Opio y pueblo

Dinámica de lo impensado

Mientras el discurso presidencial se extrema y se repuebla de apelaciones sexuales, se acerca lo que el Gobierno espera como un recurso que apaciguará los ánimos políticos: el Mundial de fútbol.

‘Hacer Lío’. Foto: Pablo Temes

Mundial, la justa deportiva sin igual/mundial, un grito de entusiasmo universal/vibrar, soñar, luchar, triunfar/luciendo siempre sobre la ambición/y la ansiedad/temple y dignidad.

Marcha del Mundial 78, letra

“A vos no te va a pasar nada porque vivís en una burbuja”.

Javier Milei

“Así sueñan los hombres a las mujeres./Así nace el fascismo”.

Cristina Peri Rossi

“Andá payá, bobo”.

Lionel Messi

 

1. El Presidente se lo dijo hace poco a Esteban Trebucq y a Luis Majul. Según él, los argentinos sabían “que votaban a puteador”. ¿Lo sabían? ¿Lo sabíamos? ¿Sabíamos a quién votamos? ¿Qué votábamos? Las seis horas de un presidente verborrágico, descalificador, hablando en medios afines –llamaron Fidel Castro y Hugo Chávez  y dijo que era mucho– permiten formular la pregunta sobre qué votamos, qué se votó en el momento más caótico de la gestión del Frente de Todos en 2023. El Javier Milei de hoy, enojado e indiferente al sufrimiento de gran parte de la sociedad, está mucho más cerca de expresar no solo sus ideas, sino también su espíritu, aquello que representa y vino a representar. También cabe preguntarse si el hechizo no se está rompiendo: lo que parecía naturalizarse, luego de la ineficacia en cuanto al bienestar de la sociedad y del conocerse mucho sobre el nivel de vida de los funcionarios con mayor poder, empieza a resultar chocante. Los índices de popularidad del Presidente y la audiencia de los streamings parece ir en ese sentido.

2. Aun así, Javier Milei se aferra, como él mismo intentó explicar utilizando la Odisea, el texto homérico, a ciertas fórmulas: el insulto, la metáfora (¿metáfora?) sexual, el uso no riguroso de los datos, para elaborar una suerte de relato paralelo a la realidad que le permite desdecirse de lo dicho anteriormente. El ultra se transforma en pragmático y el anarcocapitalista en neofascista, así va armando un personaje en el que las referencias bíblicas se parecen muy poco a la Biblia (el judaísmo de Milei no se parece en nada al de los millones de judíos que viven en la Argentina). El resultado es un relato que en nada se parece a la realidad y en el que los datos son, como sucede en las óperas que tanto lo conmueven, un libreto.

3. Durante muchos años –hablando de libretos– fue mucho más importante el libretista de una ópera que el músico compositor. Hoy todos sabemos que Don Giovanni es de Mozart. Pero cuando se estrenó, quienes asistieron a la ópera, iban a ver la creación de Lorenzo Da Ponte, el que la escribió. Hoy, el presidente de los argentinos, parece una suerte de Mozart (o quizás de Salieri) de un libreto que llega de otra parte.

4. La evolución de la ultraderecha global se presenta como un proyecto político, filosófico y económico, impulsado desde lo más alto de la escala social llevado adelante por políticos disruptivos. Raros peinados nuevos, diría Charly García. Sin embargo, una vez en el poder, estos extremistas algunas veces moderan su discurso. Giorgia Meloni sería un ejemplo: su política tiene más dosis de negociación que la de Viktor Orbán o Donald Trump. Javier Milei, en este contexto, aporta una dosis propia. Y, en su aspecto agresivo, especialmente vinculado a lo sexual, es su aporte personal a esa causa.

5. Nos gobierna el presidente que habla de niños envaselinados, el que habla de “estar entre sus sábanas”, el que esta semana dijo: “No es a ver cómo me masturbo mejor con un modelo, es tengo que tomar decisiones en un mundo con una incertidumbre de la re puta madre”, tal como dijo el jueves en Neura. Más allá de la contradicción entre el héroe que se ata a un mástil para conocer más y el pragmático que cambia de plan, la referencia a lo sexual es un dato: hay una sociedad que votó eso. No es una cuestión de ideas: tampoco exactamente de formas. Se trata de un estado de cosas en la democracia que hace posible tales discursos.

6. Si el sexo aparece como ese fascinum que al mismo tiempo atrae y repele, en poco menos de un mes llega el Mundial de fútbol. A diferencia de Ulises que deseaba llegar a Ítaca en un viaje “pleno de aventuras y de conocimiento”, como diría el poeta Kavafis, aquí el Gobierno quiere llegar al Mundial como dé. Allí, otra forma de la pasión se desatará y es posible que mucho de lo ritual de toda la sociedad se exprese. La dialéctica entre la posibilidad del estallido social y el interés que suscita ver jugar a los dirigidos por Scaloni es más un salvavidas que un mástil para el Gobierno. El fútbol como religión social puede ser ese opio que adormezca el enojo.

7. En 1967, Dante Panzeri escribió un libro clásico del periodismo deportivo: Fútbol, dinámica de lo impensado. Esa dinámica de lo impensado (que no es el tema del libro de Panzeri, que rescata la individualidad creativa, no el caos) describe el momento actual de la gestión. Un viaje hacia un lugar incierto, en el medio de múltiples internas y desmanejos, velados por la agresividad y la metáfora soez. Está claro que el poder conlleva una erótica. Y que tal erótica puede ser heroica. Pero la distancia entre este conocimiento y lo que se propone hoy desde lo más alto del poder es la que va de la tragedia (de lo humano) a la farsa (de lo instrumental).

8. Nuevamente la pregunta sobre qué votamos es pertinente, antes de la nueva dosis de psicodelia colectiva que inaugurará el talento de Messi y sus compañeros. Si en algunos lugares se habla de un “ecofascismo” para describir la mirada sobre el terruño de algunos neonazis, aquí funciona como síntoma un “erofascismo”, que también ejerce un poder de atracción. Atrae hasta que repele, pero –los resultados electorales lo demuestran– atrae.

9. En 1988 Michel Foucault escribió una introdución al Anti-Edipo, de Gilles Deleuze y Felix Guattari, que se llamó “Una introducción a una vida no fascista”. Dice que “este arte de vivir contrario a todas las formas del fascismo (instaladas o por instalarse) se acompaña de cierto número de principios esenciales que, si yo tuviera que hacer de este gran libro un manual, o guía de la vida cotidiana, resumiría así”. El listado es interesante y vale la pena tomarse en cuenta. Tomemos dos de esos principios, el primero y el último: a) “Despoje la acción política de toda forma de paranoia unitaria y totalizante”. Y b) “No se enamore del poder”. 

10. Habría que pensar en términos políticos el célebre “elijo creer”, de Lionel Scaloni, formulado en pleno desarrollo de Qatar 2022.