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Diplomacia armamentista

Representantes. Cumbre de los líderes de la OTAN en Turquía. Foto: AFP

La cumbre de líderes de la OTAN en Turquía visibilizó que detrás de las fricciones diplomáticas, se consolida una realidad económica y estratégica: la industria armamentista de los Estados Unidos está logrando beneficios históricos gracias a las políticas de la Casa Blanca. 

Este encuentro puede ser descrito como una cumbre de dos caras.  La primera de ellas estuvo dominada por la figura de Donald Trump, quien acaparó la atención mediática, sumado a su sorpresiva decisión de lanzar nuevos ataques aéreos contra Irán. Además, el mandatario estadounidense no tuvo reparos en criticar la falta de lealtad de sus socios, en exigir un mayor gasto en defensa e insistir en su deseo de tomar Groenlandia. 

Sin embargo, detrás de este aparente caos y hostilidad, operó una segunda cumbre, mucho más silenciosa y pragmática. El objetivo central de esta transformación es que los países europeos asuman la responsabilidad de la defensa del continente. Al forzar a Europa a sostenerse militarmente, Estados Unidos queda liberado para enfocar sus recursos, su capacidad de disuasión y su poderío económico en contrarrestar el ascenso de China.

Para que los gobiernos europeos puedan justificar ante sus ciudadanos el masivo aumento del gasto público destinado a la guerra y el rearme, la amenaza de Rusia opera como un foco fundamental.

Esta estrategia argumentativa quedó plasmada en el Comunicado de la Cumbre de Ankara: “Para contrarrestar la amenaza a largo plazo que Rusia representa para la seguridad y estabilidad euroatlánticas, y la amenaza persistente del terrorismo, los Aliados están cumpliendo el compromiso de defensa de La Haya”.

De hecho, los aliados financian la gran mayoría de la asistencia de seguridad a Kiev, comprometiendo 70 mil millones de euros para 2026 en equipamiento militar y afirmando que mantendrán niveles equivalentes en 2027, respaldados también por préstamos de apoyo de la Unión Europea. 

Los números respaldan este esfuerzo por parte de Europa y Canadá. Según el informe anual de la Alianza, en 2025 el gasto conjunto de defensa superó los 1,4 billones de dólares, de los cuales los miembros europeos representaron alrededor del 40%. En la declaración oficial de Ankara, los aliados confirmaron este enorme salto cuantitativo al afirmar que, en 2025, los aliados europeos y Canadá aumentaron sus inversiones en requisitos básicos de defensa en más de 139 mil millones de dólares.

La Declaración continúa: “Hoy en Ankara, anunciamos más de 50 mil millones de dólares en nuevas adquisiciones y nos comprometemos a expandir la capacidad de fabricación colectiva y a trabajar con la industria para acelerar la innovación”.

En este sentido, la disparidad en la industria bélica es abrumadora. Según el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI), en 2024 las 100 mayores empresas armamentistas generaron 679 mil millones de dólares; de ese total, las empresas estadounidenses representaron 334 mil millones (casi la mitad), mientras que las europeas generaron 151 mil millones.

El Foro de la Industria de Defensa, realizado paralelamente a la cumbre de Ankara, sirvió como espacio para la articulación entre gobiernos y corporaciones. Las empresas cercanas a la Casa Blanca han asegurado su dominio a través de múltiples contratos y alianzas. Así, la declaración de Ankara promete:  “Continuaremos nuestro trabajo para eliminar las barreras comerciales de defensa entre los Aliados y aprovechar las asociaciones de la OTAN para maximizar la profundidad y cooperación industrial de defensa”.

Finalmente, a través de iniciativas como NATO Engine, se establece una red de fábricas en la Alianza que terminarán beneficiando al esquema estadounidense.

En conclusión, la OTAN ha mutado a una lógica altamente eficiente, en la cual el temor a Rusia garantiza que Europa eleve su presupuesto militar para sostener al complejo militar estadounidense. Todo esto asegura a Estados Unidos a reorganizar sus fuerzas para enfrentar a China en la verdadera batalla por la hegemonía global.

*Profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de Buenos Aires y la Universidad Austral.