COLUMNISTAS
Deuda en dólares y clima electoral

El mercado financia sólo a corto plazo mientras crece la incertidumbre política

La disparidad entre las tasas del Bonar 27 y el Bonar 28 expone las tensiones que atraviesa la estrategia financiera del Gobierno. Mientras el bono con vencimiento en 2027 logra captar dólares con relativa facilidad, el intento de extender plazos hacia 2028 enfrenta resistencia y costos crecientes. La reacción refleja un límite claro: la confianza no se proyecta más allá del actual mandato. En ese marco, el equipo económico apuesta a instrumentos de corto plazo para sostener el financiamiento, aun resignando margen en la construcción de una curva de deuda más estable.

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| Pablo Temes

El Bonar 27 paga una tasa de interés de corte del 5,12%. El Bonar 28, un 8,86%. Por el primero, el Gobierno ya colocó casi US$ 550 millones, de un total programado de unos US$ 2 mil millones. A este ritmo, probablemente para fines de mayo el objetivo esté prácticamente completado; y ese dinero se destinará al pago del vencimiento de los US$ 4.200 millones del segundo compromiso (el 9 de julio próximo) de los bonares y globales provenientes de la deuda reestructurada por el gobierno de Alberto Fernández en agosto de 2020, con Martín Guzmán como ministro de Economía.

Para la versión 2028, la idea oficial era conseguir un monto similar y destinarlo al pago de los mismos vencimientos, pero del 9 de enero y 9 de julio de 2027. Sin embargo, algo ocurrió en la licitación: la tasa resultó extremadamente alta y solo se colocaron unos U$S 34 millones, de los US$ 150 millones esperados por el Ministerio de Economía.

La diferencia entre una tasa de 5,12% y la del 8,86% es notable. Y una curiosidad financiera para una colocación con vencimiento a solo un año de distancia, ya que el primero se paga en octubre de 2027 y el segundo en el mismo mes, pero 12 meses después. Esos casi 3,7 puntos porcentuales de distancia se deben a un solo motivo: el riesgo político de un vencimiento que cae cuando aún Javier Milei sea presidente, completando su mandato, y un segundo cuyo cronograma implica una liquidación cuando su sucesor estaría completando su primer año de gestión.

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En definitiva, una foto de la realidad argentina: a sólo 12 meses de diferencia, la incertidumbre política sobre quién sucederá a Milei provoca un encarecimiento atroz en la tasa de interés del mismo tipo de deuda colocada en el mismo día en el sistema financiero local, con un instrumento –los nuevos bonares– con éxito comprobado en su primera versión de pago en octubre de 2027.

Tal es el grado de incertidumbre que reina en la Argentina financiera. A una distancia de 12 meses, un nivel de riesgo país no menor a 300 puntos. Dicho de otro modo, se confía en que Milei pagará sus cuentas, pero no en cuál será el signo político que lo suceda ni en su capacidad de cumplimiento.

Una razón más para entender por qué, en tiempos de guerras internacionales y tensiones locales, el riesgo país ronda los 600 puntos, cuando –según cálculos oficiales– debería ubicarse por debajo de los 300. Eso le permitiría a “Toto” Caputo un tránsito más cómodo hacia la colocación de deuda en los mercados internacionales, clave para afrontar vencimientos por unos US$ 21 mil millones el próximo año.

Sin embargo, la colocación del Bonar 28 mostró que ese camino está complicado. Y por una razón central: la economía sigue a la política. Cuando el panorama político se deteriora, una macroeconomía más ordenada no alcanza para compensar esa incertidumbre.

Se dice en el mercado que Caputo considera haber cumplido con casi todos los deberes. Sin embargo, la realidad pone en duda el riesgo de un año posterior al vencimiento del Bonar 27. En síntesis, los bonistas se muestran interesados en el bono que vence en el año electoral, pero no en uno que debe pagarse bajo una gestión futura incierta.

En términos políticos: no se sabe si será Milei quien pague o un sucesor con otra orientación ideológica. Ese es el verdadero riesgo argentino.

Los inversores –fondos, bancos y tenedores locales– exigen una tasa casi impagable para entrar al Bonar 28. En consecuencia, Caputo evalúa discontinuarlo y concentrarse en el bono 2027.

Allí aparece el Bonar 27: paga un 6% anual en dólares, con intereses mensuales y devolución total del capital en octubre de 2027. Tiene una duración aproximada de 20 meses y ofrece ingresos previsibles en dólares.

Se trata de un instrumento estable, con vencimiento en pleno calendario electoral, lo que refuerza la expectativa de cumplimiento. Es un bono de perfil conservador, con mercado acotado y baja volatilidad.

Aunque su rentabilidad es inferior a otros títulos (entre 7,5% y 9%), se estima que tendrá alta demanda por su corto plazo. Es una alternativa orientada a inversores que priorizan estabilidad y flujo de ingresos por sobre la especulación.

La apuesta oficial es captar parte de los US$ 43 mil millones en depósitos en dólares del sistema financiero. Son fondos que, aunque permanecen dentro del sistema, reaccionan con rapidez ante cualquier señal de incertidumbre política.

Hoy, esos dólares encuentran en el Bonar 27 una opción razonable: renta mensual, plazo corto y riesgo acotado. Pero no alcanzan para sostener confianza más allá de 2027.

Caputo lo sabe. Y apunta a la política como el principal obstáculo.