Peronismo

Crisis de paradigma

CFK presa. ¿Es posible pensar una alternativa?. Foto: Pablo Cuarterolo

Tras la megacrisis a la que nos condujo el gobierno nacional, que sobrevive mediante una secuencia aún indefinida de “rescates semestrales”, megacrisis que ya se expresa de manera contundente por cualquier indicador socioeconómico que se mida, junto a la nueva situación geopolítica de hegemonías en disputa abierta, está claro que en clave neoliberal tradicional ya no se puede pensar más. Pero, con Cristina Kirchner presa y proscripta: ¿es posible pensar una alternativa en clave peronista tradicional? 

Cuando Milton Friedman daba cuenta de la contundencia de las crisis para alterar paradigmas de pensamiento, estaba lejos de imaginar que su brillante percepción también sería aplicable para desmoronar todo lo dicho a partir de su propia cosmovisión económica y social que está en las bases del neoliberalismo planetario. Sostuvo entonces el economista estadounidense: “Solo una crisis –real o percibida– da lugar a un cambio verdadero. Cuando esa crisis tiene lugar, las acciones que se llevan a cabo dependen de las ideas que flotan en el ambiente. Creo que esa ha de ser nuestra función básica: desarrollar alternativas a las políticas existentes, para mantenerlas vivas y activas hasta que lo políticamente imposible se vuelva políticamente inevitable”.

Friedman tenía razón y la megacrisis sanitaria, económica y social inducida por el actual gobierno nacional ha sido el punto de quiebre para dar por iniciado un proceso inexorable que el filósofo Thomas Kuhn definiera como “crisis de paradigma”. 

En la visión de Kuhn se considerará a una anomalía particularmente grave si se advierte que afecta a los propios fundamentos de un paradigma y resiste cualquier intento de resolverla por parte de los miembros de la comunidad profesional hegemónica. También se considera que las anomalías son serias si incumben a alguna demanda o necesidad social apremiante.

Nos enfrentamos a problemas conceptuales inherentes al corpus doctrinal del neoliberalismo en este caso, más que a otros de índole metodológica y/o tecnológica.

Este podría ser el caso, por ejemplo, de la actual necesidad –sostenida además por la mayoría de la opinión pública– de disponer de presupuesto liberado, equilibrio fiscal y fuerte intervención estatal para garantizar la concentración del ingreso y el fortalecimiento de los grandes grupos económicos y financieros locales y transnacionales, desentendiéndose de resolver problemas acuciantes para la comunidad y que sujetos al paradigma socioeconómico neoliberal no tendrían solución adecuada vía intervención estatal.

Problemas conceptuales inherentes al corpus doctrinal del neoliberalismo en este caso, más que a otros de índole metodológica y/o tecnológica. Thomás Kuhn da prioridad entonces a las crisis conceptuales frente a las de otro orden. Lógicamente, la severidad de una anomalía conceptual también se encuentra relacionada con el tiempo trascurrido desde que se detectó, obligando a parte de la comunidad profesional hegemónica a intentar dar cuenta de ella, es decir, a eliminarla.

Con el transcurrir del tiempo, los intentos con vistas a resolver el problema o anomalía devienen gradualmente más radicales, debilitando progresivamente las reglas conceptuales y metodológicas establecidas por el paradigma en crisis, en este caso el neoliberal. Una vez que el paradigma ha sido debilitado y socavado tanto hasta que sus defensores pierden confianza en él, llega el momento de la revolución de paradigmas. La gravedad de la crisis aumenta cuando hace su aparición un paradigma rival.

La gravedad de la crisis aumenta cuando hace su aparición un paradigma rival.

Esto es exactamente lo que hoy aún no sucede con el paradigma de pensamiento neoliberal. Todo lo dicho y escrito sobre la organización económica y social sujeto a este vetusto paradigma ha sido abolido, tras la megacrisis, está claro que en clave neoliberal ya no se puede pensar más, sin embargo, una alternativa popular democrática no logra desplegarse.

Y esta circunstancia refiere obviamente a la crisis del peronismo, con su líder histórica proscripta y presa sin fundamentos “jurídicos” que justifiquen esta situación, que está muy claro, solo observa motivaciones geopolíticas, el peronismo es hoy un gigante invertebrado y miope, como lo señalara anticipatoriamente HYPERLINK “https://eltopoblindado.com/wp-content/uploads/2018/01/cooke-el-retorno-de-peron-un-analisis-revolucionario-parte-ii.pdf” \hJohn William Cooke en la década de los años sesenta (!).

Los bloques parlamentarios que se dicen peronistas –y a nuestro juicio efectivamente lo son– tienen un grado de autonomía notable. El Partido Justicialista nacional y los provinciales no logran trascender su condición de herramienta electoral, relativamente inútil para enfrentar la crisis, la CGT ha decidido transitar el camino de la ilusión jurídica de la política y ya no confronta en las calles o fábricas, querella y habilita el interrogante: ¿Qué vertebra la columna vertebral? Misterio.

Pero el síntoma tal vez más notable y espectacular de esta crisis de paradigma es que, como señalara Carlos Marx: “En el terreno llano, los montones de piedras parecen cerros, mídase la chatura de nuestra burguesía actual, por el calibre de sus grandes ingenios”. Es por este disloque político y conceptual que hoy, la pregunta que atraviesa al peronismo en el torbellino de su  crisis ya no es ¿quién conduce?, sino ¿quién no conduce?

*Director de Consultora Equis.