Washington y la interna libertaria

El “hermano americano” de Milei: lobby, poder y guerra fría en la Rosada

El viaje de Santiago Caputo a los Estados Unidos reavivó las tensiones con la hermana Karina y expuso su creciente influencia en la relación bilateral. Negocios estratégicos y disputas de poder.

Santiago ‘Astroboy’ Caputo. Foto: Pablo Temes

Pregunta: ¿qué fue a hacer Santiago Caputo y algún colaborador de su equipo esta semana a los Estados Unidos, a una reunión en la Casa Blanca, entre otras? Una misión en la que mostró rostro y corbata contra sus costumbres, de la cual hubo información pintoresca, poco asertiva y con las características misteriosas del mago del Kremlin. Sobre todo para alguien que carece de firma, de representación jerárquica y compromiso gubernamental. ¿Invitado o enviado? Tal vez la oposición se interrogue al respecto. Justificaciones: varias, ninguna firme, rebote especulativo en los medios copiándose unos a otros. Hasta se llegó a sostener que viajaba para asesorar, en la Casa Blanca, sobre cómo Trump debía encarar los comicios de noviembre con el electorado latino, aportando su expertise por haber llevado a Javier Milei a la Presidencia. Graciosos los muchachos. Demasiado cándidos para sugerir que el círculo áulico del presidente de USA convocara a un amigo de la derecha argentina para intentar corregir el resultado de las encuestas en su país.

Pero Santiago salió de la nevera justo cuando había bajado de peso y titubeaba como influyente por la designación de Sebastián Pareja al frente de la Comisión de Inteligencia de Diputados, hombre de su malquerida Karina dispuesto a revisar –con otros legisladores del grupo oficialista– la contabilidad secreta del titular de la SIDE, Cristian Auguadra, escribano de la familia Caputo que llegó al cargo porque otro elegido faltó a la cita. Parece una desmesura de Caputo inquietarse por el ascenso de Pareja: es histórico que esa comisión legislativa se ha especializado en vendarse los ojos, nunca encontró errores o anomalías en la administración de Inteligencia, a pesar del brutal presupuesto y las más brutales acciones cometidas, de las cuales no quedan registros después de un par de años.

Lo del bonaerense Pareja igual fue un misilazo para el Caputo joven, ávido por escriturar mayor territorialidad en el Gobierno y temeroso de que le discutan contabilidades: un pulpo en materia de cajas. Además, le cuesta un dolor testicular grado ocho perder un round con la hermana presidencial, quien también vive enceguecida por la seducción que ejerce el asesor sobre su pariente Javier. Compartida singularidad: ella no entiende la mimesis intelectual entre los dos hombres, y Santiago no comprende la contención sentimental con la que ella nutre al mandatario. Ambos disidentes pierden en la porfía: el asesor rechaza esa filiación parental de Karina –hasta ahora más efectiva que la de él en materia de votos– y ella no acepta la adopción de un hermano postizo en el secretismo de Olivos. La imposición de un “hermano americano” en la familia.

A pesar del repliegue, Santiago Caputo cree que no perdió

Porque Santiago, en su viaje, revela lo que ella no puede hacer: ser citado por el Departamento de Estado, proceder en ese instituto como un canciller, mezclarse con las segundas líneas del gobierno republicano, visitar a algún renombrado del organismo (caso Landau), acceder a cierta nómina de los servicios de inteligencia y del poder gracias a las gestiones de Leonardo Scaturice, ese calvo empresario de Lanús que construyó una sorprendente fortuna en los Estados Unidos, merodea o engrasa a las organizaciones conservadoras como la CPAC, que dispone de más de treinta compañías –en la Argentina encabeza Flybondi y OCA–, al que los argentinos deben agradecerle por sus tareas de cercanía con Scott Bessent para salvar a Milei del diluvio comprando pesos asombrosamente el año pasado y, tal vez, estimulando más tarde, por distinción de Trump, a que naufragara el sospechoso juicio por YPF que le hubiera costado al país unos 16 mil millones de dólares. Habrá que reconocerle al capítulo cubano de Miami esos servicios, también encarnados por Marcos Rubio, a pesar de que la cultura local considera “engusanados” –calificación de Fidel Castro– a esa colectividad que invadió los Estados Unidos desde los 60 sin disparar un solo tiro.

A partir de esas relaciones y de lo que el gobierno Trump podría realizar contra la exhausta administración de la isla en los próximos días –también una de las razones por las que podría haber sido citado a Washington–, se explica la continuidad del “hermano americano” en la intimidad de la Casa Rosada, a pesar de sus enfrentamientos groseros con la hermana presidencial. Bajo ese rol se permite afirmar o hacer trascender, en apenas 48 horas de convocatoria, los repetidos mensajes de USA, intereses a proteger desde la Casa Rosada por razones de amistad compartida.

Caputo se puede montar a esa empresa haciendo decir, de la boca del caballo, que la Casa Blanca prioriza que la Argentina levante un muro comercial con China, que se obligue a no conceder tierras raras para la explotación oriental, a consagrar finalmente la ley de patentes medicinales que se arrastra en la política desde los tiempos en que fue tumbado Arturo Illia –se conjetura que fue la causa del golpe militar de 1966–. Ni siquiera alcanzó a legitimizar Carlos Menem ese proyecto, hubiera o no relaciones carnales. También se transmite, por mentas, que los chinos no deben instalarse en un puerto en el sur y, por supuesto, impedir la habilitación del 5G que facilitaría el ingreso de la oriental Huawei al universo telefónico junto al Grupo Clarín y quedarse con el mercado de las comunicaciones. Esa exigencia es un energizante para Milei en su desatada pugna con lo que alguna vez fue un diario dominante y hoy es un megamillonario multirubro de comunicaciones, con el que Caputo no se niega a conversar. Al revés de Milei.

Quién es quién en la Familia Caputo, siempre vinculada a la política

Por si no alcanzara esta difusión de intereses, el privilegiado asesor viajero ha devenido en una suerte de lobbysta para las empresas libertarias del Norte. Al “hermano americano”, por ejemplo, se le atribuye suspender la concesión de la Hidrovía a la empresa belga Jan de Nul porque se asoció con parte de la familia Román, que alguna vez hizo negocios con colegas de Beijing y, en particular, viajaba para comprar imitaciones de marcas, relojes, palos de golf o carteras. Más interesante hubiera sido meter el hocico en la plata acumulada por ese grupo portuario en tiempos del proceso militar, en su vínculo con la Armada piloteada por Emilio Massera, que participaba en emprendimientos de distinta índole. Cierta o no la versión, hace pocas horas un fiscal se dispuso a frenar la concesión a Jan de Nul, ganadora de la porfía por la Hidrovía.

“Mirá los amigos que tengo”, pareció decir Caputo a su rival Karina apenas aterrizó hace 72 horas. Una advertencia por si lo atacan, integrándose a su tío Toto con el perfumado aire de Washington que esta semana lograra la renovación de un crédito del FMI. Caminan por andariveles distintos, pero la hermana de Santiago atiende como secretaria del ministro. Más allá de citaciones obligadas o invitaciones amañadas, la jugada de Caputo parece una consolidación en el country de la Rosada: le permite exhibir poder interno suscripto desde el exterior. A pesar de que tuvo que correr el telón, mostrarse, aparecer y mandar a decir.

Ya no es más aquel padre de familia que aspiraba a estar un tiempo en el gobierno y luego escaparse al medio oeste de los Estados Unidos, a vivir en los bosques. Cazando, quizás. Ahora asumió otro compromiso más ambicioso: será “nuestro hombre en Buenos Aires” para los vecinos del Norte y conocido en el Sur como el “hermano americano” de Milei, un lobista que también aceita negocios en los que aparece siempre acompañado por los hermanos Neuss, muchachos del country Martindale que se han involucrado en operaciones preferenciales con el Estado. Favoritos del poder, compañeros de colegio de Santiago.

Pero otro es el club de campo que ste domingo tocará diana: Tortugas. De allí proviene el romance del año, la nueva novia de Mauricio Macri –allí, al menos, hace más de cuarenta años que viven sus padres–, curiosamente el mismo lugar de donde provenía su última esposa, Juliana. La llegada al corazón del ingeniero por parte de Dolores Teuly parece haber desprogramado o reseteado su conducta política: ahora se muestra más vigoroso. Martindale, esta semana, será postergado en los títulos por Tortugas, donde encontró el amor Mauricio Macri –de allí también era su anterior esposa, Juliana Awada–, un vigorizante para su actividad política: ahora está más arrojado, se deleita con recorrer provincias antes del Mundial, trabajar como alto dirigente del PRO y aceptar que puede ser candidato presidencial en un desafío a Milei.

El amor todo lo puede, aunque Mauricio dice “nos estamos conociendo” o “somos simplemente amigos”, frases que leyó en su formación científica del pasado en Radiolandia. Aporta leña al fuego Fernando de Andreis, mano derecha y proveedor de relaciones, amigo del hermano de la señora conquistada, a quien el PRO llevó a Protocolo de la Casa Rosada durante el mandato de Macri y mantuvo su colocación durante Alberto Fernández sin que nadie la mencionara en el círculo de los festejantes de la casa. Alboroto por el idilio: al menos alguien se quiere en la Argentina.