opinión

A un costado de la fama

Como veremos, habría que agregarle a esas profesiones la de amigo de Borges.

El logo de Editorial Perfil Foto: Cedoc Perfil

Antes de que empezara el Bafici que hoy termina, dos amigos me mandaron documentales dedicados a figuras de la cultura argentina que se exhibieron en el festival. Xul de Cristián Costantini se ocupa de Xul Solar, mientras que Lo Noy de Mario Varela trata sobre Fernando Noy. Ambos personajes tienen una particularidad: no es fácil encontrar la palabra exacta que defina la ocupación de cada uno. Seguramente Xul Solar (1887-1963) puede considerarse ante todo un artista plástico, pero la Wikipedia lo define como “pintor, escultor, escritor, músico, astrólogo, esoterista, inventor y lingüista”. Como veremos, habría que agregarle a esas profesiones la de amigo de Borges. Noy (1951-), según la misma fuente, no se queda atrás: es “poeta, performer, actor, cantante, escritor, dramaturgo, letrista, dibujante, intérprete y representante de artistas.” A él no le molestaría que se agregara a sus trabajos el de “puto”, en el sentido de haber sido un abanderado de la cultura queer porteña. 

Para seguir con el juego de las coincidencias, se podría argumentar que Xul y Noy fueron tanto marginales como marginados. En la película de Costantini, varios de los entrevistados coinciden en que Borges –tal cual ocurriera con Macedonio Fernández, cuya condición de escritor quedó oculta detrás de la de una especie de filósofo patafísico– fue culpable en parte de que el genio de Xul como pintor solo fuera reconocido después de su muerte por haberlo destacado solo como interlocutor, aunque sería un poco injusto pedirle a un ciego que se transformara en juez de las imágenes creadas por Xul. Y, por otra parte, son las palabras que la película registra de Borges las que mejor aluden a su condición de visionario cuya erudición e intereses asombran al espectador de un modo más amplio que la mera destreza artística. Es asombroso por ejemplo que Xul, además de construir un piano cromático, de inventar dos lenguas y un juego superador del ajedrez, fuera un aficionado a la política y a la guerra. Creo que la marginación de Xul se debe más bien al prodigioso rango de su inteligencia. 

Noy, a su vez, fue desde luego negado en una época de censura y persecución, pero el film de Varela se encarga de poner de manifiesto que fue un vanguardista del arte efímero y de lo espontáneo, que le restituyó a la palabra “gay” su sentido relacionado con la alegría. Noy hizo de una particular clase de simpatía y de sociabilidad una forma artística. 

Las dos películas tienen una forma, un procedimiento, acorde con sus sujetos: Xul se apoya en una elegancia hierática. Lo Noy lo hace en su fluidez, su espontánea nocturnidad y un gran aprovechamiento de la línea H del subterráneo (“el underground”). 

Pero acaso lo más interesante de que ambas películas sean parte de un mismo evento es que, en principio, los mundos de Xul y de Noy forman parte respectivamente de lo alto y lo bajo, de lo aristocrático y lo plebeyo (basta ver los auspicios de uno y otro film). Pero, sin embargo, se puede detectar una línea que conecta a ambos artistas, que pasa por Alejandra Pizarnik y lleva de Sur a Cemento, pero también del futurismo al carnaval de Bahía. Es como si, en el fondo, las élites de la cultura porteña estuvieran secretamente conectadas entre sí como corresponde a la inmutable vida de una gran aldea.