Modo Fontevecchia•Entrevista exclusiva de Jorge Fontevecchia

Michel Temer: "Sería ideal que Lula le conceda una amnistía a Bolsonaro, aunque no creo que lo haga"

Michel Temer apeló a la necesidad de construir consensos entre el Ejecutivo y el Congreso para superar la polarización en Brasil. Además, cuestionó el impacto fiscal de las promesas del gobierno electo y abogó por priorizar la integración comercial en la región sobre las diferencias ideológicas.

Michel Temer: "Sería ideal que Lula le conceda una amnistía a Bolsonaro, aunque no creo que lo haga"
Michel Temer: "Sería ideal que Lula le conceda una amnistía a Bolsonaro, aunque no creo que lo haga"
Hoy 12:54

En un momento clave para la política institucional de Brasil, el expresidente Michel Temer dialogó en exclusiva con Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190), sobre los desafíos de gobernabilidad, la urgencia de alcanzar una conciliación nacional tras las elecciones y la importancia de un Poder Ejecutivo que trabaje en sintonía con el Congreso. Con la experiencia de haber liderado la transición institucional tras el impeachment de 2016, el reconocido jurista y constitucionalista repasó las reformas de su gestión, analizó el panorama fiscal del país y propuso vías legislativas para destrabar la polarización actual.

Michel Temer es un reconocido abogado, constitucionalista, profesor y político brasileño, que ejerció como el 37º Presidente de la República Federativa de Brasil entre los años 2016 y 2019. Asumió la Jefatura de Estado de forma definitiva tras la destitución de la entonces Presidenta Dilma Rousseff, antes de dedicarse plenamente a la política legislativa. Se desempeñó como Procurador del Estado de São Paulo y Secretario de Seguridad Pública en dicha región. Además, ejerció como diputado con un rol clave en la Asamblea Nacional Constituyente que redactó la Constitución de Brasil en el año 1988.

Michel Temer, Jorge Fontevecchia lo saluda. Un placer y muito obrigado por estar con nosotros. Y nuestra primera pregunta es: após una disputa de extrema paridad en que Lula da Silva tuvo la reelección contra Flávio Bolsonaro, un país enfrenta nuevamente un desafío de pacificar su vida política. Como jurista, como expresidente que condujo la transición institucional após el impeachment de 2016, ¿qué balance hace usted de la madurez del sistema democrático brasileño y de sus instituciones para garantizar una continuidad del gobierno pacífico?

En primer lugar, muito obrigado por el convite para participar de esta conversación. Pero quiero decir que, en realidad, la democracia en Brasil está muy consolidada. No hay la menor posibilidad de alteración del sistema democrático. Tuvimos elecciones el último domingo. Las investigaciones revelaban que el candidato Flávio Bolsonaro sería el vencedor, pero se dio la victoria del presidente Lula, que fue reelecto. Y en este momento, yo, personalmente, he dicho y he hablado muchas veces en entrevistas —y aún hoy voy a divulgar una nota— diciendo que Brasil necesita de armonía, necesita de pacificación interna. Y no es posible alimentar odios y resentimientos. Al final, especialmente quien es victorioso sabe que va a gobernar para todos los brasileños. Por lo tanto, debe buscar una conciliación, especialmente trayendo al Poder Legislativo para gobernar con el Poder Ejecutivo. Y sabemos que aquí en Brasil, de igual manera que en Argentina y en varios países, usted es el presidente de la República, pero depende mucho del Poder Legislativo. Entonces, especialmente en nuestra Constitución, quien gobierna el país es el Ejecutivo más el Legislativo. Yo hasta he propuesto que el actual presidente reelecto convoque a una reunión de los poderes del Estado —Legislativo, Ejecutivo, Judicial—, llame a entidades de la sociedad civil y convide a la oposición para un gran movimiento de conciliación nacional. Es decir, un diálogo, una conversación de nivel nacional. Y más hacia adelante, cada uno tomará su camino. Pero en este momento siento que Brasil necesita un mensaje de conciliación, de tranquilidad, de armonía. Los señores vean que el día de ayer la Bolsa de Valores tuvo que paralizar sus actividades porque cayó enormemente el valor de las acciones de varias entidades financieras en el país. Entonces, digo yo, en conclusión, este movimiento de conciliación en el momento presente es de una importancia extraordinaria.

Presidente, durante su gestión al frente del Planalto, usted consiguió aprobar reformas clave por medio de la articulación de una amplia mayoría parlamentaria en el Congreso Nacional. Con un Poder Legislativo donde el Partido Liberal y el Centração conservan una presencia dominante, ¿de qué manera el Ejecutivo debe construir consensos sin desnaturalizar su programa de gobierno?

Yo pasé 24 años en la Cámara de Diputados y al mismo tiempo presidí esa Cámara en tres oportunidades. Porque cuando alguien llega al poder y piensa en la reelección, no se mueve en ciertos sectores, ya que esos sectores pueden generar votos desfavorables para una eventual reelección. Como no tenía esa preocupación, cuidé de hacer reformas en el país. Una de ellas, fundamental para el desarrollo nacional, fue la reforma trabalhista (laboral). Otra también fundamental para las cuentas públicas fue la reforma de la previsión social. Y más aún, bajo el ángulo fiscal, establecimos lo que se llama el teto (techo) para los gastos públicos. Este teto significaba lo siguiente: que a cada nuevo presupuesto del país solo podrías agregar la inflación del año anterior, y nada más que eso. Esto impedía las medidas populistas, las llamadas bondades electorales que el presidente de la República o el Parlamento quieran hacer, y dio una cierta tranquilidad económica para el país. No fue sin razón que redujimos los gastos, que estaban en 14,5%, a 6,5%. Redujimos la inflación, que estuvo en 10,6%, a 2,75%, y también recuperamos el Producto Interno Bruto, que era negativo en casi 6%, para un positivo de 1,8%. Y debo decir que todo esto lo hice en dos años y medio de gobierno. Evidentemente, con mucho diálogo con el Congreso Nacional y diálogo con la sociedad. Si no, no conseguiría hacer estas reformas que son verdaderos espejos para cualquier administrador.

Lula cumplió 81 años y mostró que no afloja con el gimnasio 

Como usted decía, su administración impulsó reformas estructurales fundamentales, como la del teto de gasto y la modernización laboral. Ante las demandas por mayor gasto social en el nuevo mandato del presidente Lula, ¿considera que el equilibrio fiscal y la seguridad jurídica serán resguardados o están en peligro?

Yo creo que el presidente reelecto tendrá un gran problema fiscal enfrente, creado por él mismo. Usted sabe que en estos últimos tiempos, un poco antes de la elección, él comprometió prácticamente 350 billones de dólares, que son promesas que tendrá que cumplir. Y esto tendrá un impacto en el presupuesto del año que viene y en los próximos presupuestos. Pero él fue reelecto, y creo que intentará hacer un cierto equilibrio para que estas cuentas no aumenten la deuda pública. En mi concepción, cuando se puede disminuir la deuda pública, se reduce el pago de gastos (intereses), y esa reducción es la que puede ir para la educación, la salud, etc. Primer punto. Segundo punto: es necesario, de hecho, atender las cuestiones sociales. Aquí tenemos un programa llamado Bolsa Família, que hoy está en torno a los 700 reales, más o menos (alrededor de 120 o 130 dólares). Es un valor razonable para aquellos más pobres y carentes. Pero, al mismo tiempo, es necesario que haya una puerta de salida. O sea, no se puede, a lo largo del tiempo, siempre hablar de este programa asistencial. Tiene que haber una puerta de salida que sería alimentar un cierto emprendedurismo de un lado y, de otro lado, promover la apertura de nuevos empleos. Cuando fui presidente, a través del Banco Social de Desarrollo, destinamos 5 millones de reales para pequeños créditos —para un peluquero, para una manicura—, para que pudiesen abrir su pequeño negocio y tuvieran una puerta de salida del sistema asistencialista.

Después el segundo turno polarizado entre el PT y el bolsonarismo, ¿cuál debería ser el papel de las fuerzas de centro para evitar los extremos y garantizar la estabilidad institucional?

Nuestra Constitución está toda enfocada en la idea de la solución pacífica de todos los conflictos. Tenemos innumerables dispositivos constitucionales que dicen que siempre debe buscarse una solución tranquilizadora y pacífica, tanto en las relaciones internas como en las internacionales. Lo que usted llama centro creo que estará atento a esta circunstancia. Ahora, con toda franqueza, tomo la libertad de decir algo que afirmo permanentemente en mis conferencias: tengo un cierto desprecio por los conceptos de derecha, izquierda y centro. Lo que interesa al pueblo es el resultado que el gobierno produce. Si le pregunto a alguien que está comiendo si es de derecha, izquierda o centro, me va a decir que quiere un pan. Si le pregunto a un desempleado, me dirá que quiere un empleo. Si le pregunto a un empresario, dirá que quiere un financiamiento razonable y no muchos tributos. Por tanto, siempre importa el resultado que el gobierno produce y no el rótulo que se le da. Los rótulos son siempre divisionistas: dividen a las personas y al país. Lo que se necesita hoy es una congregación de las varias tendencias. Habrá disputas ideológicas y de programas, pero lo que no puede haber son disputas de naturaleza personal, nombre contra nombre. Siempre pido que haya una disputa de programa contra programa, de proyecto contra proyecto Y ahí, con toda franqueza, los conceptor de izquierda y de derechano no puede prevalecer.

Lula da Silva fue electo presidente por cuarta vez 

El señor también habló de las relaciones internacionales. Cuando fue presidente mantuvo óptimas relaciones con el presidente de Argentina, que era Mauricio Macri. Hoy no tenemos embajador brasileño en Buenos Aires y viceversa, y el presidente argentino no reconoció aún el resultado de las elecciones. ¿Cómo cree que sería necesario encauzar las relaciones entre Brasil y Argentina?

Yo creo que tanto Argentina como Brasil deben procurar el diálogo y la conversación. Nosotros dos somos parte del Mercosur y tenemos que trabajar juntos; esta división de conceptos no es buena. Tuve muy buenas relaciones con Argentina por medio del presidente Mauricio Macri; estuve de visita allá como él estuvo aquí. Son cuestiones ideológicas las que dividen a los dos países, cuando en la actualidad lo que reúne a las naciones son las relaciones comerciales. Y tenemos relaciones comerciales muy fértiles con Argentina, no podemos perder eso. Espero que el presidente reelecto de Brasil y el presidente Milei de Argentina promuevan muy próximamente un diálogo bajo la idea del multilateralismo. En nuestra Constitución actual hay un dispositivo que dice: "Toda política pública brasileña llevará en cuenta una unión latinoamericana de naciones". En una ocasión, estando en Lima con el presidente Piñera y el presidente Peña Nieto de México, les planteé que ellos tenían la Alianza del Pacífico y nosotros el Mercosur, y que el ideal era una unión entre ambos bloques. Peña Nieto inmediatamente convocó una reunión en Puerto Vallarta donde firmamos un protocolo de unidad. Mi deseo es que en un cierto momento los países latinoamericanos se entiendan, formando un bloque único frente al mundo.

Presidente, hay noticias de que Flávio Bolsonaro habría viajado a la Argentina con su documento de identidad, y no con su pasaporte, con la intención de tomar un avión hacia Estados Unidos. Según esas versiones, hoy debía entregar su pasaporte. Hay informaciones contradictorias: el Gobierno argentino desmintió hoy que Flávio Bolsonaro hubiera ingresado al país y las autoridades migratorias brasileñas también desmintieron que hubiera salido de Brasil. Más allá de eso, y teniendo en cuenta su visión de la pacificación política, ¿cree que el presidente Lula debería conceder una amnistía a Jair Bolsonaro? ¿Debería otorgarle un indulto presidencial para contribuir a la pacificación del país? ¿Cómo considera que debería resolverse jurídicamente la situación de Jair Bolsonaro y Flávio Bolsonaro?

Entendía que el Congreso tendría dificultades para amnistiar a los llamados invasores de predios públicos, pero propuse una nueva dosificación de las penalidades. Un crimen llamado violencia contra el Estado democrático de derecho tiene una pena de cuatro a ocho años; si hubiera una nueva norma que dijera que la agresión al Estado es de uno a dos años, y la depredación del patrimonio público pasara también de uno a dos años, al ser una norma penal retroactiva a favor del imputado (réu), los condenados del 8 de enero y el propio expresidente podrían acudir al Supremo Tribunal Federal para solicitar su aplicación. Este sería un camino muy natural para que comiencen a salir de prisión. Ahora, si usted me pregunta si el presidente Lula concederá una amnistía, yo creo que no, lamento decirlo. El ideal sería la pacificación nacional como un gesto de grandeza extraordinaria, pero no creo que el actual gobierno vaya a promover espontáneamente una amnistía.

Michel Temer, muchas gracias por esta media hora de reportaje. No quiero quitarle más tiempo, quedamos muy agradecidos con usted y en contacto. Muchas gracias.

Estoy agradecido por su perfecta traducción de mis palabras. Muito obrigado.

MEG

También en Perfil