OCASO

A Adorni le llegó su penúltimo fin

Los últimos momentos del jefe de Gabinete en el poder: la certeza de la falta de apoyos y el rol de otros miembros del oficialismo.

Roja directa. Foto: Pablo Temes

Terminó de definir el texto de su renuncia durante la lánguida jornada del viernes, en la que se mantuvo prácticamente encerrado en su despacho, después de hablar con Karina Milei. Manuel Adorni abandonó la Casa Rosada y se fue a su departamento de Caballito, en el ocaso del atardecer. En el ocaso de su efímera carrera.

Alrededor de su oficina, los rumores y las reuniones adquirieron un ritmo frenético al amparo de definir quién ocuparía la Jefatura de Gabinete. Un movimiento inusual para un viernes a la noche en la Casa de Gobierno. Y menos aún ante la ausencia de Javier Milei, en vuelo de regreso desde España.

La hermanísima Karina, que extrañamente no acompañó al Presidente en su breve viaje a Madrid y canceló una visita prevista a Chubut, volvió a ser el epicentro del desfile de funcionarios. Fue acompañada por su anillo más cercano de colaboradores, liderados por Eduardo “Lule” Menem, uno de sus principales escuderos junto a su primo Martín, el presidente de la Cámara de Diputados que también estuvo varias horas en Balcarce 50.

Por allí pasaron dos ministros. El de Economía, Luis “Toto” Caputo, y el de Interior, Diego Santilli. Tal vez ello se vinculaba a que en ese momento sonaban como posibles sucesores el propio Santilli –número uno en la danza de nombres– y el canciller Pablo Quirno, hombre de Caputo que estaba junto a Milei en el Viejo Continente al igual que la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello.

En esas conversaciones se habló casi nada del pasado, poco del presente y mucho del futuro del Gobierno.

Sobre el pasado, apenas se blanqueó el certificado de defunción política de Adorni. En las semanas recientes, diferentes fuentes oficiales se habían encargado de hacer trascender que la secretaria general de la Presidencia le había “soltado la mano” al jefe de Gabinete. Solo lo sostenía el Presidente.

Las versiones fueron seguidas de hechos. Por más que los anunció formalmente Adorni en sus redes, no tuvo injerencia en las designaciones del vocero Adrián Ravier y del secretario de Prensa y Comunicación, Fabián Fernández, dos áreas que controlaba el “adornismo”. Ravier (que se presentó el viernes ante los periodistas acreditados sin permitir preguntas) y Fernández (que ya se mostró dos veces al lado de Karina) pasaron a ver al Adorni aislado en su despacho el último día hábil de la semana.

Estos sucesos dentro del Gobierno estuvieron en sintonía con lo que ocurría en los otros poderes del Estado respecto a la situación insostenible del funcionario, que continúa sin poder justificar su crecimiento patrimonial y de nivel de vida desde que asumió la función pública hace 30 meses. Ni el guion de los ahorros sin declarar resultan creíbles, apenas consagra su nivel de mitomanía.

El Gobierno debió apelar a todas las artes de la negociación política para evitar que el Congreso interpelara y abriera la puerta a la remoción del jefe de Gabinete esta misma semana. Se hubiera convertido en la primera moción de censura desde que esa figura se incorporó a la Constitución reformada en 1994.

En Diputados y sobre todo en el Senado el oficialismo corría serios riesgos de que los números para blindar la embestida opositora contra Adorni fueran insuficientes.

Por un lado, por la reticencia de las bancadas aliadas a LLA a “inmolarse” para defenderlo. Esas idas y vueltas sumieron por caso al PRO en un nuevo conflicto por el sonoro portazo de Esteban Bullrich al partido, al que acusó de proteger a Adorni. El propio Mauricio Macri debió salir a negar eso en un acto en Mar del Plata.

La resistencia aliada también había sido manifestada por los sucesivos gobernadores que visitaron estos días a Santilli. En teoría, las charlas estaban centradas en la reforma electoral que busca el Gobierno (sin PASO) y los problemas provinciales de financiamiento. El caso Adorni contamina toda la gestión Milei desde hace más de cien días.

También desde el propio oficialismo hubo reticencias a respaldar a Adorni a cualquier precio. Patricia Bullrich lo dijo en público y más fuerte aún en privado. Y fue la que advirtió que el Ejecutivo se arriesgaba a tener un resonante revés en la Cámara de Senadores. Fue una de las que eligió ausentarse de la reunión de legisladores violetas a la que convocó el todavía Jefe de Gabinete el pasado martes, después que éste la había descalificado con un posteo en el que ratificaba que se presentaría a dar su informe al Senado, lo que había sido descartado por Bullrich.

Desde el Poder Judicial tampoco llegaron buenas noticias. El Gobierno, a través de contactos informales, se había convencido de que el ritmo de las investigaciones del fiscal Gerardo Pollicita y del juez Ariel Lijo se habían desacelerado. Fue el propio Lijo el que hizo filtrar que llamaría a indagatoria –el paso previo a procesarlo– a Adorni antes de la feria de invierno. Quedan dos semanas. En Comodoro Py se asegura que esa citación quedaría para más adelante.

Ante la posible demora se entrega un argumento técnico. A pedido de Pollicita, la Dirección General de Asesoramiento Financiero en las Investigaciones (DAFI), que depende de la Procuración General, está abocada a una auditoría sobre las inconsistencias entre los ingresos y los gastos de Adorni y su esposa, Bettina Angeletti, tras la presentación de sus nuevas declaraciones juradas. El resultado de ese informe habilitará al fiscal a pedirle a Lijo que firme un requerimiento de justificación patrimonial al matrimonio Adorni. Recién después de esa presentación, y de su evaluación, se avanzaría con la convocatoria a Py.

Pese a esta dilación, desde esos tribunales federales volvieron a emanar nuevos detalles de gastos millonarios de Adorni, que no puede justificar con sus ingresos: fueron pagados con tarjetas de crédito a nombre de colaboradores suyos. De blanquería y sommiers a aparatos de videojuegos. Todo ello agravó el pésimo clima que ya había en el Gobierno con Adorni.

A ese aire viciado hizo una contribución decisiva el Presidente. En una entrevista en Madrid difundida el viernes por la mañana, por primera vez Milei admitió la posibilidad de echar a Adorni, si la Justicia lo hallara culpable: “Lo vuelo. Lo eyecto yo de una patada”. La defensa cerrada, por la que tantos e inútiles costos pagó el Gobierno, había llegado a su fin.

Difícilmente sea el último final para Adorni, que hizo de esa muletilla un desafío que se le vino en contra, como tantas de sus provocaciones. Ya sin protección ni destino político, acaso sea la Justicia la que se encargue de regalarle un cierre más definitivo. Aunque en Argentina nunca se sabe.