El deseo de cambio desafía a Milei
Contentos y esperanzados hay muy pocos. No más del 20% opina que las cosas han mejorado.
Terminado el Mundial, se cumplió lo que intuíamos. Luego del entusiasmo que despertó el comportamiento deportivo y grupal de la selección, se volvió a la realidad de la vida cotidiana. Si antes el ánimo social se dividía casi por partes iguales entre los enojados y los deprimidos, hoy hay más deprimidos que enojados. No es porque la selección no haya sido campeona, sino, básicamente, porque cuesta cada día más llegar a fin de mes y hay que ser creativos para poder hacerlo. Hoy solo un 25% no tiene problemas, el resto de la población cambia hábitos de compra y/o se endeuda.
Contentos y esperanzados hay muy pocos. No más del 20% opina que las cosas han mejorado con Milei. Así como tenemos una economía que va a dos velocidades, lo mismo sucede con los actores sociales. No es novedad que históricamente el sector alto y medio alto siempre tuvo ahorros suficientes, aunque no le esté yendo demasiado bien en la coyuntura. El problema lo tiene el resto. Que los unifique la frustración no implica que vayan a ir detrás de la misma bandera política. Porque aunque coincidan en la frustración, tampoco tienen la misma visión de por qué se llegó hasta acá, ni cuáles son los caminos de salida.
Hay una fuerte demanda de cambio, pero los caminos de ese cambio no están claros.
Hay hitos que están presentes en la conciencia colectiva y que marcan esa vivencia. Uno de ellos es la crisis de 2001: los más adultos recuerdan ese momento de zozobra en lo económico y lo institucional. Muchos están asociando aquel momento con este. El otro hito, más ligado al presente, y a la generación menor a 40 años es lo sucedido durante el covid: el encierro, la muerte de familiares, el aislamiento, la fiesta de Olivos, el incremento de la inflación. Milei no es fruto de una casualidad, sino producto de crisis no resueltas por la dirigencia.
Hoy hay una fuerte demanda de cambio, pero los caminos de ese cambio no están claros. Todo depende de desde dónde se piensan las cosas, porque la ideología existencial existe como un elemento central. No estamos hablando de ideología en sentido filosófico, sino de cómo cada uno piensa su vida cotidiana y percibe su futuro. El sentido individualista de la vida en donde el Estado deber ser mínimo porque lo que importa es el esfuerzo personal no es una concepción que nació con Milei, es previa a él. La diferencia con lo que intentan expresar la batalla cultural libertaria es que ese individualismo siempre le pidió y le sigue pidiendo al Estado que funcione como garante del hábitat para poder desarrollarse. Seguridad, Justicia, Educación, Salud. La otra concepción que concibe a que el esfuerzo personal dará frutos en tanto las condiciones sociales lo permitan le demanda al Estado un rol mas protagónico o que tengan funciones protectivas generando las condiciones para la inserción del individuo en la sociedad. Pero hay un tercer actor que ya ni siquiera entra en esta dicotomía: con la crisis social tenemos también un sector arrojado a la informalidad más absoluta en donde ya han perdido toda esperanza en que el Estado cumpla algún rol en su vida. Son los que no pueden pensar mas que en sobrevivir.
Y aquí hay un elemento importante. El futuro. La diferencia es que para algunos el futuro aparece como una oportunidad de progreso y creen que el ajuste económico mileísta aunque lo sufran se lo posibilitara, para otros el actual modelo es un impedimento no solo para el ascenso social sino para no caer hacia la pobreza. Este hoy es un sector mayoritario para los cuales la Argentina de Milei les promete estancamiento, angustia y frustración. Estamos entonces en una situación dilemática. Si no hubiera deseo de cambio, la oposición no podría pensar en ganar las elecciones. El problema es que ese deseo de cambio no encuentra al sujeto político que canalice el cambio demandado. El Gobierno teme una segunda vuelta. El peronismo no decide como saldar su interna ni logra la emergencia de nuevos liderazgos. Quienes no están ni con unos ni con otros carecen de referentes.
* Consultor y analista político.
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