El derrame que no llega
Comienza a verse que el discurso oficial choca con una paciencia que se agota, incluso entre sus votantes.
El gobierno de Javier MIlei deja atrás una semana turbulenta. Las internas en el oficialismo no cesan y ponen en aprietos al ministro de Economía Luis Caputo. Fuentes cercanas a Economía aseguran que el “mejor de la historia” ya tiró toda la carne al asador y que está preocupado –molesto– por los vaivenes políticos y la caída en las últimas encuestas. Es lógico, siendo él quien tiene que negociar con el establishment nacional e internacional de cara a una reactivación de la economía que no termina de producirse y, encima, está asediada por los bajos salarios y el recalentamiento de los precios.
Como en tiempos del macrismo, la célebre frase de “los brotes verdes” que nunca terminaron de germinar es una sombra que persigue al actual gobierno. Sin embargo, el ministro soltó una sentencia bastante pretenciosa para el panorama actual: palabras más, palabras menos, dijo que los próximos 18 meses serán los mejores de las últimas décadas para el país. Esta proyección optimista se basa en la estabilización macroeconómica, la confianza internacional en el presidente Milei y la llegada de inversiones, impulsadas por instrumentos como el Régimen de Incentivo para las Grandes Inversiones (RIGI). Sin embargo, las grandes inversiones hasta el momento están vinculadas a sectores puntuales como minería, energía renovable e infraestructura portuaria. Para que el derrame pueda alcanzar a la gente de a pie, sin dudas habrá que esperar. El problema es que la paciencia está comenzando a agotarse y que la mayoría de la gente, entre la que se cuentan votantes libertarios que apostaron a un cambio, ya no puede esperar. No se trata de una cuestión de deseos; cuando el bolsillo aprieta, la necesidad se impone sobre los cálculos de cualquier color político.
Así las cosas, la semana que mañana comienza no estará exenta de ruido político. El Presidente adelantó que acompañará al cuestionado Manuel Adorni en la presentación de su informe de gestión en la Cámara de Diputados el día miércoles. Más allá del apoyo a su jefe de Gabinete y amigo, en la Rosada fantasean con que su presencia sirva como muro de contención ante la andanada de críticas que recibirá de la oposición de todos los colores políticos. A nadie le importa lo que pueda decir en lo que respecta a la gestión, el foco estará puesto en su situación personal y en lo que pueda aclarar –u oscurecer el exvocero– de los otros escándalos que tienen al Gobierno de protagonista, como el caso $Libra. No nos engañemos, el escenario será testigo de una riña sin precedentes.
En el peronismo/kirchnerismo las cosas tampoco están para ilusionar a nadie. La pelea entre el gobernador Axel Kicillof y el sector ligado a Máximo Kirchner y La Cámpora continúa su escalada. La Cámara de Casación confirmó el pasado viernes el decomiso de los bienes de la expresidenta, de sus hijos y del empresario Lázaro Báez, para comenzar a cubrir los casi $ 685 mil millones por los que deben responder los condenados en la causa Vialidad. Se trata de una medida restitutiva para todos los argentinos que no tienen antecedentes. Más allá de la condena formal, devolver lo robado es indispensable para que la justicia sea completa.
Es imposible no analizar en esta columna la decisión de Javier Milei de no permitir a los periodistas acreditados ingresar a la Casa de Gobierno para cumplir sus tareas profesionales. Para poner en dimensión este hecho nunca visto –la única vez que ocurrió un cierre similar fue un día durante la pandemia– hay que recordar el tristemente célebre eslogan “No odiamos lo suficiente a los periodistas”, utilizado frecuentemente por el Presidente y sus acólitos. Escuchar a Milei fomentar el odio estremece.
Quienes supieron fomentarlo fueron los Kirchner. Tanto Néstor cuanto Cristina.
La memoria nos traer al presente la miríada de episodios en los cuales ambos tuvieron expresiones de desprecio y acciones de acoso hacia quienes pensaban distinto y los criticaban. En ese marco, la intimidación fue un instrumento utilizado intensamente contra los periodistas por todos los medios del Estado puestos a disposición del matrimonio presidencial. Ese vilipendio bajó a la calle, que se volvió insegura para muchos de los que sufrimos aquel embate que dio pie, entre otras cosas, a “juicios populares” llevados a cabo en plena Plaza de Mayo y encabezados por Hebe de Bonafini con total beneplácito de la expresidenta, hoy cumpliendo pena de prisión.
Según la definición dada por el mismísimo Javier Milei, los cimientos de la filosofía del “liberal-libertario”, que se basan en el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo, son: la defensa absoluta de la vida, la libertad y la propiedad privada, fundamentados en el principio de no agresión (PNA) y un mercado libre sin intervención estatal.
Por lo que se aprecia en la vida diaria, el Presidente parece haber olvidado poner en práctica el principio de no agresión (PNA). Los periodistas no somos los únicos en sufrir las consecuencias de la falta de observancia de este postulado.
Los hermanos Milei muestran experimentar los rasgos más severos de la enfermedad del poder. Uno de ellos es la intolerancia a la crítica externa e interna.
El ataque al periodismo es propio de conductas antidemocráticas. La repetición de estos hechos es producto del rol clave que juega el periodismo en este momento del país ydel mundo. Los hechos más relevantes de corrupción de la Argentina de los últimos tiempos han sido revelados por la prensa y no por la Justicia. Una breve enumeración nos lleva a los “cuadernos de Centeno”, la causa Vialidad, los Panamá Papers, el caso $Libra, el caso Adorni, el caso de las irregularidades con el dólar durante el tiempo del cepo en el gobierno de Alberto Fernández, Sergio Massa y CFK, la campaña de desprestigio contra Milei por supuestos agentes rusos y un largo etcétera.
Como ya se ha repetido muchas veces en esta columna, “el periodismo es un instrumento esencial para hacer a las sociedades más honestas y democráticas”. Esto es lo que les molesta a Javier Milei y a su hermana.
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