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La centromanía vuelve

Hoy, salvo el presidente Javier Milei que asume los costos y beneficios de situarse en un polo de la polarización bicoalicional, el resto de casi todos los prematuros candidatos se amontona buscando el emblemático “centro político”. 

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Rodríguez Larreta. El caso más notable de este verdadero trastorno de adicción al centro. | cedoc

En su libro Conducción política, Juan Domingo Perón define en lenguaje de época a la llamada “opinión independiente” no como una postura genuina, sino como una forma de indiferencia o “estupidez política”.

• No es auténtica: Para Perón, los que se dicen independientes suelen ser aquellos que no tienen una posición definida (“ni un color ni otro”), comparándolos metafóricamente con algo sin aroma definido.

• No se puede captar: Perón advierte que intentar ganarse a la opinión independiente es un “grave error”, ya que son volátiles, estando “tres días con uno y tres días contra uno”.

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• No deben ser el objetivo: Sostiene que el conductor no debe interesarse en ellos y, en muchos casos, es mejor dejarlos al margen.

• Opositores vs. Independientes: Perón llega a considerar más respetables a los opositores definidos que a los “independientes”.

“La primera regla que yo cumplí fue: decir la verdad… Algunos dicen: hay que captarse la opinión independiente. Grave error. Esa no se capta nunca, porque está tres días con uno y tres días contra uno. Esa opinión es la que no debe interesar al que conduce. Algunos han perdido lo que tenían por ganarse la opinión independiente…”. (Juan D Perón: Conducción Política. Biblioteca del Congreso de la Nación)

Más acá en el tiempo y pese a que una mayoría de ciudadanos declara estar alrededor del centro, Gabriel Kessler y Gabriel Vommaro sostienen que la sociedad argentina vive un proceso de polarización creciente.

En sus análisis, particularmente en La era del hartazgo y estudios sobre polarización (Fundar, 2021-2025), los autores destacan que:

• Polarización Bicoalicional: La sociedad se organiza en torno a una estructura bicoalicional (Juntos por el Cambio - “polo individualista” / Frente de Todos - “polo igualitario”) que organiza las diferencias en posiciones distributivas.

• Brecha entre Autoubicación y Comportamiento: Aunque los encuestados se sitúen en el “centro” en encuestas generales, sus comportamientos y opiniones sobre temas sensibles muestran una fuerte división en torno a conflictos económico-distributivos y culturales-morales.

• Polarización Ideológico-Afectiva: Existe un alto nivel de polarización en sectores ideológicamente definidos, donde el adversario es visto como responsable de todos los problemas, a pesar de que el consenso democrático básico persiste.

En resumen, Kessler y Vommaro sostienen que el “centro” autodeclarado no impide que la sociedad argentina funcione con una intensa polarización política y emocional. (Kessler Gabriel, Vommaro Gabriel: La Era del Hartazgo. SXXI editores)

Sin embargo, la mayoría de los candidatos orientan sus campañas intentando atrapar al ciudadano independiente, ocupar el centro político y el centrismo parece ser el camino a seguir.

Esta verdadera “centromanía” surge –además de por la ideología del candidato– tras guiar la acción política (la electoral es una dimensión clave) en base a encuestas:

Se trata de un efecto de consultoría, sin base material, que aparece tras consumir encuestas como guía de la acción política y electoral

El caso más notable de este verdadero trastorno de adicción al centro y el sacrificio de la política en el altar de las encuestas fue el de Horacio Larreta, que al diluir las fronteras propias para intentar “darle sustancia” al centro político - por definición insustancial- , se quedó con un continente narrativo muy amplio, pero electoralmente vacío y fue duramente derrotado en la interna partidaria por Patricia Bullrich, candidata que asumió la polarización plenamente.

Otra víctima del centrismo fue Alberto Fernández que, bajo la visión despolarizante del “Volver mejores”, tomó distancia personal y programática de su mentora, Cristina Kirchner –el un liderazgo polarizador por excelencia– y terminó como empezó, sin electorado propio al que representar.

Hoy, salvo el presidente Javier Milei que asume los costos y beneficios de situarse en un polo de la polarización bicoalicional, el resto de casi todos los prematuros candidatos se amontona buscando el emblemático “centro político”.

Un error sistemático que no por conocido deja de ser reiterado llegando a extremos insólitos, como el del gobernador Axel Kicillof, que ha definido su construcción política y electoral, más que en afirmar una identidad basada en su gestión provincial, parece decidido a “correrse al centro”, con el módico recurso de tomar distancia de su mentora, Cristina Fernández.

Reitera así el ex ministro estrella de Cristina Fernández, el efecto centrista imaginario de Alberto Fernández. Y nunca segundas partes fueron buenas, mucho más cuando las primeras fueron horribles, estimados lectores de PERFIL.

*Director Consultora Equis.