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jueves 14 noviembre, 2019

Gerardo Romano justificó la frase de Cordera sobre violación de mujeres

El actor participó del Ciclo de Entrevistas de los estudiantes de Periodismo de Perfil Educación. Dijo que fue malinterpretado. criticó a Brandoni y defendió a Alberto Fernández.

Charla con Gerardo Romano Perfil Educacion Foto: Sergio Piemonte

El actor Gerardo Romano participó del Ciclo de Entrevistas de la Escuela de Comunicación organizado por los alumnos de Periodismo de Perfil Educación.
 

—Hace unos días estuvo en el centro de la polémica por cuestionar el accionar de Thelma Fardín y dijo que era un "escrache" lo que le hizo a Juan Darthés. ¿Considera que la exposición pública del caso le quita peso a la denuncia?

—Lo que dije es que considero que cualquier denuncia mediática constituye un escrache. Después podemos ver si, jurídicamente, el tipo es culpable o no. Pero digamos que el escrache inaugura la posibilidad de que sin el debido proceso cualquier persona pueda acusar a otra, y solo basta una palabra dicha públicamente. El daño del escrache implica una arbitrariedad y una injusticia aunque a veces pueda ser justo. Y el caso concreto de Thelma Fardín fue un recorte que hicieron de algo que dije, como muchos otros con los que me encuentro a veces.

—Ahora que son más escuchadas las denuncias por acoso o violación. ¿Como actor usted toma algún recaudo al momento de trabajar?

—Siempre tengo resguardo, cuidado con mis palabras y con mis actos. Me siento una persona ética y jurídicamente responsable y también soy abogado, así que tengo el conocimiento de la ley y el deber de respetarla. No me pasó en ninguno de mis trabajos en particular pero sí, entiendo el recelo que hay, por esto que hablamos de los escraches y las denuncias. Transitamos épocas de grandes cambios y tendríamos que verlo como una gran revolución después de 2000 años de patriarcado. Y en los hechos revolucionarios hay un fragor que genera un cierto grado de torpezas, de injusticias o de casos no bien evaluados. Se dice: "Basta la palabra de una mujer". Porque sí. Pero, ¿y la de un hombre, no basta? Se hace una distinción de género que me hace ruido. Lo cierto es no creo que alcance la palabra de nadie para imputar o condenar a nadie por ningún hecho. Sí hace falta un debido proceso en donde todos tengan la posibilidad de defenderse, la posibilidad de acusar, la posibilidad de producir pruebas, y alguien que tenga la capacidad jurídica de poder evaluar todas esas pruebas. Y, con los requisitos del caso, poder establecer la imputabilidad o no de una persona respecto de un hecho. Pero que no tiene que ver con la torpeza personal de alguien al emitir sus juicios, sus actos o sus opiniones. Hay un caso bastante paradigmático que es el de Gustavo Cordera, que si bien yo no hubiera dicho lo que él dijo, creo entender lo que quiso decir. A veces, hay cierta manera de provocación de algunos provocadores que tiene una zona riesgosa en la cual se dice lo mismo pero se lo dice de un modo más provocativo y se cae en una equivocación.

En el 90% de los casos, el abusador es masculino, de la familia o una figura representativa

—¿A qué se refiere cuando dice que cree entender a Cordera?

—Él dijo: "Hay mujeres que necesitan ser violadas". Y yo creo que habla de una necesidad psicológica para llegar al orgasmo, pero no lo aclaró bien. Es más, las personas que tienen la libertad, la amplitud o el riesgo de establecer una relación sexual con vínculos fantasiosos, a lo que comúnmente se llama "los ratones", juegan a la mucama, el policía, la médica y a la violación. Desde mi punto de vista, creo que las fantasías sexuales abonan más en el terreno masculino que en el terreno femenino.

—Usted habla sobre el rol de la mujer o el rol del hombre en el juego sexual, pero una cosa es una relación consentida y otra cosa es que una mujer necesite ser violada. ¿No le parece?

—Hay relaciones consentidas y hay violaciones. Eso es así y tiene una relevancia jurídica. Yo hablo de la necesidad psicológica profunda de quien si no juega a que es violada no tiene un orgasmo. De eso me parece que es de lo que hablaba Cordera, por eso dijo "necesitan ser violadas". Pero la forma en que lo dijo confundió y parecía que estaba haciendo una exaltación de la violación. Esto mismo lo dije en un programa de televisión, creo que fue en Bendita, y luego Cordera me llamó para agradecerme, porque yo había dicho lo que él quería que se hubiera entendido.

—Hablando de otro tema, ¿cree que la prensa fue bastante benévola con este Gobierno?

—Lo inventó, lo prohijó, y (Mauricio) Macri nunca podía haber accedido al poder si no hubiera sido con este apoyo. En los países desarrollados está equilibrado el subibaja de las potencias mediáticas. Por ejemplo, los medios escritos no pueden tener cadena de televisión y eso tiene que ver con el manejo de la opinión pública. Pero acá eso no sucede porque se limpiaron el traste con la Ley de Medios. Los oligopolios mediáticos son claramente enemigos de la prensa libre. Lo noto, claramente, en la elección de los temas, y ya no solo en la orientación, la tendenciosidad y el sesgo de los periodistas, que se constituyen en mercenarios más que en periodistas

—¿Qué opinión le merece la posible creación de una Conadep del Periodismo?

—El problema está cuando se quiere desviar el foco de lo que se está discutiendo. Creo que lo que se plantea es que los periodistas ejerzan, como el médico ejerce hipocráticamente la medicina, honestamente. En el sentido excelso, heroico y bohemio  de su trabajo, con información objetiva, contando la verdad al consumidor de lo que él produce. Con esto quiero decir que tendría que haber Conadep de todo para todos. Me incluyo a mí, si en mi labor como actor digo una barbaridad o algo que no corresponde. Entender el sentido de responsabilizarnos por nuestros actos. Sobre todo por los actos en los que somos profesionales y debemos ser especialmente agudos, precisos y honestos. Yo no quiero un periodista que me cuente su verdad opinada, masticada sino que me informe con objetividad los hechos.

Comunicado de ADEPA: ¿Una "Conadep del periodismo"?

—Dijo que apoyaba al gobierno de Alberto Fernández pero que se convertiría en la oposición cuando asumiera. ¿Por qué?

—Es una cosa heroica de no recostarme en el poder. No hacer lo que hacen otros, por ejemplo, Luis Brondoni, que habla panaceas, disimula todos los defectos y exalta las pocas virtudes. Me parece que la función del artista es desnudar el poder. El poder prolongado en el tiempo aumenta y corrompe absolutamente.

—¿Qué opina sobre la hipótesis que sostienen algunos de que Cristina Fernández manejará como títeres a la nueva administración, incluyendo a Alberto Fernández?

A Alberto lo conozco y no lo veo como un títere de nadie. También podría pensarse que el gobierno de Macri es titiritero, no de sus subordinados sino de Trump, del Imperio, pero nadie habla de eso. No se puede opinar de un gobierno que todavía no asumió y que no sabemos cómo va a funcionar.

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—¿Tiene relación con Alberto Fernández?

—Nos conocimos una vez que coincidimos en una nota en C5N. Él escucho que yo hablaba bien de su persona, de su moderación, de su tono, porque era como actoral en su manera de hablar, la voz, toda una inflexión y una postura muy apropiada para el momento tan ríspido que estábamos viviendo los argentinos. Luego, me invitó a comer y se ofreció a llevarme en su auto, pero yo tenía mi taxi y nada para especular, así que me fui, pero me quede con una muy buena impresión. Después, cuando lo ungió Cristina y vi sus primeras apariciones me pareció un hombre providencial. Un maestro de derecho penal en una universidad pública, con la calma de haber llegado a los casi 60 años y tener llegada a cualquiera. Un político y no un hombre de negocios, que no se ha dedicado a la política porque solo quiere plata sino que tiene ética. No le ha llegado ninguna de las embestidas mediáticas y judiciales que han padecido los otros candidatos. Además, tiene como un curso teórico-práctico de política en el lugar donde más se aprende, como fue la jefatura de gabinete de un gobierno reformista. Si sos jefe de gabinete de un gobierno como el de Arturo Illia o de Raúl Alfonsin, que no se metieron con nada referente al armado socioeconómico de la sociedad, no vas a aprender mucho. Pero si salís con medidas como la reforma agraria o la 125, eso sí es arriesgado.

Florencia Coronel, Margarita Elías y Sergio Enríquez
(Estudiantes de Periodismo de la Escuela de Comunicación de Editorial Perfil)


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