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Apenas

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Adorni. La actitud del Jefe de Gabinete también habla de política. | captura de pantalla

Ciertas frases nacen para ser olvidadas, y sin embargo, persisten como un eco incómodo, una astilla en la memoria pública que se niega a salir. “Apenas sos un periodista”, dijo Manuel Adorni, con esa mezcla de suficiencia y liviandad que suele acompañar a quienes creen que el poder es un estado natural y no una circunstancia pasajera, un accidente que tarde o temprano se corrige.

“Apenas”. La palabra es un abismo, pero también una coartada.

Porque en ese diminutivo moral, en ese intento de reducir al otro a una categoría menor, hay algo más que un exabrupto: hay una concepción del mundo. Una forma de ordenar jerarquías donde el que pregunta molesta, el que duda incomoda y el que insiste directamente está de más. El periodista, entonces, es tolerado mientras no ejerza del todo su oficio; es aceptable siempre y cuando no haga exactamente aquello para lo que existe.

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El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
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Pero la historia –esa acumulación de hechos que el poder suele preferir olvidar– insiste en otra versión.

Insiste en recordarnos que hubo periodistas que no fueron “apenas”, sino que fueron demasiado. Demasiado incómodos, demasiado insistentes, demasiado atentos a los detalles que nadie quería ver. Periodistas que escribieron sabiendo que escribir no era un acto inocente sino una forma de exponerse, una manera de colocarse en la línea de fuego. Algunos pagaron con la vida, otros con el exilio, muchos con el silencio impuesto.

Y sin embargo, incluso lejos de esas escenas extremas, incluso en la aparente normalidad de la vida democrática, el periodismo sigue siendo ese pequeño gesto de resistencia cotidiana: preguntar cuando no conviene, mirar donde no se debe, volver sobre una historia cuando todos ya la dieron por cerrada.

No hace falta ir demasiado lejos para encontrar ejemplos. Basta con observar el presente, ese territorio siempre movedizo donde las versiones oficiales suelen presentarse como relatos definitivos, prolijos, cerrados sobre sí mismos.

Y entonces aparece alguien –un periodista, apenas– que decide hacer lo que parece obvio, pero no lo es: verificar.

La escena es menor, casi doméstica en su escala. Un préstamo de 200 mil dólares, dos mujeres que supuestamente lo habrían concedido, una explicación que, en la superficie, alcanza. Podría haber quedado ahí, en el anecdotario ligero de la política, en esa zona donde todo se dice y nada se comprueba.

Pero no.

Un periodista de La Nación –Ignacio Grimaldi, uno de esos que todavía creen que la realidad existe más allá de las declaraciones– se toma el trabajo de seguir la pista. Llama, pregunta, insiste. Y entonces lo que parecía una historia cerrada empieza a abrirse como una grieta.

Las supuestas prestamistas no conocen al deudor. No hay vínculo, no hay recuerdo, no hay préstamo. La historia, de pronto, deja de sostenerse en los hechos y queda suspendida en el aire, sostenida apenas por la fragilidad de una versión.

No es el escándalo lo que importa. No es siquiera la posible irregularidad, que en este país suele perderse en la saturación de irregularidades mayores. Lo que importa es el gesto mínimo, casi invisible: el acto de no conformarse.

Porque ahí es donde la frase se vuelve insostenible.

¿Qué significa “apenas” cuando alguien decide no creer en la primera versión? ¿Qué significa “apenas” frente a quien se toma el trabajo de comprobar, de contrastar, de exponer lo que no encaja? ¿Qué hay de menor en ese acto que, en su modestia, sostiene una de las pocas formas de control que no dependen del propio poder?

Que incluso en su forma más silenciosa, más rutinaria, más invisible, sigue siendo una manera de decir que el relato no alcanza, que la palabra oficial no basta, que la realidad –esa cosa incómoda– todavía merece ser buscada.

Tal vez el problema no sea el periodismo.

Tal vez el problema sea, justamente, que no es apenas.

*Editor de Cultura del diario PERFIL.