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OPINIóN / Caso Ricardo Alberto Russo
jueves 30 mayo, 2019

En el 90% de los casos, el abusador es masculino, de la familia o una figura representativa

No hay sexo consensuado entre un adulto y un niño/a. Siempre el adulto es responsable.

Dra. Nora Leal Marchena*

Una joven denunció a su padre por abuso Foto: Pixabay
jueves 30 mayo, 2019

En el 90% de los casos el abusador es masculino y de la familia, pero es frecuente que se dé también en individuos que son figuras representativas como docentes, entrenadores, agentes de salud o cuidadores.

No hay sexo consensuado entre un adulto y un niño/a. Siempre el adulto es responsable.

Todas las relaciones humanas incluyen actos de imposición mutua, pero cuando la imposición implica violación del territorio corporal o psíquico de otro la relación se torna abusiva y/o violenta. El abuso implica una relación asimétrica, el abusador siempre tiene mayor poder sobre el que la recibe que está inerme.

Los niños son mucho más vulnerables. La situación es mucho más grave cuanto más pequeño es el niño/a, ya que es completamente indefenso, y se pone en riesgo su integridad física además de las secuelas psíquicas que quedan.

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La situación de abuso arrasa con el psiquismo de la víctima y muchas veces pierde la capacidad de reaccionar ante el mismo. El victimario pierde la sensibilidad, no puede ponerse en el lugar del otro y representar su sufrimiento. El abuso puede ser crónico, periódico u ocasional. Es mucho más grave cuando ocurre dentro de la familia y el abusador es quien debiera protegerlo.

Generalmente el abusador extorsiona a la víctima haciéndolo sentir culpable. Es muy frecuente que los abusadores tengan historia de haber padecido abuso infantil, (transmisión generacional). En otros casos tienen trastornos de personalidad, alcoholismo o drogadicción.

Y en el peor de los casos se trata de sádicos o perversos, en que el abuso o el maltrato representan un goce.  El sufrimiento de la víctima le produce placer.

El niño/a abusado está en vilo, al acecho de las miradas o gestos del victimario, no puede atender las necesidades de su mundo interno ya que está pendiente de no llamar la atención del otro.

Esto produce una situación de estrés crónico. El cortisol liberado durante el estrés crónico adelgaza las capas neuronales produciendo alteraciones neurobiológicas y psíquicas que producen una falla en la constitución de la subjetividad que impide el normal desarrollo psicosocial.

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Los síntomas que se presentan son más graves: 

Si el maltrato o abuso es ocasionado por quien debiera proteger ya que genera una sensación de indefensión y confusión, si es una situación secreta y prolongada, si la víctima ha quedado presa de la situación abusiva y no ha podido contarlo o si lo contó y no le creyeron.

Los síntomas descriptos incluyen:

Los más graves implican lesiones físicas y hasta la muerte. Los emocionales: disminución de la autoestima, depresión, pesadillas, ataques de pánico, trastornos de aprendizaje, aislamiento.

Y Conductas de externalización: Hiperactividad, agresión, resentimiento, tendencias antisociales, adicciones. Hiperexcitación sexual.

Y en el largo plazo tendencia a reproducir situaciones abusivas si no han podido ser elaboradas adecuadamente. Tanto en el lugar de víctima (más frecuente en mujeres) como en el de victimario ( más frecuente en hombres).

Prevención:

Es importante incluir la educación para la salud y la educación sexual en los niños/as adecuada a su edad y capacidad de comprensión.

Enseñarle lo que implica la intimidad, enseñarle a decir que no, a negarse a cualquier situación que les parezca que no quieren y poder confiar en los adultos responsables para contarles cualquier cosa que les pase.

* Médica psiquiatra y psiquiatra infantojuvenil. Miembro de APSA y de AAPI.


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