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Acuérdate de María

El logo de Editorial Perfil Foto: Cedoc Perfil

Que en cuatro días se cumplan 112 años de su nacimiento y al mismo tiempo 24 de su muerte es una excusa pintoresca para recordarla o para abonar a que no caiga en el olvido. Desde que en redes se recomiendan novedades, un diferenciador es meterse con tópicos (Dios nos libre de la palabra contenido) fuera de agenda. Cualquier subterfugio para hablar de María Félix, la diva que atribuía el carácter fogoso a la ascendencia yaqui y el éxito a la autodisciplina. Su estela está hecha de homenajes rimbombantes y clamor popular. Sin ser uno de sus cuatro maridos ni figurar en su interminable lista de amantes, Diego Rivera le dedicó un cuadro diciendo: “A quien millones de gentes admiramos y amamos, pero a quien nadie querrá tanto como yo”, mientras que Jorge Negrete hizo algo parecido asociándola para siempre a la idolatría con su canción. 

“Tendría que ser exclusivamente con mis recuerdos, con mi sesera”, fue la condición impuesta al editor de Todas mis guerras, su autobiografía, en la que hay mucho de historia del cine y del mundo del espectáculo. Pero las excentricidades y polémicas que le valieron ser la más Doña de todas se ven mejor en su vida privada. “El perfume del incesto no lo tiene otro amor”, declara a propósito de uno de sus once hermanos, Pablo, de quien fue separada durante la adolescencia a instancias de la madre de ambos, porque parecían novios y no parientes. Más tarde y oficialmente Pablo se suicidó, pero la diva optó por la hipótesis del asesinato. También vio partir a su hijo Enrique Álvarez Félix, llevando el dolor a la antigua, como las madres del Siglo XIX para atrás, acostumbradas a perder descendencia. 

“Dejé de filmar cuando vi que no podía dar al público algo mejor de lo que había dado”, dijo, pero se mantuvo en el candelero con rutilantes apariciones de vejez, como cuando le dio un piquito a un joven Luis Miguel en medio de un concierto. A mi gusto, son indispensables las películas que rodó entre 1946 y 1948 con el Indio Fernández, Enamorada, Río Escondido y Maclovia, más French Can-Can, no tan lograda, pero soy incondicional de los Jeans Renoir y Gabin. Aunque cualquiera vale la pena, porque hasta en las malas, María es buena.