ArtPress, una narración propia, de Ezequiel Alemian (Ripio, Buenos Aires, marzo de 2026) es, entre varias otras cosas, un impecable mapa del arte contemporáneo en torno a los años 90 y principios de los 2000; como una etnografía artística del momento en que se cruza el fin de las posvanguardias, la globalización, una reformulación de la teoría estética (George Didi Huberman, Rosalind Krauss, etc.) y una sensación de arte estallado, de total eclecticismo.
Pero antes, comencemos por el comienzo: ArtPress es una revista francesa dedicada al arte que, pese a que todavía continúa saliendo, fue clave precisamente en lo que va de los 80 a los 2000. En un horizonte común con revistas estadounidenses como Flash Art o Artforum, sin embargo ArtPress, francesa al fin, siempre tuvo un toquecito más de intención intelectual, de búsqueda teórica. Sobre la base de ser una revista del mercado (porque eso son finalmente las revistas de arte), tuvo –y tiene– un especial interés en la crítica (incluso la pequeña sección de crítica de libros de literatura y ensayo, durante años a cargo de Jacques Henric, era buenísima) como también en la puesta en valor de artistas que, a priori, no están à la page (recuerdo un dossier dedicado a la poco conocida etapa realista de Picabia, notable). Alemian detecta esa vuelta de tuerca, y presenta un libro compuesto por dos partes o por un cruce entre registros. De un lado, un texto que da cuenta de la relación del narrador (tal vez un álter ego del autor) con la revista, más una descripción levemente objetivista de la publicación, y del otro, una amplia cantidad de artículos de ArtPress, seleccionados y traducidos por él mismo. En ese cruce resida la “narración propia” de Alemian: el propio libro se convierte en una intervención que, partiendo de lo autobiográfico, desemboca en lo teórico, una intervención entonces que se desplaza en un terreno heterogéneo, que desafía las clasificaciones. Es más que una antología de ArtPress, pero a la vez es algo diferente a una crónica personal sobre la lectura de la revista; es diferente a un establecimiento temático de un problema, pero tampoco es una elección arbitraria. ArtPress, una narración propia es en sí mismo un objeto estético.
Entre los más de cuarenta artículos traducidos, permítame, por gusto personal, reparar en uno: “Claude Cahun, no viajar sino a la proa de sí misma”, de Dominique Baqué (publicado originalmente en el número 206, octubre de 1995). Nacida como Lucy Schowb, hija de una familia judía de la alta burguesía, muerta en 1954, Cahun fue una de las fotógrafas surrealistas más originales, en especial por sus autorretratos marcados por la androginia y la ambivalencia sexual. Hoy muy conocida, pero casi ignota en su época y todavía en los 90, cuando se publicó la nota de ArtPress, ese artículo ayudó mucho a reponer su figura. Baqué la compara con Cindy Sherman, pero rápidamente la diferencia: “ahí donde Sherman se dedica a disolver, al modo posmoderno, la identidad subjetiva en una imagen colectiva hecha de reminiscencias cinematográficas alimentadas por gestos socialmente codificados, Claude Cahun, más próxima a un Pierre Molinier, no querría “viajar sino a la proa de sí misma”. Termino ya sin espacio para glosar una entrevista a Catherine David. Era una buena oportunidad para repensar la tensión entre progresismo y mercado.