gestión de EPEC y el costo de la energía, dos flancos que la oposición considera vulnerables en la administración de Martín Llaryora. Que esos temas aparezcan en un video de tono distendido no es un detalle: marcan el esquema de campaña que el deloredismo ya empieza a ensayar.
En el espacio del ex diputado reconocen que el acuerdo con los libertarios sigue en el horizonte, pero no lo presentan como la única salida. La premisa que circula entre sus colaboradores es que el armado actual excede a un apellido y que reúne a dirigentes independientes, partidos afines y fuerzas vecinalistas. Si ese acuerdo no llega en los términos que pretende, la candidatura por fuera deja de ser un amague y pasa a ser una opción concreta. Hay incluso una versión, sin confirmación pública, sobre el respaldo de gobernadores radicales como Gustavo Valdés y Alfredo Cornejo para reeditar una versión local de Juntos por el Cambio.
Ahí está el riesgo de la jugada. Una candidatura por fuera fragmentaría el voto opositor en una provincia donde el peronismo gobernante conserva competitividad, y a De Loredo le tocaría cargar con el costo de haber roto la unidad frente a un electorado que la reclama. Los libertarios, por su parte, saben que una derrota en Córdoba tendría lectura nacional para el Gobierno de Javier Milei, y esa es la palanca que el radical intenta usar. La amenaza solo funciona mientras resulte creíble, y ninguno de los dos lados parece dispuesto a ceder primero.
Mientras tanto, Llaryora observa sin necesidad de intervenir. Cada semana que la oposición dedica a discutir quién lidera es una semana que el oficialismo gana sin haber hecho nada. El video de De Loredo y Macri dejó claro que hay músculo, pero también que hay conflicto. Y en política, la unidad que no llega a tiempo suele ser la mejor noticia para quien está del otro lado.









